Ciencia > Entrevista a Serguéi Krikaliov

Quedó varado en el espacio 200 días cuando colapsó la URSS: ahora da consejos sobre usos del espacio

Lejos de la fantasía infantil sobre el astronauta, este veterano de la galaxia llegó para participar en una conferencia sobre los usos del espacio

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24 de mayo de 2018 a las 05:01

El astronauta Serguéi Krikaliov, el último ciudadano de la Unión Soviética y el tercer ser humano en pasar más tiempo en el espacio, visitó Montevideo con motivo de la Conferencia Global sobre Aplicaciones del Espacio. Llegó como vicepresidente de RKK Energia, la mayor empresa rusa dedicada a la fabricación de naves, estaciones espaciales y misiles balísticos, que provee a la corporación estatal que maneja el programa espacial de su país.

Cuando la Unión Soviética se disolvió, en 1991, Krikaliov estaba en órbita en plena misión. Su presidente dimitió, su país perdió el nombre y los precios se dispararon, por lo que su familia en la Tierra apenas podía comprar algo con su sueldo, mientras él no podía hacer nada, ni siquiera regresar porque no había dinero para operar la base otra vez. Así estuvo más de 200 días de corrido, a razón de una vuelta a la Tierra cada 45 minutos, hasta que regresó, puso pie en la Rusia que estrenaba nombre y se preparaba para recibir McDonald's y mucho más.

Nacido en Leningrado (actual San Petersburgo) en 1958, creció en la guerra fría y se acercó al programa espacial a comienzos de la década de 1980, mientras el gobierno de Ronald Reagan estudiaba un proyecto para militarizar el espacio como forma de desequilibrar el poder atómico a su favor. En la década de 1990, el astronauta se pasó al otro bando y trabajó para la NASA.


Desde su paso por el espacio, las telecomunicaciones, la exploración remota de la Tierra, el monitoreo de la atmósfera y de los efectos de los cambios climáticos progresaron exponencialmente, así como el uso de los satélites para defensa y vigilancia intensiva. Esta conferencia en la que participó Krikaliov apuntaba a mostrar en Latinoamérica, por primera vez, las aplicaciones del espacio para la vida cotidiana.

¿Cómo puede participar Uruguay de programas espaciales, si ni siquiera tiene un satélite propio para medir el clima?

Hay una gran diversidad de proyectos y direcciones para el uso del espacio. Se usa para agricultura precisa, por ejemplo. Yo solía pasar por Uruguay con la estación espacial a diario y he visto la evolución de la agricultura y la planificación de la infraestructura y su desarrollo. A través del espacio se pueden recolectar datos útiles para todos, desde nosotros hasta los agricultores más pequeños, para tomar decisiones. Cuestiones globales como el suministro de agua son cosas que pueden ser mejoradas con el monitoreo espacial. Se trata de ver cómo convertir el espacio en algo útil para el usuario final. Enviamos gente al espacio para cuidar de tres focos: detección remota, comunicación y navegación; tres finalidades que proveen el 80% de los ingresos de nuestro programa espacial.

En RKK Energia usted dirige el área de vuelos tripulados. ¿Cuál es la importancia de esa área?

Se discute si debemos o no enviar gente al espacio porque es una actividad que no devuelve dinero directamente. Pero en muchos aspectos, es una forma de testear métodos, equipos e ideas. Y esas experiencias se llevan a los otros aspectos comerciales. Es parecido a la ingeniería, ya que primero hacés cálculos manuales sobre sujetos de prueba y luego podés programar esos cálculos para que se hagan automáticamente. Es lo mismo que sucede en la industria automotriz: hacés un auto de prueba, que no te devuelve mucho dinero, pero a partir de esa experiencia podés enviar el modelo final a producción masiva y así comercializarlo. Con los vuelos tripulados hacemos lo mismo, testeando ideas y proyectos que luego se podrían masificar para uso cotidiano.
"Cuestiones globales como el suministro de agua son cosas que pueden ser mejoradas con el monitoreo espacial. Se trata de ver cómo convertir el espacio en algo útil para el usuario final"
¿La investigación en el espacio tendría tal volumen sin el impulso que le han dado las aplicaciones militares y defensivas?

Es posible, de hecho es la forma en que se hace. El ministro de Defensa de mi país es también usuario de los otros trabajos civiles. Es difícil diferenciar, en el mismo sentido de que no podés separar el uso que le das a tu lapicera de la que un militar le da a su lapicera. Es como las computadoras, pueden ser usadas por militares y civiles. Los datos tomados desde el espacio pueden ser usados por ingenieros civiles para desarrollar mapas y estos mapas pueden ser usados por turistas comunes o militares. En la vida real las cosas están tan entrelazadas que no podrías separarlas, y de hecho no necesitamos separarlas. Hay usos específicos como los satélites para comunicaciones militares, pero no son fuente de conocimientos sino que ellos usan el conocimiento obtenido por nosotros en misiones previas.

