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Read cuelga los guantes: "El empresariado uruguayo está en vía de extinción"

El histórico dirigente de la bebida se retira de la actividad sindical y cree que va a ser un "jubilado obsesionado por la pérdida de empleo"

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17 de agosto de 2018 a las 13:00

Fue orador del emblemático acto del 1° de Mayo de 1983. Participó en la ronda de Consejos de Salarios de 1985 cuando los convocó el gobierno de Julio María Sanguinetti luego de un par de décadas de estar inactivos.

También fue actor sindical fundamental cuando en 2005 la primera administración de Tabaré Vázquez los reinstaló, luego de la suspensión decidida por el gobierno de Luis Alberto Lacalle. Desde ese momento ha firmado algunos de los convenios más importantes para su sindicato, el de la bebida. En los últimos días rubricó un nuevo acuerdo con aumentos altos y beneficios extrasalariales.


Su gremio, la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida (FOEB) gestiona cuatro centros educativos en Montevideo y otros departamentos. A los 65 años, decidió retirarse de la actividad sindical. Aunque no piensa dejar de opinar de política, cuestionar acciones del gobierno de turno y de la dirigencia. Richard Read cuelga los guantes, pero va a seguir al costado del ring.

¿Por qué decidió alejarse de la actividad sindical en este momento?
En la ronda salarial de 2015 en una asamblea de cierre luego que se lograron todos los puntos ahí anuncié que entraba en la etapa del retiro. Habíamos acordado que el que iba a ocupar el cargo era Fernando Ferreira. Al año hicimos elecciones en la FOEB; Ferreira está de presidente y en el secretariado del PIT-CNT. Tiene las cosas bien claras desde el punto de vista clasista. Se armó un equipo en estos tres años para trabajar en negociación colectiva, capacitación, por lo tanto mi etapa estaba ya prácticamente terminada. Me pidieron que acompañara y participara en estos Consejos de Salarios y ya estamos saliendo. El criterio fue tratar de salir lo antes posible, van a negociar 1,4 millones de trabajadores, teníamos que marcar arriba del tablero para ser referentes de muchos gremios. En mayo ya teníamos la fórmula acordada. Fue un Consejo de Salarios redondo, tiene todo lo social, género, productividad, evaluación de tarea. No pusimos reducción de jornada laboral porque ya la tenemos y picamos arriba con los sueldos sobre una base salarial muy alta y se pudo firmar. Estamos finalizando negociaciones en otros subgrupos. Los ciclos son eso. El mío fue largo, creo que soy el dirigente con más tiempo en permanencia en forma ininterrumpida, yéndome en febrero del año que viene, serían 37 años al frente del sindicato. Es una vida. Cumplo 65 años. Soy el único que queda de los Consejos de Salarios de 1985, tengo el honor de haber vivido toda la etapa.

¿Le generó desgaste todo este tiempo?
No, porque cuando uno lo hace convencido no hay desgaste. Soy uno de los privilegiados que hizo lo que vocacionalmente le gusta, la defensa de los trabajadores. He tenido la suerte de surfear en la tabla de un sindicato que lo que me ha dado fueron victorias. Las perdidas que las cuenten otros; yo tengo para contar de este gremio montones de ganadas. Tengo el desgaste normal de un hombre público que opina de política y cuando lo hace tiene respuestas. Mi salida fue gradual. Voy a seguir, porque así lo resolvió el gremio, en la coordinación de los centros sociales y educativos de FOEB y a la orden.

