En un momento en que la economía mundial está realmente al borde de la recesión, el mayor nivel de incertidumbre está en la eurozona.
En forma esquemática, EEUU necesita un dólar débil para impulsar sus exportaciones y así fogonear el Producto Bruto Interno y el empleo (9,1%). Pero esa perspectiva está condicionada a que la Unión Europea evite la caída por el tobogán. Un desarreglo mayúsculo significaría el vuelo de inversores hacia el dólar, el peor escenario para todos.
En el viejo continente hay un grupo de países –Grecia, España, Italia, Portugal e Irlanda– con elevado déficit y riesgo de insolvencia. Además se registra un preocupante nivel de crecimiento a nivel general: 0,2% en el segundo trimestre. Las medidas de austeridad en la UE han complicado el despegue de las economías.
El asunto medular es que los mercados de bono castigan a los Estados con problemas de deuda al exigir mayores tasas de interés para adquirirlos. Ello aumenta el costo de financiamiento nacional.
El Banco Central Europeo decidió comprar bonos para sostener el precio, sobre todo de los papeles de España e Italia, y limitar así la suba de tasas, pero ese mecanismo tiene vida limitada. La cuestión de la unidad europea y el mantenimiento de la moneda común depende en buena medida de Alemania. Es de los pocos Estados, junto a los países bajos, que tiene un leve superávit primario, es decir, antes del pago de intereses de la deuda. El déficit es muy manejable (1,7%) y el bono a 10 años paga la tasa más baja de la eurozona (2,23%). Con un desempleo de 6,5% contra 21% de España, aunque con desaceleración en el crecimiento, la canciller Angela Merkel debe lidiar con contribuyentes y votantes reacios a incrementar la ya cuantiosa ayuda a los países en crisis por inconducta fiscal.
Es por eso que el gobierno alemán resiste la idea de que la alianza emita eurobonos, lo cual permitiría que los Estados en dificultades emitieran papeles garantizados y con tasa baja. Pero la calificación de ese bono, que sería inferior a la de triple A en función de los fundamentos de toda la UE, implicaría un aumento de tasa y costo de financiamiento para los países sólidos, caso de Alemania. Y sin una solución a la vista, la crisis de impago es cuestión de tiempo.
En el liderazgo de Merkel, quien vivió su juventud en la ex Alemania Oriental y fue considerada por la revista Forbes la mujer más poderosa del mundo, reside buena parte del futuro de la UE. Es en Berlín donde están las claves de los acontecimientos europeos y también mundiales.