Es cierto, entran en la cartera de la dama. Pero definitivamente no caben en el bolsillo del caballero. O al menos en el bolsillo de un pantalón tradicional. Una phablet sería un producto difícil de colocar para el tradicional vendedor ambulante de los ómnibus montevideanos. En cambio, ha demostrado que no es en absoluto complicado de vender para las grandes marcas que decidieron jugarse por estos enormes teléfonos o pequeñas tabletas para hacer llamadas, como prefiera definirlos.
Phablets: una crisis de identidad muy popular
Mientras los teléfonos se preguntan si son un smartphone o una tableta, los usuarios aseguran que los quieren y obligan a la industria móvil a crear teléfonos con pantallas más grandes