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Raúl Ponce de León: "Quería cambiar las rutinas de Sarandí que ya no tenían sorpresa"

El periodista dejó Sarandí luego de 22 años en la emisora para pasar a conducir la mañana de El Espectador a partir de enero

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14 de diciembre de 2019 a las 05:03

Despacito, no te apures, modulá. Los tres mandamientos de Raúl Ponce de León están escritos en un cartelito que tiene desde su primer día en la radio. Tres consejos autoimpuestos por un ingeniero agrónomo que debutó en el periodismo a los 40 años. Por azar, dice. Porque fue el elegido entre los empleados de la consultora Seragro para conducir un programa agropecuario en la emisora Nuevotiempo. Allí estuvo cinco años, hasta que en 1998 se fue con su programa Cierre de jornada a Sarandí. Veintidós años después, el pasado 29 de noviembre, lloró al aire mientras se despedía de la 690 AM.

El agrónomo retirado y periodista en actividad arma una sonrisa debajo de su gran bigote blanco y dice “era un turro. La verdad es que era un turro”. El periodismo y la comunicación son oficios que se pueden moldear y guiar en universidades, pero que se terminan de aprender en la práctica. Y así fue en el caso de Ponce de León, que, como en los videojuegos, sumó experiencia y fue subiendo de nivel hasta convertirse en un referente. “Yo me escucho y no me gusto, la gente me dice que tengo una voz emblemática, pero yo nunca me sentí así”, aclara.

Aunque no lo sienta, fue parte durante años del programa que, según las mediciones del Buró de radios, es el más escuchado. Ninguno en toda la jornada, en ninguna otra emisora, lo supera. Ponce de León estaba en su techo profesional, cómodo, ya relojeando el retiro. Y apareció Juanchi Hounie.

La dupla se conoció trabajando en el programa Séptimo día, en Teledoce, y muy rápido se generó un feeling mutuo. Con eso vino la sensación de que podían funcionar como pareja al frente de un proyecto. Un día, Ponce de León lo miró y le dijo: “¿Vamos a hacer algo?”.

“La mañana de El Espectador”, le contestó Hounie. Y eso fue todo.

En enero comenzará esa nueva etapa profesional, que también se emitirá por Urbana FM. Será de 7 a 9 de la mañana, y Ponce de León, sentado en el living de su casa (que tiene una radio en cada habitación, baño y cocina incluidos), no oculta su felicidad. A los 65 años, una edad en la que es más habitual pensar en la ventanilla de jubilaciones del BPS que en la de cambio de empleador, pidió pase al grupo Magnolio y está dando los primeros pasos en la construcción de este proyecto. 

¿Cómo fue el proceso detrás de la decisión de irse de Sarandí?

Desde hace tiempo pensaba que me iba a retirar en Sarandí. Había hecho toda mi carrera, llegado ya a un lugar privilegiado en cuanto a audiencia, y pensé que me iba a quedar ahí hasta el final. Con Jorge Piñeyrúa empezamos a hacer radio juntos en Nuevotiempo, cuando él era un chiquilín de 18 años y yo ya era mayor. Nos conocimos ahí y siempre mantuvimos una relación con él y su padre, el Profe. Aparte de que Marcos Silva, el hijo de mi mujer, trabaja con ellos en 13 a 0. Y cada tanto el Piñe me hacía una llamadita: “¿Y, Raúl, cuándo te venís con nosotros?”, en tren de mantener viva la relación. Y yo le decía que no, que ya no me iba a mover. No tenía ganas de volver a empezar, de armar todo. Yo en Sarandí ya sabía cómo manejarme, conocía todo. Pero por un lado el relanzamiento de El Espectador, con un montón de programas nuevos, la mudanza, la nueva radio, todo eso fue muy motivante. Es todo para ganar. Y por otro lado nos cruzamos con Juanchi Hounie en Séptimo día y se me encendió el bichito de que había un proyecto que me estaba entusiasmando.

¿Sarandí era un ciclo exitoso pero cerrado, entonces?

Quería cambiar un poco las rutinas de Sarandí, que ya no tenían sorpresa. No es que te achanches, pero el formato funciona, el programa es de lo más escuchado, y ya está, porque por eso mismo tampoco te dejan cambiar. Si funciona no se toca. Pero fue todo muy rápido, porque en Séptimo día empezamos en agosto, Juanchi decidió dejar la mañana de Teledoce, los dos jugamos al proyecto nuevo y creemos que va a funcionar. Y en enero arrancamos. 

