Ponete, querido lector, por un segundo, en la piel de un pavo oriundo de un pueblo en Minnesota un par de meses antes del día de acción de gracias. El ave llega a un corral oscuro y desconocido. Allí se encuentra por primera vez con un humano que ingresa intempestivamente. No puede evitar el miedo, pero el humano trae consigo un plato de comida. Al principio con desconfianza, el pavo se acerca al alimento, y lo come.
Al segundo día sucede lo mismo. El pavo sigue teniendo cierta desconfianza, pero la comida contribuye a desinhibirlo. Así irá sucediendo la misma secuencia dos veces por día durante un par de meses. La conclusión del ave es inductiva: Si este tipo siempre me trae comida, seguramente cuando vuelva, me traerá comida otra vez.
Todo sigue su cauce hasta que llega un fatídico miércoles de noviembre. La puerta del corral se abre y el ave se pone contenta. Por fin llegaría la comida. Pero esta vez las manos del hombre están vacías. Es la noche previa Thanksgiving.
Este relato es conocido como la paradoja del pavo inductivista. Fue desarrollada por Bertrand Russell y reformulada por Alan Chalmers en su libro ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?. El objetivo de la paradoja es poner en cuestionamiento el pensamiento inductivista, con el que la mayoría de las veces tomamos decisiones, intentando inferir lo que va a ocurrir en función de lo que observamos que ocurrió en el pasado. Russell y Chalmers buscaban mostrar la irracionalidad de la inferencia inductiva.
Tiempos de incertidumbre requieren miradas nuevas
Nassim Taleb, autor de El Cisne Negro, le da una vuelta de tuerca a este argumento: el pavo no solamente cometió un error, sino que además falló en predecir lo que probablemente fue el momento más importante de toda su vida. Ese momento donde se produjo un cambio radical en la secuencia de los hechos.
Puede que hasta incluso sea fácil predecir lo que ocurrirá en tiempos de estabilidad. Saber qué equipo va a ganar el domingo en Argentina, qué candidato se va a imponer en las elecciones o cómo va a comportarse determinado activo financiero. Pero… ¿cómo nos preparamos para la incertidumbre?
El mundo en el que vivimos es muy distinto al contexto ideal que imaginábamos en el siglo XX. La búsqueda de la estabilidad, la permanencia y la estandarización setearon de alguna manera nuestras mentes y nuestras sociedades para ser cada vez más conservadoras. Es por eso que, probablemente, lo inestable tiene tan mala fama y la incertidumbre es sinónimo de peligro.
Pero el siglo XXI viene a traernos una situación muy distinta: a nivel internacional, Amitaiv Acharya habla de un orden global multiplex -haciendo referencia a los cines- donde hay múltiples “ofertas de liderazgo” en múltiples áreas de interés. Ya no tenemos dos polos, ni uno, ni tres. Sino múltiples espacios de influencia según la temática. Un mundo desordenado, podríamos decir.
Por otro lado, las nuevas tecnologías están transformando la sociedad a una velocidad nunca antes vista. El fenómeno de lo viral, está cambiando nuestra forma de concebir nuestra realidad. Hace tan sólo 16 años no existían los smartphones. Hoy, menos de dos décadas después, el 90% de la población en la mayoría de los países tiene acceso a internet mediante esta tecnología. ¿Qué tecnología estaremos usando dentro de 16 años? ¿Realmente podemos creer que seguiremos usando los mismos smartphones que ahora?
La transformación permanente y la voracidad del cambio de la sociedad hace que nuestra comprensión de lo que sucede a nuestro alrededor sea tan limitada como la del pavo. Sabemos que alguien entra a traernos comida, pero no vemos lo que pasa cuando se cierran las puertas del corral. Esta situación nos obliga a pensar en términos de lo improbable, salir de nuestra zona de confort y animarnos a buscar nuevas formas de entender lo que nos rodea.
Si nos quedamos con los marcos teóricos que le dieron sentido a nuestras ideas hace dos décadas, es muy probable que sigamos errando pronósticos.
Quizás, la única forma de movernos en tiempos de incertidumbre sea dejar de pensar como pavos.
*Las conferencias de Augusto Salvatto forman parte de la reconocida agencia de speakers Evenpro