En el Parlamento no todos los legisladores se ocupan de todos los temas. Por eso las cámaras, por ejemplo, tienen comisiones temáticas. Y dentro del asunto presupuestal, a su vez, hay un puñado de diputados y senadores especializados –por formación o por experiencia- en el tratamiento del Presupuesto Nacional. Se trata por ejemplo del diputado astorista Alfredo Asti (Asamblea Uruguay), del nacionalista Jorge Gandini (Alianza Nacional) o del independiente Iván Posada (Partido Independiente). También aparecen como actores principales en la comisión de Presupuesto integrada con Hacienda otros legisladores como el blanco Gustavo Penadés (Todos) y el diputado del Espacio 609 Gonzalo Mujica.
Son los verdaderos tejedores del tema que se dedican día y noche a masticar el articulado enviado por el Poder Ejecutivo, a recibir delegaciones de todo tipo para escuchar y luego meter mano al texto. Esa última facultad, sin embargo, está limitada, ya que el Poder Legislativo puede por mayoría redireccionar recursos pero no votar incrementos presupuestales.
De los US$ 1.800 millones de incremento de gasto del Presupuesto, la inmensa mayoría están atados a compromisos ya asumidos. Por eso los legisladores se centran en lo que el ministro de Economía, Danilo Astori, dio en llamar "espacio fiscal". Son US$ 470 millones para 2016 y 2017, los cuales ya tienen un destino pautado por el Poder Ejecutivo que los legisladores deberán discutir.
Algunos de los tejedores tienen varios presupuestos encima, y es por ese motivo que si bien apelan a asesores técnicos para completar su trabajo, cuentan con una experiencia suficiente para llevar adelante su tarea. Gandini, por ejemplo, edita un libro con todas las "referidas". Se trata de las leyes que son aludidas en los distintos artículos del proyecto de Presupuesto, y que necesita tener a mano para entender el alcance del texto de la norma que estudia.
Miles de hojas, carpetas y distintos útiles de papelería se acumulan en la sala de sesiones de la comisión en el edificio anexo del Palacio Legislativo. Cada cámara tiene 45 días para aprobar el proyecto, y eso lo tienen bien claro los legisladores. Por eso detrás del sillón del presidente de la comisión se coloca una especie de tanteador que avisa cuántos días van de trabajo y cuántos quedan para terminar.