¿Cómo ve a los dirigentes más jóvenes? Hay gente que piensa que se saltean etapas, que arrancan por el final.
Que haya compañeros que agarren la bandera del sindicalismo es fantástico cuando hay cada vez más individualismo. Me pongo en lugar de ellos, cuando tenía su edad también algunos podrían decir: mirá este, viene a romper todo. Hay una sociedad que cambió, con otros códigos, otros valores, definiciones ideológicas no tan vinculantes como en otras épocas. Soy de una época donde las usinas ideológicas funcionaban. Los blancos tenían varios dirigentes sindicales, los colorados en la Corriente Batllista Independiente (CBI) tenían un nicho de discusión política sindical, ni hablar en el Frente Amplio. Eso está muy menoscabado, casi inexistente, salvo excepciones, pero no es la usina ideológica de antes. Se perdió mucho y eso se nota luego en el reflejo del cotidiano. La sociedad también perdió identificación ideológica. La generación de hoy es la de esta sociedad, igual que los dirigentes políticos. Los partidos también perdieron los debates ideológicos internos.

¿A los empresarios actuales cómo los ve?
Normalmente es difícil que se les caiga una idea, es un empresariado reticente a participar, a integrarse con otros colectivos en el tema social. Acá hay hechos aislados e individuales. Cuando opinan es el dólar, la ley de negociación colectiva, la inflación. Siempre es una queja, un llanto o un mangazo. El empresariado uruguayo está en vía de extinción. Prácticamente, la inmensa mayoría en los Consejos de Salarios son multinacionales, aunque sean uruguayos representan multinacionales y la inmensa mayoría son abogados.

El PIT-CNT también ha sido cuestionado por algunas actitudes en los últimos tiempos. ¿Qué opina de la dirección del movimiento sindical, más allá que se alejó de ella?
El PIT-CNT viene mal visto en la sociedad hace años, no de ahora, en la época que estábamos todos, yo también. De esa mala imagen yo también soy parte, no soy un santo. Ha habido un énfasis excesivo hacia resolver posturas sobre política internacional, muy ligado a una mayoría que respeto, pero que no es el sentir ni ahí del resto de los trabajadores. El caso de Venezuela, el silencio con Nicaragua. Creo que ese flechazo no le hace bien a la imagen y a la credibilidad y es legítimo que cada uno piense como quiera. La imagen institucional en Uruguay se ha caído, la del gobierno, la mayoría de la gente tiene un estado negativista con el gobierno, eso es un peligro. Después aparecen en las encuestas gente que dejó de creer en la política; cuando dejás de creer en la política o estás a la vuelta del fascismo o a la vuelta del payaso Plin Plin.

¿Cree entonces que el PIT-CNT salió a jugar en una cancha que no le correspondía?
Me parece que sí. En el 1° de Mayo último a dos meses de los convenios colectivos, Consejos de Salarios, Rendición de Cuentas, deberíamos haber hecho mayor énfasis en estos temas. Llevamos 40 días de Consejos de Salarios y la inmensa mayoría no va a laudar. Se debió hacer mayor énfasis en eso.

Dentro de dos años, ¿se ve más cerca de un dirigente sindical o político?
¿En dos años? Un jubilado. Que va a seguir opinando de política con mis limitaciones, muy preocupado por el tema del empleo, obsesionado por la pérdida de puestos de trabajo, por el ausentismo. Preocupado por una generación que viene mal capacitada desde el aula, desde la casa. Voy a ser un veterano preocupado por eso, aportando y hablando si hay alguna oreja que escuche. Después no me veo en mucho más

Es de izquierda pero no escatima críticas. ¿Cómo convive con esa situación?
La izquierda esencialmente es autocrítica, entiende que el pensamiento es dinámico, como la vida. El día que cierta izquierda crea que el pensamiento es estático, le voy a tener mucho miedo a quien piense así. Creo en una izquierda dinámica, abierta, variando y cambiando. Creo que hay mucha gente de izquierda que está bajo el paraguas de la izquierda del Frente Amplio, yo estoy. Pero también hay gente que no está bajo ese paraguas y es de izquierda

¿Ahora la izquierda está demasiado estática?
¿Hablás del partido político, del Frente Amplio?

