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Yuli Nuñez es una de las pacientes oncológicas que accedió a los cascos de Quimio con Pelo Uruguay

Tecnología > SALUD

Quimioterapia con pelo: una opción cada vez más accesible en Uruguay

Desde hace más de dos años lo ofrece la organización Quimio con Pelo y ahora llegó al Hospital de Clínicas 

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05 de abril de 2022 a las 05:04

Florencia Nobelasco - Especial para Cromo

En enero de 2020 Camila Taño (25) y Evangelina Pírez (32) conocieron el proyecto “Quimio con Pelo” de Argentina a través de una publicación en Instagram y decidieron traerlo a Uruguay. En poco más de un mes ya había pacientes con cáncer pidiéndoles ayuda para poder conservar su cabello durante la quimioterapia.

El interés de las dos amigas y estudiantes de psicología en este sistema se dio porque Taño tuvo cáncer en 2016 e hizo un tratamiento de quimioterapia. “Pasé por la experiencia emocional de saber lo que es perder el pelo”, contó a Cromo. 

Las dos cofundadoras del proyecto se conocieron durante jornadas de voluntariado por las inundaciones que hubo en 2016 en San José, su departamento natal. En ese momento Taño comenzaba el tratamiento y Pírez fue quien “estuvo más presente en todo el proceso”, contó Taño, y agregó que lo vivió junto a ella, haciendo que también sintiera el asunto como algo cercano. Por eso también quiso formar parte de la iniciativa.

Evangelina Pírez y Camila Taño, fundadoras de Quimio con Pelo Uruguay

Juntas construyen cascos de frío, asesoran a los pacientes en su utilización, les brindan el equipamiento para sus sesiones de quimioterapia de manera gratuita y dirigen un grupo de WhatsApp con casi 100 usuarios del servicio que comparten tips, datos e información.

Cómo funcionan los cascos

Los cascos son confeccionados con bolsas de gel frío-calor. Se deben colocar en el freezer un día antes de su utilización. “Lo que hacen es congelar el folículo piloso del pelo para que se contraiga y no deje ingresar la medicación de la quimio, si eso sucede (el cabello) se debilita y cae”, explicó Taño.

El tipo de gel de las bolsas tiene la particularidad de que cuando se congelan no se hace hielo piedra. Esto es importante porque tienen que ser moldeables de manera de llegar bien a todos los rincones del cuero cabelludo. 

Stand de una jornada de difusión realizada por los usuarios del servicio

Las bolsas disponibles en el mercado uruguayo que cumplen con esta característica son las de la marca Body Care que viene en cinco tamaños. Cada casco tiene un costo de fabricación de $1.500.

Los cascos deben utilizarse desde una hora antes de comenzar la sesión de quimioterapia, cambiarse cada media hora durante el tratamiento y una vez finalizado permanecer con ellos una hora más. Cada usuario usa entre 8 y 12 gorros fríos cada vez. 

Debido a que no en todos los hospitales hay freezer disponible para conservarlos fríos durante la sesión, la organización brinda también una conservadora, refrigerantes y una gorrita para colocar sobre el casco de manera que quede bien ajustado a la cabeza. 

Los cascos son reutilizables y las fundadoras de Quimio con Pelo Uruguay coordinan la rotación entre los usuarios. También vuelven a ellas cuando sufren algún desperfecto. “A veces se pinchan, se rompen, hay que desarmarlos, reemplazar lo pinchado y se genera gasto desde ahí”, explicó Taño.

Resultados ¿científicos?

Quimio con Pelo Uruguay lleva más de dos años brindando gorros de gel a pacientes en tratamiento de quimioterapia. La organización actualmente cuenta con unos 400 cascos distribuidos en todo el país que están siendo usados por 40 usuarios. 

El enfriamiento del cuero cabelludo para reducir la caída del cabello en tratamientos con quimioterapia ha sido aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por su sigla en inglés) ​de Estados Unidos en 2015, dos años después tuvo una segunda aprobación y desde ese momento pacientes en todo el mundo se han sumado a su utilización.

Desde que Quimio con Pelo lo trajo a Uruguay en febrero de 2020 ya lo han utilizado más de 200 pacientes que cursaron diferentes tipos de cáncer. Un censo realizado por la organización indicó que el sistema tiene un 80% de efectividad. 

