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Plásticos pueden ser cambiados por moneda virtual en Maldonado

Proyecto que empezó en Piriápolis y Punta Colorada busca reducir la contaminación de este tipo de material que demora siglos en degradarse

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10 de enero de 2020 a las 05:02

Macarena Saavedra

Más de ocho millones de toneladas de plástico terminan en los océanos cada año, según la Organización de las Naciones Unidas y estiman que para 2050 habrá más cantidad en el agua que peces. Estos residuos que tardan cientos de años en desaparecer matan millones de animales marinos, algunos en peligro de extinción. Son botellas de bebidas, tapitas, bolsas, bandejas, envases de alimentos o redes.

Un proyecto que contó con la financiación inicial de la Agencia Nacional para el Desarrollo y con el apoyo de biovalor pretende estimular el reciclado de los plásticos en Uruguay y así revolucionar el uso que se le da a este material. Los plásticos recolectados en los hogares pueden ser cambiados por una moneda ecológica y utilizarla como una alternativa al efectivo para obtener descuentos o comprar productos en empresas que se aliaron con la iniciativa.

“Nuestra misión es generar un impacto medioambiental positivo y cambiar el paradigma de que el plástico va a terminar en la playa”, aseguró a El Observador Juan Rivero, uno de los impulsores del proyecto que comenzó a funcionar esta semana.

En un inicio los plásticos recolectados serán clasificados y guardados en un depósito, donde estudiarán las cantidades que se reciben y el tipo de material. El objetivo final es lograr reciclarlos antes de que terminen en las playas y océanos como residuos. Las alternativas que manejan hasta el momento son incorporar los plásticos al asfaltado de las calles, crear listones para utilizar en la construcción de viviendas sociales o transformarlos en combustible a través de un proceso químico –la pirólisis– que permite refinarlos y hacer el proceso inverso que los lleva al estado natural del petróleo. Pero la solución final la determinarán luego del análisis de cantidades industriales de plásticos que reciban.

“Nosotros somos conscientes de que el plástico va a seguir existiendo y no se va a dejar de usar, pero queremos generar consciencia de su mal uso. Con Plasticoin premiamos el esfuerzo por clasificar la basura, porque reciclar ayuda al medioambiente y a que los plásticos no terminen en los océanos”, afirmó otra de las emprendedoras uruguayas, Nicole Wyaux.

¿Cómo funciona? Quienes estén interesados en participar del proyecto deben registrarse en la página web www.plasticoin.com.uy y luego llevar los residuos plásticos limpios y secos a los centros de acopio –ubicados en esta etapa inicial en tres puntos de los balnearios Piriápolis y Punta Colorada en el departamento de Maldonado– donde serán cambiados por plasticoins.

Un kilo de plástico domiciliario equivale a 100 unidades de la moneda virtual, un kilo del material recolectado de las playas por 200 y un kilo de microplásticos a 400. Los beneficios que pueden adquirirse hasta ahora van desde descuentos en restaurantes, tiendas de ropa, clases de surf, de yoga, peluquería, la compra de juguetes, termos y cargadores solares o adquirir productos de limpieza.

Una problemática que identificaron los impulsores de Plasticoin es que en Uruguay los sistemas de reciclaje actúan cuando el residuo ya está generado, es decir cuando los plásticos ya fueron desechados. Una vez que ya se encuentran en el vertedero sucios y contaminados deben ser separados por clasificadores, para luego reciclarlos. “Hoy es más barato comprar una tonelada de plástico virgen que una de plástico reciclado. Si un empresario fabrica con reciclado, tiene que hacer un producto no competitivo en el mercado, porque es carísimo el proceso y encarece el producto final, por lo que no incentiva que se migre a lo reciclado”, consideró Rivero. Por esa razón, a través del proyecto plantean actuar desde que los usuarios generan el residuo plástico en los hogares, para que su destino final no sea contaminar las playas o los océanos y sea menos costoso el proceso.

 “Los impactos son varios: si funciona logramos educar a la gente, involucrarla en la cadena de reciclaje como responsable de generar el residuo y produce un efecto ambiental, porque todo plástico en la cadena de reciclaje no termina en un vertedero, en la calle o la playa”, afirmó Rivero.

Los impulsores del proyecto aseguraron que lo ideal sería poder extender la iniciativa a otros departamentos, para estimular a que el reciclaje de residuos plásticos se transforme en un hábito en toda la sociedad. “Queremos generar un Uruguay más sustentable, más a la vanguardia en el reciclaje, somos un país chiquito que puede generar una diferencia enorme”, concluyó Wyaux.

Problema mundial

El plástico se inventó a finales del siglo XIX pero comenzó a producirse a gran escala a mediados del siglo XX. Su masificación produjo que en el mundo actualmente existan miles de millones de toneladas. Eso llevó a que el director del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente denominara su uso como el “armagedón oceánico”. Se trata de un material que no es biodegradable. Por ejemplo, una botella de plástico puede tardar aproximadamente 500 años en descomponerse. Otro de los problemas del plástico es que se fracciona en partes pequeñas de menos de cinco milímetros denominadas “microplásticos” que luego son ingeridas por especies marinas y muchos mueren con el aparato digestivo obstruido o se ven afectados por esta causa.

En Uruguay durante 2019 entró en vigencia la ley que prohíbe la entrega de bolsas plásticas que no sean biodegradables o compostables en los comercios. La reglamentación incluye el precio mínimo al que deben cobrarse las bolsas de $ 4, las condiciones para su producción e importación y las sanciones para los productores e importadores que incumplan con la normativa, que van de 10 a 10.000 UR (entre $11 mil y $11 millones según los valores actuales), que corren desde julio.

En ese momento el gobierno anunció la intención de trabajar con los plásticos de un solo uso como sorbetes, cucharitas, vasos o bandejas para reducir su consumo.

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