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Juan Manuel Escobar, Alex Guillenea y Alan Rodríguez fueron asesinados el 31 de mayo de 2020

Nacional > SIGUE EL JUICIO

Publicación de Facebook fue clave para identificar al asesino de los infantes de la marina

Bragundi dijo que lo obligaron otras personas, pero semióloga expresó que el hombre se contradijo y que por momentos "se olvida" de incluirlas en el relato

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27 de mayo de 2022 a las 05:04

Temprano en la mañana de un gélido 31 de mayo, un llamado intempestivo quebró la calma dominical de las autoridades policiales y militares, incluidos los ministros Javier García y Jorge Larrañaga. El motivo era un virulento crimen en el predio de la Armada que terminó con la vida de tres marinos veinteañeros, Juan Manuel Escobar, Alex Guillenea y Alan Rodríguez, que custodiaban el lugar. Se tejieron todo tipo de hipótesis, pero la principal indicaba que se trataba de un mensaje narco. La investigación de la fiscal Mirta Morales apuntó a un excompañero, Jonathan Bragundi, que les robó las armas y las vendió. Una publicación de Facebook fue clave para identificarlo.

A casi dos años del crimen, el juicio está llegando a su fin.

Los días 23, 24 y 25 de mayo hubo tres audiencias claves donde declaró casi una decena de policías intervinientes, una semióloga y un exmarino de la Armada. 

Según declaró este lunes el comisario Antonio Da Silva, director del departamento de Homicidios Complejos, ante la jueza María Noel Odriozola, lograron dar con Bragundi gracias a una publicación en Facebook. A las horas de haber comenzado la investigación, se les comunicó que había una persona que se hacía llamar "El Siberiano" que en 2019 había publicado que quería robarles las armas reglamentarias a las personas que hacían guardia en ese predio. A partir de eso lograron ubicar un domicilio en la calle Bulgaria, pero, según dijo Da Silva, prefirieron reservar la información y profundizar. Horas después, se les comunicó que El Siberiano y una mujer habían vendido ilegalmente dos armas de fuego. 

A raíz de eso, se ordenó el allanamiento de la vivienda pero no se indicó que detuvieran a nadie, salvo que encontraran algún delito en flagrancia. Da Silva no fue inicialmente al lugar, pero se lo llamó para pedirle que fuera, puesto que habían encontrado tres cargadores de pistola Glock. En ese momento, él estaba reunido con el ministro Larrañaga y la interrumpió para ir hasta el lugar. 

En esa vivienda había una pareja y Bragundi. La mujer inmediatamente le echó la culpa del crimen al exmarino. Fernando Bentos, el oficial del caso que sí estuvo desde un comienzo en el lugar, relató que la mujer afirmó no tener armas de fuego, pero luego encontraron una. Por eso ella vinculó a Bragundi por el crimen y lo acusó de haber vendido las otras dos. Con la plata que ganó pagó la peluquería y un asado, del que todavía quedaban restos cuando la policía llegó. 

Además encontraron ropa con manchas de sangre, que pertenecía al homicida, en el lavarropas. Una vez que lo detuvieron y lo tenían bajo custodia, vieron que en sus championes tenía manchas de sangre que luego coincidieron con la de una de las víctimas. 

Horas después, encontraron las dos pistolas envueltas en diario y papel film en las calles Patagonia y Burdeos. 

La sucesión de los hechos

"No es un juicio de los que estamos acostumbrados a ver (...) Bragundi tuvo un actuar despiadado y a sangre fría", dijo la fiscal Morales en sus alegatos de apertura. De forma "fría, calculadora y extremadamente violenta llevó a cabo una brutal resolución haciendo uso de la destreza que tiene y para la cual fue preparado para poner fin a la vida de tres jóvenes personas. Los ejecutó para un provecho propio", determinó. 

Morales afirmó que al momento del crimen, Escobar estaba en el dormitorio durmiendo, mientras que Rodríguez y Guillenea estaban en la habitación principal. Bragundi conocía la disposición porque, cuando era marino, había hecho guardia en ese mismo lugar. "Esperó el momento oportuno y sustrajo el arma de Escobar. Se dirigió a la pieza principal y les disparó a ambos. Primero a Rodríguez e inmediatamente después a Guillenea. Cayeron heridos fatalmente delante de sus escritorios", aseguró la fiscal e indicó que después volvió al dormitorio y con la misma arma le disparó a Escobar, que intentó protegerse sin éxito porque estaba desarmado. 

