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10 de julio 2023 - 5:02hs

En Estados Unidos, la ley, las costumbres y el desarrollo social habían convertido en algo inusual el trabajo infantil. Sin embargo, en tiempos más recientes, para sorpresa y conmoción de muchos, está volviendo con fuerza, según escribió el historiador e investigador Steve Fraser para el sitio independiente Tom Dispatch.

Un número sorprendente de legisladores está realizando esfuerzos concertados para debilitar o derogar estatutos que durante mucho tiempo han impedido, o al menos inhibido gravemente, la posibilidad de explotar laboralmente a los niños.

Las cifras son contundentes: la cantidad de niños que trabajan en Estados Unidos aumentó en un 37% entre 2015 y 2022. Durante los últimos dos años, 14 estados han introducido o promulgado leyes que revierten las regulaciones que rigen la cantidad de horas que los niños pueden trabajar, han rebajado las restricciones para las tareas riesgosas y legalizado los salarios por debajo del mínimo para los jóvenes.

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El estado de Iowa permite ahora que niños de hasta 14 años trabajen en lavanderías industriales. A los 16, pueden aceptar trabajos en techado, construcción, excavación y demolición, incluso operar maquinaria motorizada. Los jóvenes de 14 también pueden, incluso, trabajar en turnos de noche y, una vez que cumplen los 15 pueden unirse a las líneas de montaje. Todo esto, por supuesto, estaba prohibido hasta no hace mucho tiempo.

Los legisladores ofrecen débiles justificaciones para tales violaciones de prácticas abolidas desde hace mucho tiempo. Trabajar, argumentan, aleja a los niños de las computadoras, los videojuegos y la televisión.

En 2014, el Instituto Cato, un grupo de expertos vinculado a políticos de derecha, publicó "Un caso contra las prohibiciones del trabajo infantil", argumentando que tales leyes sofocaban las oportunidades para los niños pobres, y especialmente negros. La Fundación para la Responsabilidad Gubernamental, un espacio financiado por donantes conservadores, ha encabezado los esfuerzos para debilitar las normas sobre trabajo infantil, y Americans for Prosperity, la fundación multimillonaria de los hermanos Koch, se ha unido a la cruzada.

Según Fraser, estos ataques tampoco se limitan a estados republicanos. También California, Maine, Michigan, Minnesota y New Hampshire, así como Georgia y Ohio, han avanzado con ataques a la legislación protectora. Incluso Nueva Jersey aprobó una ley en los años de la pandemia que aumenta temporalmente las horas de trabajo permitidas para los jóvenes de 16 a 18 años.

Es un secreto a voces que las cadenas de comida rápida han empleado a niños menores de edad durante años y simplemente consideran como un costo más las ocasionales multas que reciben. Niños de tan solo 10 años han estado trabajando en tales cadenas en Kentucky, y la mayor parte de ellos más allá de los límites de horas prescritos por la ley. Los techadores en Florida y Tennessee ahora pueden tener tan solo 12 años.

Recientemente, el Departamento de Trabajo encontró más de 100 niños entre las edades de 13 y 17 años trabajando en plantas empacadoras de carne y mataderos de Minnesota y Nebraska. Grandes empresas como Tyson Foods y Packer Sanitation Services, está última propiedad de BlackRock, el fondo de gestión de activos más grande del mundo, también estaban en la lista.

En este punto, prácticamente toda la economía está notablemente abierta al trabajo infantil. Las fábricas de ropa y de autopartes que abastecen a Ford y General Motors emplean a niños inmigrantes, algunos por jornadas de 12 horas. Muchos se ven obligados a abandonar la escuela solo para aportar a la economía del hogar. De manera similar, las cadenas de suministro de Hyundai y Kia dependen de los niños que trabajan en Alabama, indica Fraser en su artículo.

Protestas por el aumento de trabajo infantil en Estados Unidos

Como informó el New York Times en febrero pasado, los niños menores de edad, especialmente los inmigrantes, están trabajando en plantas empacadoras de cereales y fábricas de procesamiento de alimentos. En Vermont, los “ilegales”, porque son demasiado jóvenes para trabajar, operan máquinas de ordeñe.

Algunos niños ayudan a hacer camisetas en Los Ángeles, hornean pan para Walmart o trabajan produciendo medias para Fruit of the Loom. Estados Unidos es un lugar notoriamente inseguro para trabajar y la tasa de accidentes de niños trabajadores es especialmente alta, incluido un inventario escalofriante de amputaciones, envenenamientos y quemaduras.

La periodista Hannah Dreier lo ha llamado “una nueva economía de explotación”, especialmente cuando se trata de niños inmigrantes. Un maestro de escuela de Grand Rapids, Michigan, al observar la misma situación, comentó: “Estás sacando niños de otro país y poniéndolos casi en servidumbre industrial”.

En Inglaterra, en el siglo XVIII, el filósofo John Locke, entonces un célebre campeón de la libertad, argumentaba que los niños de tres años deberían ser incluidos en la fuerza laboral. Daniel Defoe, autor de Robinson Crusoe, estaba feliz de que “los niños después de los cuatro o cinco años pudieran ganarse cada uno su propio pan”.

En un Informe de 1791 sobre el sector manufacturero, Alexander Hamilton, el “padre” de la democracia estadounidense, señalaba que los niños “que de otro modo estarían ociosos” podrían convertirse en una fuente de mano de obra barata. Las afirmaciones de que trabajar a una edad temprana evitaba los peligros sociales de la “holgura y la degeneración” siguieron siendo un elemento de la ideología de élite hasta bien entrada la era moderna. De hecho, sigue siendo hoy.

