El alivio del final despertó la ilusión. Leo Ramos arrancó caminando por el medio del barrial del campo de juego. En su rostro llevaba impresa la alegría de una victoria que le permite a Peñarol llegar con vida a la última fecha del Apertura. En su interior mantiene viva la llama de la ilusión. Una ilusión que está ligada con el más puro de sus sentimientos: Danubio.
Peñarol aferrado al milagro
Peñarol aprovechó un regalo de Progreso y sin sobrarle nada cumplió con su parte; ahora, de cara a la última fecha, se encomienda a Danubio