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Qué es el niksen, el arte de no hacer nada, y cómo te vuelve más productivo

Es el momento de aplicar la técnica de relajación holandesa que reivindica la inactividad elegida

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09 de agosto de 2019 a las 05:00

Si los daneses ya habían popularizado el hygge como el secreto del bienestar -y algo de eso deben saber, ya que en Índice Global de la Felicidad que mide la ONU desde 2012 siempre rankean en los primeros puestos-, ahora le llegó el turno al niksen.

Ambos tienen en común la búsqueda de los placeres simples de la vida. Mientras que el primero se trata de dedicarle tiempo diario a todas aquellas cosas que nos producen bienestar, tanto solos como en compañía (una charla con amigos, una taza de café en tu rincón favorito de la casa, leer un libro junto a la estufa o beber una copa de vino mientras se ve llover), el niksen propone centrarse en la inactividad consciente.

La popularidad del hygge tiene sentido en países con temperaturas bajas o inviernos más largos. En cuanto al niksen, su aplicabilidad es universal: es una respuesta a la sobreocupación y el acelere moderno. Pero, ¿qué es exactamente el niksen? Este término refiere a algo difícil de definir, precisamente por cómo vivimos hoy, ya que el no hacer nada sin ningún objetivo particular no está bien visto.

“La forma en que lo concibo es llegar a determinado momento en el que no hay ningún plan más que simplemente estar”, explica la psicóloga Doreen Dodgen-Magee, especialista en aburrimiento y autora del best-seller Deviced! Balancing life and technology in a digital world.

Lo que sucede es que como estar ultra ocupado se ha convertido en símbolo de estatus e identitario (al menos en ciertos ámbitos y clases sociales), y corremos de un lado a otro para terminar con todas las tareas con las que nos sobrecargamos, no hacer nada tiene mala prensa. Sin embargo, en culturas como la holandesa, el niksen es el arte de tener tiempo libre.

Los beneficios de no hacer nada

Para esclarecer el concepto, el niksen consiste en dedicar tiempo y energía, de manera consciente y calculada, a hacer cosas como mirar por la ventana o permanecer sentados e inmóviles. La clave es realmente dejar las tareas 'productivas' de lado y permitirle a la mente vagar, sin estar pensando en términos de resultados.

Para muchos esto puede estar cerca del aburrimiento, pero hay una diferencia sustancial: el niksen es una acción premeditada de alternancia vital y de recarga. “En general, nuestra cultura no fomenta que estemos sentados sin movernos, lo que puede tener consecuencias de amplio alcance para la salud mental, el bienestar, la productividad y otros aspectos de nuestra vida“, señaló la periodista Olga Mecking en un artículo publicado en The New York Times.

Por supuesto que el híper consumo (y dependencia) de la tecnología no ayuda. Es por ello que nuevos estudios científicos y corrientes educativas se empeñan en demostrar que dejar que los chicos se aburran o que los adultos no hagan mucho por un rato tiene beneficios para cuerpo y mente. Hace unos años, la Universidad de Virginia realizó un experimento con el objetivo de testear cuán buenos somos entreteniéndonos a nosotros mismos (o bien estando sin hacer nada). Se le pedía a los participantes que dejaran de lado las distracciones y estuvieran consigo mismos durante 6 ó 15 minutos. De las personas que se sometieron a la prueba, el 32% hizo trampa: es decir, no pudo evitar recurrir a algún estímulo exterior.

Como los estudios iniciales habían sido realizados entre jóvenes, repitieron el experimento ampliando el rango de edad. Y todavía más gente hizo trampa: 54%. Sandi Mann, una psicóloga de la Universidad de Lancashire Central, en el Reino Unido, estudia la relación entre el daydreaming (soñar despierto), un efecto inevitable de la inactividad, y la creatividad. “Nos vuelve literalmente más creativos, mejores para solucionar problemas, más capaces de tener ideas originales. No obstante, para que eso suceda, se necesita una inactividad total. Hay que dejar que la mente busque sus propios estímulos”, explica Mann.

Aunque los efectos casi inmediatos del ocio premeditado no sólo se ven sobre nuestra capacidad creativa, también sobre nuestra facilidad para relajarnos, dormir y disfrutar actividades en general. En cambio, el impacto real de estar todo el tiempo ocupados produce el conocido síndrome de desgaste profesional o burnout, trastornos de ansiedad y otras enfermedades relacionadas con el estrés.

Son legión los especialistas en productitvidad y problem solving (resolución de problemas) que plantean que una mente que no para, no sirve de mucho. Cómo practicar el ocio premeditado A la pregunta de si el niksen es similar al mindfulness o a la meditación, hay que aclarar que es algo mucho más simple. “No se trata de permanecer en el momento y ser consciente de lo que te rodea, como el mindfulness, sino que se trata de permitirte no hacer nada, de dejar que tu mente vaya donde quiera sin sentir culpa. Es una forma de recuperación mental en reposo y mientras se está despierto”, señala Olga Hamming, coach que utiliza esta metodología para combatir el estrés.

¿Por dónde empezar?

Basta con hacer unos 20 minutos de pausa en la jornada, tomarte un té mientras mirás por la ventana, salir a estirar las piernas o simplemente quedarte tirado en la cama mirando el techo. Puede que al comienzo te cueste dejar ir las preocupaciones y los deadlines, o la mera culpa por estar 'perdiendo tiempo'. Pero es un proceso que de a poco se va aprendiendo, y, como bonus track, le permite a las neuronas establecer nuevas conexiones, según los neurocientíficos.

1 - Buscá el tiempo para no hacer nada y hacelo con decisión e intención. Lo ideal es implementarlo cuando notás que estás en piloto automático.

2 - Establecé las tareas que son una prioridad y las que te resultan placenteras. Siempre que sea posible, delegá todas las demás. Enfocarte en lo que te resulta verdaderamente relevante puede ayudarte a crear espacios de tiempo libre en tu agenda.

3 - Evitá ser parte (ejecutor y promotor) de la cultura de la ultraocupación.

4 - Aprovechá las oportunidades "convenientes" para practicar la inactividad, como cuando estás en una fila o esperando a que tus hijos salgan de la escuela.

5 - Perdele el miedo a decir: "Nada" cuando alguien te pregunte qué estás haciendo durante un descanso. El lenguaje es cultura, y la forma en que hablamos sobre lo que nos pasa propicia comportamientos y lecturas (propias y ajenas). No tenés que darle explicaciones a nadie.

6 - No te desanimes si no empezás a sentir de inmediato los beneficios de la inactividad. Quedarte sentado y quieto podría ser incómodo al principio.

7 - Creá tu espacio niksen. Para conseguir estas pequeñas pausas, es importante que encuentres o generes un entorno favorable a la desconexión, lejos del estímulo de pantallas y dispositivos. Puede ser en tu casa, en tu oficina, en un espacio verde.

 

El Cronista

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