Hasta bien entrado el siglo XX, el capitalismo industrial dependía de la explotación de niños que eran más baratos de emplear y, hasta el advenimiento de tecnologías más sofisticadas, podían lidiar con la maquinaria relativamente simple que entonces existía.

Mientras tanto, las familias de clase trabajadora fueron explotadas tan severamente que necesitaban desesperadamente los ingresos de sus hijos. Como resultado, en Filadelfia a principios de siglo, el trabajo de los niños representaba entre el 28% y el 33% de los ingresos del hogar de las familias biparentales nativas. Para inmigrantes irlandeses y alemanes, las cifras eran del 46% y 35%, respectivamente.

Entonces, no sorprende que los padres de la clase trabajadora se opusieran a menudo a las propuestas de leyes sobre el trabajo infantil. Como señaló Karl Marx, el trabajador ya no podía mantenerse a sí mismo, por lo que “ahora vende a su esposa e hijo”. Se convierte en traficante de esclavos.

Cuando los niños intentaron escapar, en respuesta, los propietarios comenzaron a rodear sus fábricas con alambre de púas, u obligaron a los niños a trabajar de noche cuando el miedo a la oscuridad les impedía huir. Algunas de las 146 mujeres que murieron en el infame incendio de la Triangle Shirtwaist Factory de 1911 en el Greenwich Village de Manhattan eran adolescentes de 15 años.

En 1904 se formó un Comité Nacional de Trabajo Infantil. Durante años, presionó a los estados para prohibir, o al menos frenar, el uso del trabajo infantil. Las victorias, sin embargo, a menudo eran claramente pírricas, ya que las normas promulgadas eran invariablemente débiles, incluían docenas de exenciones y se aplicaban mal.

Finalmente, en 1916, se aprobó una ley federal que prohibió el trabajo infantil en todas partes. En 1918, sin embargo, la Corte Suprema la declaró inconstitucional.

De hecho, solo en la década de 1930, después de la Gran Depresión, las condiciones comenzaron a mejorar. Dada la devastación económica y con trabajos tan escasos, los adultos, especialmente los hombres, tomaron prioridad y comenzaron a hacer las tareas que antes estaban relegadas a los niños.

En esos mismos años, el trabajo industrial comenzó a incorporar maquinaria cada vez más compleja que resultaba demasiado difícil para los niños más pequeños. Mientras tanto, la edad de escolarización obligatoria aumentaba constantemente, lo que limitaba aún más el grupo disponible de niños trabajadores.

En 1938, con el apoyo de los sindicatos, la administración New Deal del presidente Franklin Roosevelt finalmente aprobó la Ley de Normas Laborales Justas que, al menos en teoría, puso fin al trabajo infantil, aunque eximió al sector agrícola.

Es sorprendente descubrir que una plaga, que una vez se pensó desterrada, vuelve a reaparecer. El capitalismo estadounidense es un sistema global, sus redes se extienden prácticamente por todas partes. Hoy en día, se estima que hay 152 millones de niños trabajando en todo el mundo. 

No todos, por supuesto, están empleados directa o indirectamente por empresas estadounidenses. Pero ciertamente deberían ser un recordatorio de cuán socialmente regresivo se ha vuelto el capitalismo tanto en Estados Unidos como en otras partes del planeta.

Si bien el poder de la economía estadounidense es indiscutible y las elites la han transformado en parte fundamental del sistema de creencias y la retórica social, hay razones para pensar que ese panorama no muestra las grietas que atraviesan el sistema.

La esperanza de vida, por ejemplo, una medida básica del desarrollo social, ha disminuido implacablemente durante años. La atención médica no solo es inasequible para millones, sino que su calidad se ha vuelto de segunda categoría en el mejor de los casos si el enfermo no pertenece al 1% más rico de la sociedad. De manera similar, la infraestructura del país ha estado en declive durante mucho tiempo por su antigüedad y décadas de abandono.

Fraser aduce que puede pensarse entonces en Estados Unidos como un país desarrollado en medio de las “angustias” del subdesarrollo. En ese contexto, el regreso del trabajo infantil es profundamente sintomático. Incluso antes de la gran recesión que siguió a la implosión financiera de 2008, el nivel de vida había estado cayendo, especialmente para millones de trabajadores que se vieron afectados por un tsunami de desindustrialización que duró varios años.

Esa recesión, que oficialmente duró hasta 2011, solo exacerbó aún más la situación. Puso presión adicional sobre los costos laborales, mientras que el trabajo se volvió cada vez más precario, cada vez más despojado de beneficios y sin sindicatos. Dadas las circunstancias, ¿por qué no recurrir a otra fuente de mano de obra barata: los niños?

Los más vulnerables entre ellos provienen del extranjero, inmigrantes del Sur Global, que escapan de economías en crisis, a menudo atribuibles a la explotación y dominación económica estadounidense. Si el país ahora está experimentando una crisis fronteriza, sus orígenes se encuentran puertas adentro de la frontera.

El Covid-19 creó una escasez de mano de obra, que se convirtió en un pretexto para que los niños volvieran a trabajar, aunque el regreso del trabajo infantil haya en realidad sido anterior a la pandemia. Puede considerarse a estos niños trabajadores en el siglo XXI como un signo distintivo de una moderna patología social.

(Extractado de Tom Dispatch)

Temas:

Estados Unidos trabajo juvenil

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