Si hay un escritor que ha ayudado a derribar prejuicios de género y a desterrar la idea de que la palabra best seller es igual a mala literatura, es Stephen King, el maestro del terror. La tarea le ha llevado toda una vida y más de 50 libros, pero hoy puede estar satisfecho del prestigio ganado, que lo sitúa como el heredero directo de escritores de la talla de Edgar Allan Poe, H.P Lovercraft o Nathaniel Hawthorne.
Como sus ilustres compatriotas, King ha logrado dotar a sus historias de terror de una profundidad conceptual muy por encima de la media y ha elevado un género históricamente ninguneado. Su obra se inscribe cómodamente dentro de esa tradición literaria estadounidense que justifica cualquier camino mientras haya compromiso y calidad.
Además, últimamente parece haber depurado su estilo y sus intereses. Sus últimos libros no son exactamente de horror. Un ejemplo es la novela de ciencia ficción 22/11/63 (2011), que plantea un viaje en el tiempo y las consecuencias de modificar el pasado. Otro es el policial negro Mr. Mercedes (2014).
Revival es un mojón más en esa evolución artística. Se trata de una novela que, salvo por el capítulo final, difícilmente pueda considerarse de terror, ni siquiera de suspenso. Es simplemente una gran historia, primero familiar y luego a dos voces, que abarca cinco décadas con una estupenda descripción de los cambios sociales que ocurren durante ese período.
Una novela eléctrica
Las primeras 200 páginas, donde se cuenta el primer encuentro de los dos protagonistas de la novela, un niño y un reverendo, son magníficas por donde se las mire. King maneja con maestría los vericuetos de la psicología infantil, que luego amplía al de una típica familia estadounidense de 1960, a la que pinta con una calidez superlativa que atrapa al lector al instante.
La llegada al pueblo del joven pastor, su hermosa mujer y su pequeño hijo, revolucionan a una población devota pero también displicente, que acude a la parroquia según las dotes de orador del pastor de turno. A sala llena, pronto el reverendo comienza a mostrar que la Biblia no es su única pasión.
El primero en descubrirlo es Jamie Morton, de seis años, a quien Charles Jacobs revela su hobby: la electricidad.
En un alarde de capacidad narrativa King muestra la inocencia primigenia de esa particular pasión, que luego se tornará en una obsesión nociva para Jacobs, cuando la tragedia se cierna sobre su familia.
El pulso narrativo con que se desarrolla ese arco argumental inicial es envidiable. King es detallista a pesar de su brevedad estilística y no pierde nunca de vista el árbol dentro del bosque. Toda la comunidad está descrita con mano maestra pero nunca se olvida de destacar a la pareja protagonista, que la vida separa durante un tiempo pero luego vuelve a unir.
El autor aprovecha esa separación temporal para narrar el paso de la niñez a la juventud de Jamie y lo hace con enorme eficacia. El primer beso, la pérdida de la virginidad, las primeras señales de una vocación como músico, la separación de la familia, las drogas y la soledad, se explican en páginas emocionantes, conmovedoras.
El reencuentro de un Jamie adicto a la heroína con el expastor devenido en mago de feria que hace trucos con electricidad, abre la segunda parte del libro.
Esta se centra en las curaciones mágicas a las que se dedicará Jacobs que, irónicamente, lo volverán a colocar en el rol de pastor, esta vez sanador.
No sobra una página, no hay cháchara ni relleno a lo largo de todo Revival.
Notable de principio a fin, la última novela de King es un estupendo regalo para escépticos y prejuiciosos.
$ 490
Es el precio de Revival, de Stephen King (Penguin Random House, 413 páginas)