Sí.
Porque la izquierda es mucha más amplia que el Frente, no me digas que si sos de izquierda sos del Frente, porque hoy hay actitudes del Frente Amplio que no son de izquierda. El Frente Amplio es policlasista, por definición, su programa es progresista, pero no es de izquierda, no es transformador, la historia lo demostró en 15 años. ¿Qué alejó a la gente? La falta de autocrítica. La vida demostró que los malos están mezclados en los dos lados, que en la gestión dejamos algunos huecos importantes. El tema inseguridad está haciendo estragos, no es sensación térmica, la gente piensa que los chorros van ganando uno a cero. Si bien bajó la pobreza, quedó un cascarón muy duro en lugares de contexto crítico. Y en la gestión, tomemos ANCAP y ALUR como referentes, unos agujeros negros que son tremendos. Eso fue rodeado de una falta de autocrítica, de sinceramiento.

Habló de su preocupación por el empleo. ¿En qué se debería trabajar para mejorar o al menos para que no haya más pérdida de puestos de trabajo?
Perder vamos a perder. Está más allá de la voluntad de los uruguayos. Antes existía el peón común como un referente masivo. En Fábricas Nacionales de Cerveza (FNC) en 1976, había 1.300 empleados, de los cuales al menos 600 eran peones comunes. Hoy, en 600 personas que hay, el porcentaje de peones comunes no llega a 5%. ¿Qué pasó? Ingresó la cuarta revolución, de la mano de la tecnología de punta, del software, principalmente las plataformas. Los pensadores dicen que en los próximos ocho años se va a perder el 40% de los empleos que tenemos hoy. Si este año debutó la generación del siglo XXI en el trabajo, tienen 18 años y dentro de ocho no van a tener el empleo que tienen hoy... Va a quedar un porcentaje mínimo de gente capacitada, profesionales, que pueden atender la alta demanda tecnológica. Pero para llegar ahí se necesitan posgrados seguir estudiando, capacitarte permanentemente estar actualizado. Después no va a estar más el peón común, va a estar en extinción. Va a haber un bolsón enorme de gente con trabajo mal pago, donde el trabajo genuino va a ser muy poco. Esa va a ser la realidad.

¿Se puede revertir eso?
Creo que hay que buscar formas, en caso contrario es apocalíptico. Una reforma educativa que ponga en un plano de nivel superior para asimilar todos estos requisitos, asechanzas. Después una política de Estado para saber hacia dónde va Uruguay. He leído documentos de compañeros del movimiento sindical muy legítimos, pero que yo no comparto. Que ven que el Uruguay sale de vuelta con las fábricas, con la industria. Para mí, el Uruguay de la chimenea ya fue, no competís en el mundo globalizado, que no nos gusta pero es el que hay. Las chimeneas están en vías de extinción. Suena feo, aleja votos. ¡A mí qué me importa eso! Sé que la solución no es la celulosa, porque tiene un pico de cuatro o cinco años en el armado que después se cae. Luego queda una meseta de 400 o 500 puestos de trabajo. ¿Son desechables? No. Pero para la magnitud de las exoneraciones habría que pensarlo.

"Fuimos el único sindicato que le peleó al capitalismo la plusvalía"

¿Qué le dejó haber conseguido que la cerveza Stella Artois se produzca en Uruguay?
Tuvo un significado enorme. Dijimos que la Stella Artois no la importaran; vamos a producirla y envasarla acá. (La FOEB) fue el único sindicato que le peleó al capitalismo la plusvalía. Los tipos ganan más trayéndola, pero les dijimos: la traés y no te la cargo en el camión y no te la va a repartir nadie. Para que dijeran que si, hubo que convencerlos de que íbamos a producir bien, con eficiencia, con productividad, así estuvimos un año estudiando las máquinas.

Tuvo que hablar para adentro también, con los trabajadores.
Sí, porque si te peleás por el puesto de trabajo para el colectivo y después hay gente que tiene 36 faltas en el año... El mejor sindicato no es el que hace más paro, lo dije toda la vida, es el que mejor laburantes tiene abajo. Hay que ordenar que haya derecho y obligaciones, ese es el equilibrio, en la sociedad lo es. Decirlo no te trae aplausos, te trae chiflidos, pero eso me importa poco.

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