14 de enero 2024 - 5:00hs

Un hombre encapuchado y con la cara tapada le apunta con una escopeta a un conductor de televisión mientras otros dos jóvenes le muestran a la cámara bultos con forma de granadas. “Dile (a la Policía) que tenemos granadas”, exclaman mientras de fondo decenas de personas van y vienen en un estado de nerviosismo exacerbado. Todo es transmitido en vivo por TC, un canal de televisión de Guayaquil.

Un día antes, el líder de la banda criminal más importante de Ecuador —Los Choneros— se fugó de la cárcel de esa misma provincia horas antes de ser trasladado a un centro de máxima seguridad.

Ese mismo día el presidente Daniel Noboa declaró el estado de excepción y al día siguiente, después de la toma del canal, estableció el conflicto armado interno y declaró como terroristas a 22 bandas criminales.

Hace cinco años, Ecuador tenía menos de la mitad de homicidios que Uruguay cada 100 mil habitantes. Hoy es de los países más violentos del mundo. ¿Qué pasó en el medio?

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La presencia del crimen organizado no es nueva en este país que limita con Colombia (al norte), con Perú (al sur y este), y con el océano Pacífico (al oeste), pero desde 2018 se ha dado un aumento exponencial de la violencia vinculada a disputas de poder y territorio con la penetración de cárteles mexicanos, bandas colombianas y mafias europeas y con una espectacularización de la violencia con el objetivo de mostrar poder. 

Estas situaciones nunca se explican de manera simple ni lineal pero sí hay hitos que pueden ayudar a ordenar los procesos que preceden la explosión de los últimos días. El acuerdo de paz de Colombia con la guerrilla de las FARC en 2016 llevó a que muchos disidentes, que quedaron por fuera de esa negociación, se refugiaran en la selva y comenzaran a operar en la frontera colombo-ecuatoriana.

Esto es lo que se conoce como el "efecto globo". El mercado de la cocaína tiene una nariz que esnifa la droga de un lado pero engloba a productores, transportistas y encargados de logística por otro. Cuando algún gobierno o Estado presiona sobre uno de los eslabones de la cadena lo que hace es que se corra hacia otro lado. No se ataca al mercado. Como en un globo, que cuando apretás en una zona se expande otra.

Desde hace varios años, además, Ecuador vive una crisis económica y social que comenzó con la caída del precio del petróleo y fue profundizada por el impacto de la pandemia.

AFP Daniel Noboa, presidente de Ecuador

Eso sumado a algunos cambios en la ruta de las drogas, y la incursión de actores internacionales (que contratan bandas locales) elevaron el papel del país en el mercado internacional del narcotráfico. La disputa territorial, a su vez, generó un aumento exponencial de la violencia.

Todo esto en un país que por su ubicación estratégica es un hub del tránsito de droga en la salida hacia el océano Pacífico, su frontera con uno de los principales productores de coca del mundo (Colombia) y su cercanía relativa con el mayor consumidor de esta droga (Estados Unidos). La droga sale desde los puertos ecuatorianos hacia el país del norte o hacia Europa, vía Panamá.

La violencia en Ecuador tuvo también otro hito en 2021 con una serie de motines en cárceles, que se repitieron en las últimos días, tras la fuga del líder de Los Choneros. El sistema penitenciario se ha transformado en un centro de poder donde reclutar jóvenes y diseñar operativos criminales a espaldas de las autoridades que perdieron el control de los centros de reclusión. 

¿Qué puede aprender Uruguay?

La primera reacción de los consultados para esta nota es señalar que Ecuador tiene diferencias sustanciales ver con Uruguay. Hay diferencias geográficas, sociales y económicas que distancian a Uruguay de un país que, además, tiene una corrupción endémica y una institucionalidad mucho más débil así como una demanda interna de droga mayor. Sin embargo, mirarlo desde una excepcionalidad uruguaya tampoco parece una buena opción. 

Uno de los errores que no podemos cometer es creer que esto nada tiene que ver con Uruguay”, dijo a El Observador el investigador del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad de la República, Emiliano Rojido. Este no es un "problema de Ecuador" sino un "tema trasnacional" —efecto globo— que afecta a diversos países y Uruguay, al igual que Ecuador, es principalmente un país de tránsito.

“Necesitamos fortalecer la Fiscalía y los controles anticorrupción externos en organismos como Aduanas”, señaló Rojido y agregó que el caso deja claro que con políticas meramente represivas y mayor patrullaje no se va a contrarrestar el avance del crimen organizado.

En un país de tres millones de habitantes la demanda interna nunca va a ser tan relevante como para tener incidencia en el mercado global de la droga, pero el puerto de Uruguay es un lugar atractivo para las organizaciones criminales. Es ahí, dice el asesor del Ministerio del Interior Diego Sanjurjo, donde el Estado debe poner todos los esfuerzos para combatir al crimen organizado

Foto: Leonardo Carreño. Puerto de Montevideo

En ese sentido destacó la compra de los tres escáneres (dos fijos y uno móvil) que adquirió el actual gobierno y que permitirán, según dijo, controlar el 80% de la mercadería que pase por el puerto.

Para Sanjurjo uno de los principales aprendizajes que deja la situación de Ecuador es que los militares “no son una buena opción para combatir al crimen organizado” por varios motivos, entre ellos que el Ejército no está entrenado ni armado para enfrentar al delito.

Desde 2018 las Fuerzas Armadas ecuatorianas colaboran con la lucha contra el delito organizado (con el nuevo estado de conflicto interno toman un rol protagónico) y para Sanjurjo es importante destacar esto en momentos en que al menos tres precandidatos (Jorge Gandini, Gustavo Zubía y Eduardo Lust) proponen militarizar el combate al narcotráfico.

Las cárceles

Rojido también señala la necesidad de “no inflar el sistema carcelario” y tratar de "disputarle los jóvenes al narco" con prevención social focalizada porque meterlos en la cárcel es “entregárselos al narco en bandeja”.

“La única política de Estado que tenemos en tema seguridad es llenar de gente las cárceles. Desde el 2000 hasta acá se cuadriplicó la población carcelaria. Estamos en el top 10 de países con mayor tasa de prisionización”, apuntó. 

Un lugar donde el Estado tiene una oportunidad de rehabilitación —por estar recluidos— se transforma en un caldo de cultivo para reclutar jóvenes.

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