Serguéi Krikaliov
Serguéi Krikaliov en su visita a Montevideo
Serguéi Krikaliov en su visita a Montevideo
Pero el uso de los satélites para fines militares, de vigilancia o en una guerra, es bastante distinto al uso de una simple lapicera.

Es lo mismo. Si enviás un satélite para detección remota, en la actualidad la mayor parte de esos datos serán libres. Pero luego está la pregunta de cómo debemos usar esos datos. Podés estudiar una inundación o la deforestación en Brasil, y al mismo tiempo los militares pueden usarlos. Ellos pagan por eso. En el mundo moderno, por ejemplo, no hay demasiada diferencia entre los mapas que la gente usa para la circulación turística o para la circulación militar porque, en definitiva, es eso: circulación.

¿Qué ha cambiado de este aspecto civil y militar desde que empezó, cuando la guerra fría estaba en su última década?

Hay más y más aplicaciones de uso civil. Pero siempre la investigación ha estado separada de los fines militares. Tal vez durante la primera y segunda guerra los mejores mapas eran los militares. Pero ahora se ha avanzado tanto que unos son tan buenos como los otros. De hecho, muchas veces los militares encuentran mejores tecnologías entre las de uso civil. Hace mucho tiempo la inversión en desarrollo tecnológico para áreas militares era importante, pero ahora se opta por invertir dinero en la investigación espacial en general, de la que se pueden tomar cosas para fines militares. Desde mi punto de vista se ha reducido mucho el peso de los usos militares del espacio frente a los civiles, a pesar de que los militares lo estén usando más que hace 30 o 40 años. En definitiva, las aplicaciones civiles del espacio crecen más rápido.
"Hace mucho tiempo la inversión en desarrollo tecnológico para áreas militares era importante, pero ahora se opta por invertir dinero en la investigación espacial en general"
¿Qué rol que tiene un astronauta en una sociedad como la suya, en la que la carrera espacial ha sido tan importante?

Mi país y Estados Unidos tienen una larga historia en el espacio, y por eso muchos astronautas terminan dedicando su vida entera a esto. Esto es porque los estados los emplean como parte del proceso de desarrollo de futuras tecnologías. El otro aspecto es que como entendemos que esta carrera debe continuar, dedicamos un gran esfuerzo a formar nuevas generaciones. Muchos cosmonautas trabajan en áreas educativas, incluso a niveles generales para motivar que nuevas generaciones se dediquen a la ingeniería y que eventualmente vayan a la industria espacial. Necesitamos transferir experiencia a nuevas generaciones de pilotos y astronautas. Esto se ha hecho más importante recientemente, porque al comienzo de la era espacial cada país desarrollaba sus programas secretamente. Y ahora, desde hace varias décadas, trabajamos juntos, por lo menos desde el primer proyecto memorable, el Apolo Soyuz, en 1975. Ahí dos naves fueron lanzadas desde Houston y Kazajistán para encontrarse en el espacio. Los cosmonautas se dieron las manos simbólicamente y esto no reportó dinero en lo inmediato, pero sentó las bases para las futuras cooperaciones. Empezamos a intercambiar, a cruzar tecnologías e incluso a hacer amigos, como sucedió con los comandantes de las naves Apolo y Soyuz, quienes hasta hoy son muy buenos amigos. De ahí en más se decidió hacer proyectos conjuntos, cosa que yo también viví cuando fui el primer ruso en volar en una nave estadounidense y luego hubo estadounidenses que volaron a la estación Mir. Hicimos grandes proyectos, como la Estación Espacial Internacional, que en noviembre cumplirá 20 años.
Al comienzo de la era espacial cada país desarrollaba sus programas secretamente, pero desde hace varias décadas trabajamos juntos
¿Porqué volvió al espacio después de una experiencia tan extrema como la que vivió en 1991?

Hice aquello para lo que estaba entrenado y me mantuve en una segunda misión porque me lo pidieron. Era mi segundo vuelo. Lo que creí fue que si podía poner mi experiencia y conocimientos para futuras misiones, sería bueno. Además comenzábamos a construir la Estación Espacial Internacional y se necesitaba de mi experiencia de colaboración con los estadounidenses. Cada vuelo es una experiencia dura y querés volver para transferir tu experiencia a los nuevos que vuelan contigo. Ese fue un vuelo único. Pero esto es como escalar montañas, enfrentás condiciones muy duras, pero la mayoría vuelve a hacerlo.

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