¿Los llamó Magnolio o ustedes fueron con el proyecto?

Fue como un ida y vuelta en realidad. Cuando con Juanchi vimos la posibilidad de hacer algo juntos, lo invité yo a tomar un café al Piñe. Le dije que tenía una idea, pero él, por su lado, también había percibido que la dupla tenía algo, sin nunca haber hablado. Se alinearon los planetas. Ahora el tiempo dirá si fue correcta o no la decisión.

Da este salto en una etapa de la vida con la que no se asocia el cambio. 

Sí, hay mucha gente que me felicitó y me dijo: “La verdad que a tu edad arrancar un proyecto nuevo…”. Y sí. Me entusiasmé. No tenía previsto alargar mucho más mi tarea profesional. Prefiero irme cuando estoy lúcido, bien, la gente te quiere, te reconoce, te escucha. Pero la verdad es que esto me entusiasmó y un par de años al menos me voy a entusiasmar, me voy a meter. No conocía Magnolio, el lugar, el entorno, el estudio, es espectacular. Hasta los jardines te motivan. Sarandí es una radio muuuuuy tradicional, de pocos movimientos, que funciona y no se toca, y con esto (Magnolio), que ha sido a prueba y error, les ha ido bien. 

¿Por dónde conectaron con Juanchi?

A mí me parece un tipo muy interesante. Muy formado. Con la música estoy fuera de concurso porque somos de generaciones totalmente distintas. Pero por ahí va el complemento. También, hace un par de meses, su compañero en Fácil desviarse, el Sapo (Diego) Zas, se fue de vacaciones. Entonces hicieron la mímica del casting para reemplazarlo, y fui uno de los invitados. Estuve una hora y pico con él, y jugamos de memoria. Con ida y vuelta, ironía, humor, y eso es algo que creo que la gente siempre valoró. Con Gerardo Sotelo estuvimos 15 años y jugábamos de memoria, cuando pasa eso, que sin tener ni una línea ya sabés qué está pensando, es ideal. Con Gabriel Pereyra también, aunque en otro formato, el es más ácido y más “para abajo”, pero tiene un aporte periodístico fenomenal que complementa, y nos entendemos. Juanchi me recuerda a Sotelo joven, más dinámico. Y quizá sea también el intento de recuperar, en otro estilo, ese ciclo que tuvimos juntos.

A lo largo de su carrera ha integrado varias duplas memorables, ¿ahí está la clave para que un programa funcione?

Yo creo que sí. En los programas periodísticos es así. Un informativo radial más formal, tradicional, no funciona. La gente se aburre. Tiene que ser algo interactuado, donde comentes las noticias y opines. Y la gente te putea o está a favor, pero no es indiferente. Ayudas a crear visiones. Lo he visto ahora en las despedidas de Sarandí, he tenido una cantidad increíble de despedidas. A veces no te das cuenta de lo que significas para la gente. Que todas las mañanas te despertás con ellos, con la familia, mientras desayuna, y siempre te tienen de fondo. Te haces muy familiar. Te tienen confianza, y si sos honesto, aunque te equivoques, te reconocen. Y si le ponés humor, más. 

A Pereyra le dijo durante su último programa que podía haber un reencuentro laboral.

Tenemos un proyecto que estamos conversando, algo que todavía está verde pero se va a resolver antes de fin de año si tiene lugar o no, para volver a encontrarnos en un proyecto televisivo, periodístico. Dependiendo de qué pase con Séptimo día veo si seguir en el proyecto con Gabriel, porque ahí estoy cómodo (N. de R: en Teledoce informaron a El Observador que el programa continuará en 2020, hasta pasadas las elecciones departamentales). Ahí hay otro factor en esa cuestión de por qué cambiar ahora. Me junté con un equipo más joven de periodistas y me rejuveneció, me sentí cómodo. Algo que en Sarandí ya no tengo mucho. Acá está toda la discusión previa, la evaluación. Y me dio energía vital, una transferencia de ganas de hacer cosas por un tiempo más. Séptimo día me ayudó a romper el molde. Y hay ciclos que ya están cerrados, llega un momento en que decís “ya está”. Estaba cansado de atajar todos los penales, ya cumplí. Ahora que vaya otro. En este proyecto de El Espectador una de las condiciones que puse es que haya productores jóvenes, y que tiren un poco ellos. Yo pongo la experiencia y las ideas, lo que pueda aportar. Una mezcla generacional. 

¿Cómo se viene perfilando el programa nuevo?