Con los tres jóvenes ya muertos, les sacó las otras dos armas y sus cargadores, y se fue caminando. 

Un exmarino que debía relevarlos en la mañana del domingo declaró en el juicio que los tres jóvenes debían comunicarse por radio con la base una vez por hora. Si no se cumplía esa comunicación, la base tendía que mandar una patrulla, cosa que en este caso no se hizo. 

El acusado por el homicidio de los infantes de la marina, Jonathan Bragundi


Bragundi dijo que otras personas lo obligaron a cometer el crimen

María Isabel Ledesma trabaja para la Policía Científica, y la fiscalía la designó para que colaborara en la investigación. La semióloga estuvo junto a Bragundi en el lugar de los asesinatos, para poder reconstruir lo que pasó esa noche.

El indagado ingresó al lugar, reconoció como tal y tomó las posturas que consideró que en ese momento sucedieron. Habló de más personas. “Él relata que ingresó al lugar con otras personas a la fuerza”, dijo Ledesma este miércoles en una nueva audiencia penal (no resolutiva) por el caso ocurrido en la Base Naval, a cuyos audios accedió El Observador.

“Dice que uno de los que ingresó a la casa le pasa el arma a otro”, agregó la semióloga. Según el relato inicial esta persona ya tenía un arma en la mano, por lo tanto el supuesto agresor quedaría con dos armas en una misma mano, pero no es probable de acuerdo a cómo se estaba agarrando el arma ahí, puntualizó la profesional. No es probable por la forma en que agarraría el arma allí. Dijo que el indagado habló de un arma sola, no de dos, por su gestualidad. En la declaración que dio a Fiscalía había declarado que había ido solo y que lo había hecho por necesidad. 

El hombre agregó durante la reconstrucción –que está filmada– que lo llevaron, mientras lo seguían apuntando, a donde estaba el otro fallecido y lo obligaron a tirar a otra persona al piso, cosa que él hizo, según su propio relato.

“Dice que lo obligan a dispararle a la persona que ya estaba muerta en el piso, y agrega que él le dispara al tercer infante. Lo que hace nuevamente (que) sí es coincidente, es que se coloca en el lugar, se coloca en el espacio y se coloca disparándole a alguno de los posteriormente fallecidos, excompañeros de él en algunos casos”, explicó la semióloga. 

Mostró una conducta controlada al responder, se apreció un bienestar en el desarrollo de sus relatos, que acompañó con soltura corporal y verbal. La semióloga puntualizó que tuvo una “gestualidad restrictiva”, sin embargo, hablaba de más personas en la escena del crimen y, de a ratos, se olvidaba de incluirlas en el relato. "Incluso manifiesta aversión (rechazo) cuando habla de las otras personas".

La profesional agregó: “Su relato no muestra ninguna emoción con la situación vivida (…) Ni miedo, ni angustia. Sí se le veía desarrollándose dentro de la reconstrucción, como quien dirige una escena en un set televisivo”.

Además, expuso “gran concordancia” cuando hablaba acerca de cómo dio vuelta a los soldados para quitarles el arma.

Había instancias que se contradecía de acuerdo a alguna pregunta o salvedad del momento, indicó Ledesma

El presunto homicida –que al momento de su detención en 2020 tenía 26 años– mostró frente a los investigadores cómo tiró al soldado al piso. También mostró cómo lo acomodó y cómo le sacó la pistola Glock. La semióloga analizó: “Su movimiento es seguro, sin dudar en la manera y como queda el cuerpo en el lugar, siendo concordante lo gestual con el relato. Efectivamente esos hechos pasaron tal cual los relata”.

En su relato, el hombre dijo que les disparó a al menos dos de los militares una vez que ya estaban muertos. Apagó la luz del puesto, cerró la puerta por la que entró y se retiró. En esto último, sus gestos concuerdan con su relato.

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