Opinión > COLUMNA/EDUARDO ESPINA

Premios Oscar: la noche de ningún favorito

La 92ª edición de los premios Oscar presenta mayor calidad que en años previos   

Tiempo de lectura: -'

08 de febrero de 2020 a las 05:01

Bong Joon-ho debería haber ganado el Oscar en la categoría Mejor director en 2013, por la extraordinaria Snowpiercer, posiblemente la más innovadora y original película post apocalíptica que se ha realizado hasta la fecha. Si bien en 2020 no aparece como favorito en la categoría, el surcoreano tiene grandes posibilidades de que en esta ocasión se lleve a casa una estatuilla por Parasite. En caso de que Bong Joon-ho, uno de los directores con mayor inventiva del presente, sea recompensado por los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (se desconoce el número exacto, pero podría superar los nueve mil), el Oscar habrá hecho justicia con el talento y la estética llevada al plano de la creación más allá de lo ya conocido. Servirá también para callar, por al menos dos minutos –tiempo que cada ganador tiene para expresarse frente al micrófono–, a quienes nuevamente este año se han quejado de las injusticias, sobre todo a nivel étnico, cometidas por el amplio grupo de votantes. Conviene recordar que en la ya larga historia del premio, el Oscar no se ha caracterizado por impartir justicia.  

En esta edición la primera gran polémica estuvo generada por la exclusión de Jennifer Lopez en la lista de nominadas a Mejor actriz. ¿Cómo puede ser –se han preguntado los mismos políticamente correctos de siempre– que la actriz haya sido dejada fuera? Hasta en la página editorial del New York Times se publicó una diatriba contra el supuesto injusto proceder en el caso. La tribu de admiradores de la cantante y actriz está furiosa porque su ídola que canta y baila no fue nominada por su labor en la película, bodrio total, Hustlers (Estafadoras de Wall Street). Tal parece, según algunos, el tío Oscar ha demostrado nuevamente su odio y desdén hacia las minorías raciales que trabajan en Hollywood. Sin embargo, ese superficial y poco convincente argumento se olvida de considerar un aspecto clave: que también aquellos blancos que fueron sido percibidos como derechistas, han tenido más exclusiones que inclusiones. El año pasado Clint Eastwood hizo una obra maestra, La Mula, la cual incluía una canción memorable (Don’t Let The Old Man In, escrita y cantada por el cantante country Toby Keith). Sin embargo, no recibió ni una sola nominación. ¿Por qué? Simple de explicar: porque Eastwood, políticamente un libertario, es percibido como un retrógrado y reaccionario que defiende los valores conservadores del partido republicano. Y ahí lo tienen, al maestro en penitencia, per secula seculorum.

No tengo elementos ni argumentos como para afirmar, muy suelto de cuerpo, que la Academia es intencionalmente racista, pero es evidente que su estilo a la hora de premiar está definido por el error y la falta de lógica estética de su proceder. De ahí que a lo largo de su historia hayan sido tantas las equivocaciones como los aciertos. El premio Oscar no siempre ha estado a favor de la calidad creativa y de la originalidad, pero tampoco estuvo sistemáticamente en contra de la diversidad. No se trata, tal cual algunos lo magnifican en sus comentarios, de una manga de blancos racistas que hacen todo lo posible para ningunear a negros, hispanos, y todos aquellos que no sean anglosajones. Un argumento emerge como concluyente para demostrar la invalidez de esa opinión. Durante la pasada década, los ganadores en la categoría individual de mayor importancia, fueron los siguientes directores: Michel Hazanavicius (judío de origen lituano), por El Artista (2011); Ang Lee (taiwanés) por La vida de Pi (2012); Alfonso Cuarón (mexicano), por Gravedad (2013); Alejandro González Iñárritu (mexicano), por Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (2014); Alejandro González Iñárritu, por El renacido (2015); Damien Sayre Chazelle (franco-americano) por La La Land. La ciudad de los sueños (2016); Guillermo del Toro (mexicano); por La forma del agua (2017); y Alfonso Cuarón (mexicano) por Roma (2018).  La exclusión de Jennifer Lopez, creo yo justa (he visto una infinidad de filmes en los cuales las actrices hacen un mejor trabajo que la actriz de origen puertorriqueño, y ninguna de ellas ha sido tenida en cuenta para el tradicional premio), seguramente será paliada por la premiación de otros nominados que no son anglosajones, como el surcoreano de moda.

Por otra parte, si bien no se caracterizan por ser justos, los premios Oscar tienen buen corazón. De ahí que cada tanto premian a profesionales que habían estado fuera del radar de la fama y la celebridad por un tiempo, y que de pronto regresan, luego de haber derrotado al principio del olvido. Este año les tocó a Antonio Banderas, quien sufrió no hace tanto un ataque al corazón, y a Renée Zellweger. La actriz nacida en Katy (suburbios de Houston), Texas, hace en Judy un labor por encima de las circunstancias, descollante en varios aspectos, y es más que probable que la veamos frente al micrófono agradeciendo por el premio en su inconfundible acento texano. 

Salvo excepciones notorias que evito mencionar, el mundo es un lugar libre en el cual cada uno dice lo que quiere, aunque no tenga nada para decir. Los premios Oscar son una excusa ideal para emitir opiniones, primero sobre los nominados, y luego sobre los ganadores. Tal como todos bien lo sabemos, en este contexto actual de exagerado libre albedrío, las idioteces disfrazadas de opinión importante se expanden, y las gansadas, auspiciadas sobre todo por los prejuicios de las corrección política, proliferan. 

El lunes, medios informativos y redes sociales estarán saturados por comentarios hablando sobre las injusticias de la noche anterior, en la que millones de televidentes en todas partes mataron la curiosidad y la expectativa originada por la expresión “And the winner is…” (Y el ganador es…). La ceremonia de los premios Oscar es sobre todo eso: tres largas interminables horas ocupadas por sorprendidos ganadores, como también por desconsolados perdedores. En este aspecto, nada peor que ser nominado, pasar varias semanas ilusionado con ganar la inexpresiva estatuilla, escribir incluso un discurso de aceptación –por las dudas–, en el que casi todos agradecen a la madre, y luego tener que oír desde la butaca del anfiteatro el nombre de otro nominado, el cual, por convertirse en ganador, se transforma asimismo en la envidia de todos quienes no pudieron escuchar su nombre después de la enervante frase, “And the winner is…”. Tal vez sería más apropiado cambiar la forma de anunciar a los ganadores y decir: “And the losers are…” (Y los perdedores son…). 

Predicciones

Mejor película: 1917
Mejor actor: Joaquin Phoenix 
Mejor actriz: Renée Zellweger 
Mejor actor de reparto: Brad Pitt 
Mejor actriz de reparto: Laura Dern
Mejor director: Bong Joon-ho
Mejor película internacional: Parasite

REPORTAR ERROR

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 245 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 245 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 245 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...