Todavía no redondeamos mucho los contenidos, porque tampoco quise avanzar mucho antes de cerrar mi ciclo en Sarandí, a tal punto que ni siquiera había ido a conocer Magnolio hasta ahora. No creo que haya mucho cambio, es mantener el estilo tanto el de Juanchi como el mío, y la buena onda. Creo que la gente valora el buen humor en la mañana, para que no se haga pesado. Es la misma información que manejamos todos, porque a priori no tenemos una agenda distinta a la de los diarios, que son los que la marcan, pero con otro enfoque. Y la idea es que sea un poco más periodístico que informativo. No es fácil, porque ahora El Espectador sale a ilidiar con Informativo Sarandí, que de audiencia está allá arriba, pero es un desafío. Te imaginás que para mí es una mezcla de tristeza, porque durante años lo ayudé a conformar su lugar de privilegio, y de desafío. Me di cuenta de ese vínculo con la audiencia este año, porque al pasar a la tele le puse cara a la radio, y ahí la gente empezó a reconocerme. Y nunca había percibido eso. Llegué ahora a Punta Cana, y había dos uruguayos que me vieron y me fueron a saludar. Y ahí tomé conciencia de lo mucho que se escucha. Ahora es competencia, hasta el día que estuve en Sarandí sudé la camiseta lo más que pude, ahora tengo otra y la voy a sudar. Yo sabía aparte que en Sarandí tenía mi techo, que más arriba no podía ir. Me fui por la puerta grande, sin nada pendiente. 

¿Cómo ve que ha cambiado la radio en estos veinte años de carrera?

Ha perdido mucha formalidad. Yo siempre fui un amante de la radio, y siempre escuché Sarandí. Es un desafío importante, porque las nuevas generaciones son distintas y consumen distinto. Sarandí tenía ese formato tradicional, pero el mundo avanza, y un joven escucha lo que le interesa, que capaz es solo una nota, cuando le interesa, sin depender del horario del programa. Y me parece que con toda esta barra joven, las redes sociales, e incorporar Urbana–que no se toma como repetidora, sino como una emisión simultánea–, va por ahí, intentar enganchar a un segmento más joven. Y para eso hay que salir de los cánones más tradicionales del informativo de titulares, ir por el comentario, por la disputa, la pelea en el buen sentido. Jugar con las voces, los enganches musicales. Son las ideas, que todavía no hemos discutido. Y el oficio, que tiene Juanchi y que tengo yo. 

¿Cómo es su relación cotidiana con la radio?

Escucho todo el día, salvo en el auto, que soy más de la música. Soy muy escucha del proyecto Magnolio, desde que surgió, tanto Del Sol como El Espectador. Porque me recuerda a cuando empecé a hacer radio en 1993, en Nuevotiempo. Fue algo parecido, se desgajó el grupo de periodistas más importantes de Sarandí: Néber Araújo, Jorge Traverso, Lil Bettina Chouhy, y armaron su propio proyecto. Y esto nace de una forma parecida. Y a través de Marcos vi que se había conformado una filosofía de trabajo, de entusiasmo, de compromiso, que tenía Nuevotiempo en los noventa. Cuando empezás algo nuevo, todo es un desafío. Cuando entrás en algo que ya funciona de antes, sos un engranaje más. Trato de escuchar también formatos argentinos, no tanto Sarandí, porque hasta ahora estaba ahí todo el día y quería zafar un poco de eso, descansar.

El retiro, entonces, está postergado.

La radio es maravillosa, para mí es un placer ir a trabajar. Me preguntan, ¿no tenés ganas de jubilarte? Y la verdad es que no, porque me pagan para hacer lo que me gusta, y hacerlo en estas condiciones, con desafíos, es un privilegio. Mientras me dé la cabeza y no me empiece a confundir los nombres (risas). Te pagan por leer y mantenerte informado. Y me encanta madrugar, no me complica. Así que sí, el retiro quedó postergado. Puede ser un año, dos años, o no sé cuánto, pero por ahora sigo. Mi horizonte no es mucho más de dos años tampoco, pero eso lo digo hoy, lo iré viendo. 

Carrera radial. Ponce comenzó su trayectoria con Agroeconomía en Nuevotiempo en 1993. En 1998 pasó a Sarandí con Cierre de jornada, que se mantuvo hasta 2000. Al año siguiente lideró En vivo y en directo; luego condujo El diario Sarandí, hasta que en 2008 pasó al informativo de la emisora.
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