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Qué es el transhumanismo y por qué cambiará nuestra especie tal cual la conocemos

La corriente afirma que la tecnología transformará el cuerpo para hacerlo más inteligente y fuerte, y que podrá desde entender idiomas sin traductores hasta controlar objetos con la mente

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10 de septiembre de 2019 a las 05:00

Amie DD es una mujer que está a medio camino entre la realidad y la ficción. Su historia bien podría formar parte de la nueva temporada de Black Mirror, la serie de Netflix que retrata las sombras de un futuro donde la tecnología marcará el pulso de las relaciones humanas, la política, la comida, el amor, el trabajo, la familia, el tiempo libre. Pero no lo es. La historia de Amie DD es tan real que incluso llegó a las portadas de medios de prestigio en todo el mundo. Los titulares la presentaban como “la nueva especie humana”.

Amie DD –ingeniera, youtuber, desarrolladora de software para Marvel, Xbox y PlayStation– es la chica que experimenta los límites de su cuerpo. Y con cada nuevo experimento ese límite se expande un poco más allá. Se pregunta si estará alejándose de su condición humana o los cambios la están impulsando hacia una dimensión que todavía, para la enorme mayoría de las personas, es absolutamente desconocida.

Lo último que hizo Amie DD fue implantarse la llave de un auto Tesla en el brazo. Lo hizo para poder activar todos los sensores y sistemas del vehículo simplemente rozando su piel contra el interruptor. No es la primera vez que hace algo así. Antes lo probó con una llave que abre la puerta de su casa. Para obtener el último chip, la ingeniera disolvió en ácido una de las tarjetas “abridoras” de Tesla hasta llegar al diminuto sensor. Junto con un grupo de expertos encapsuló el chip en un material sintético, se lo colocó debajo de la piel y listo, ya se había transformado; era distinta a la que había sido.

Este tipo de ensayos tienen un nombre que cada vez suena más y más fuerte tanto en la comunidad científica, como en la tecnológica y la filosófica: el transhumanismo.

Este tipo de ensayos tienen un nombre que cada vez suena más y más fuerte tanto en la comunidad científica, como en la tecnológica y la filosófica: el transhumanismo.

Es un movimiento muy amplio, de fronteras difusas y constituido por investigadores de campos muy diversos de la actividad humana.

“Lo que me parece interesante del transhumanismo es que nos coloca frente a la posibilidad real que nunca antes tuvimos de cambiar la especie humana, lo que somos”, explica Mariano Asla, doctor en filosofía y docente de biomedicina en Argentina. Y agrega: “Parecía que como especie había una última frontera que no se podía modificar y era la propia biología, el cuerpo”. El transhumanismo, en ese sentido, indica que gracias a la tecnología el ser humano podría evolucionar hacia un lugar distinto, con otras habilidades, algunas muy parecidas a las de las máquinas. También, que la esperanza de vida podría ser mayor e incluso se podría alcanzar la inmortalidad: colocar la mente humana en un soporte no orgánico, como una computadora. Llevar todo a la nube virtual, incluso la propia existencia.

Una brecha cada vez más grande

La historia del transhumanismo se remonta al siglo pasado. Fue en aulas y despachos saturados de humo de cigarrillo donde mentes inquietas debatieron durante horas los postulados de una teoría que veía en el futuro las jugadas más osadas e inquietantes por parte de la humanidad.

En ese entonces, eran apenas ideas disparatadas, dispersas. Pero ahora, con el avance de la tecnología, la ciencia y la inteligencia artificial, muchas de estos postulados no parecen alejados de la realidad.

Por supuesto que el chip implantado en el brazo que abre autos es una nimiedad o apenas un primer paso comparado con lo que el transhumanismo propone a nivel académico. Sería contar con la capacidad técnica de mejorar el cuerpo, pero no a un nivel estético, como es común, sino para hacerlo más funcional a las necesidades diarias sin los frenos de la biología actual.

La tecnología permitiría una especie más inteligente, fuerte, capaz. Haría posible registrar fotos y videos con un pestañeo, entender idiomas sin traductores, levantar toneladas, moverse a kilómetros por hora sin cansarse, controlar objetos con la mente.

La tecnología permitiría una especie más inteligente, fuerte, capaz. Haría posible registrar fotos y videos con un pestañeo, entender idiomas sin traductores, levantar toneladas, moverse a kilómetros por hora sin cansarse, controlar objetos con la mente.

Todo esto tendría un precio muy alto para la humanidad.

“Una de las críticas es que el transhumanismo podría introducir diferencias esenciales entre los humanos. Hoy las diferencias entre pobres y ricos, por ejemplo, son enormes. ¿Cuánto mayor puede ser la brecha si se generan humanos potenciados, con capacidades diferentes, en comparación con seres estándar?”, cuestiona Asla. Y repregunta: “¿Cómo plantear una sociedad democrática en donde hay dos tipos de seres humanos?”. Él, hasta el momento, no tiene una respuesta.

Otra de las críticas tiene que ver con el valor intrínseco de la naturaleza humana. “Hay quienes plantean que nuestra humanidad, buena o mala, es nuestra, por lo tanto hay que aceptarla y no buscar cambiarla”, explica el filósofo.

Las realidades técnicas

Los postulados del transhumanismo suenan radicales, utópicos. Parece ser uno de esos casos en los que la imaginación humana corre más rápido que los avances técnicos reales. No obstante, el caso de Amie DD y otros cyborgs –como se autodefinen los humanos tecnológicamente intervenidos– muestran que la inquietud está ahí, viva.

Neil Harbisson, por ejemplo, es uno de los casos más reconocidos, incluso en Uruguay, donde estuvo en febrero participando de un evento de innovación. El británico de 35 años nació con acromatopsia, una enfermedad que le impide distinguir colores. Para solucionarlo, los médicos le conectaron una antena auditiva al cerebro que le permite identificar colores a través de sonidos.

También está Chris Dancy, conocido por ser el hombre más conectado del mundo, con 11 dispositivos implantados en todo el cuerpo con los que monitorea y digitaliza desde sus movimientos hasta la temperatura de su cuerpo, la calidad del aire que respira y la humedad en el ambiente. 

Hay otro puñado de casos parecidos a los de Amie, Neil y Chris. La pulsión está ahí. Es que la evolución forma parte del núcleo de la naturaleza humana. Asla lo resume así: “Lo que está pasando con el transhumanismo obedece a una tendencia natural humana. Mejorarnos a nosotros mismos está en nuestro ADN. Esta nueva corriente se apoya en algo genuino: el ser humano no es acabado y quiere mejorarse”.

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