Este tipo de tratamientos fue cuestionado por parte de Dahiana Amarillo, integrante del Servicio de Oncología Clínica del Hospital de Clínicas. Según dijo al diario El País “los equipamientos caseros (los que se basan en un congelado con hielo o gel), más allá de que generan incomodidad para el paciente, no tienen ningún sustento científico. Nosotros no usábamos ninguno ni recomendamos formalmente ninguno. Muchas pacientes no lo terminaban de usar porque no los toleraban”.

Pírez dijo: “No es real que los caseros no funcionen. Hace más de dos años que venimos trabajando en esto. Nos involucramos muchísimo: investigamos antes de empezar, tenemos los testimonios, están las pruebas”. Reconoció que si bien no todos logran conservar su pelo, eso depende de “muchos factores”: entre ellos el modo de uso, la medicación que se aplique y la duración del tratamiento. 

También comentó que a pesar de que algunas personas son más sensibles al frío, la “gran mayoría de los usuarios han tolerado los cascos sin problema”.

El presidente de la Sociedad Uruguaya de Mastología, Carlos Acevedo, dijo al diario El Este que no hay diferencias entre los cascos artesanales y los cascos conectados. “Si bien, los estudios internacionales han probado su eficacia en los cascos que funcionan conectados utilizando un sistema de enfriamiento con agua; estos cascos comparten el mismo porcentaje de eficacia que los gorros artesanales fabricados y distribuidos por Quimio con Pelo.

La experiencia de una usuaria

En febrero de 2021 Yuli Núñez recibió la noticia de que tenía un tumor en uno de sus ovarios. Luego de una intervención quirúrgica, le informaron que era maligno y de alto riesgo. Debía someterse a quimioterapia. 

“Fue más fuerte el baldazo de agua cuando la oncóloga me dijo que iba a perder el cabello que lo que había sido la operación y el miedo a las quimios. No me veía sin pelo por más que me dijeran de usar peluca”, dijo Nuñez.

Se sentía muy angustiada. Compartió con sus allegados su preocupación y fue en una de esas conversaciones que una conocida le contó sobre esta iniciativa.

Desde ese momento se puso a investigar sobre el tema y descubrió que su uso estaba extendido en otros países. Contactó a Quimio con Pelo, desde donde le pidieron que consultara con su oncóloga si le autorizaba su uso. 

"No me veía sin pelo por más que me dijeran de usar peluca", dijo Nuñez

“Mi oncóloga es Verónica Terzieff. Cuando le hice el comentario me dijo que sí, que lo intentara y que eso no iba a interferir con mi tratamiento”, contó la usuaria.

Yuli comenzó con sus sesiones de quimioterapia en abril. Llevaba al hospital Pereira Rossell una conservadora con 12 cascos más el que ya tenía puesto. A pesar de que ya estaban comenzando los primeros fríos, toleró “bien” su uso. “Para mí era un salvavidas que estas chicas me estaban tirando en medio de mi tormenta. Tuve buena tolerancia y mis quimios eran de las más fuertes”, relató.

Luego de su primera sesión perdió bastante pelo. Pese a ello, seguía teniendo cabello al culminar todo el proceso. “Nunca dejé de ser yo en el espejo, nunca”, contó. 

La llegada de un equipo automatizado al Hospital de Clínicas

El 15 de marzo se inauguró en el Hospital de Clínicas un equipo de gorra de frío automatizada llamado DigniCap, según informó el diario El País. 

Un estudio indicó que más del 66% de los pacientes que lo utilizaron reportaron una pérdida de menos de la mitad de su cabello. Es el primer equipo de enfriamiento de cuero cabelludo aprobado por la FDA y tuvo un costo en el entorno de los US$ 30 mil. Para su uso fue necesario capacitar personal del hospital. 

El equipo consiste en un sistema que hace circular refrigerante a baja temperatura que se distribuye uniformemente por el casco colocado en la cabeza del paciente. De este modo se logra un enfriamiento constante y uniforme.

El profesor titular de la Cátedra de Oncología Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar), Gabriel Krygier señaló que es el primer equipo de estas características en Uruguay y América Latina, según informó Udelar.

De momento, el equipo estará disponible únicamente para mujeres que se atienden en ASSE, que estén cursando cáncer de mama o de ovario. En el futuro la idea es ampliarlo “con alguna venta de servicios para instituciones de asistencia médica colectiva”, dijo Krygier. 

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