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Regla fiscal: tiempos de compromiso

Todos tenemos que exigir una buena conducta fiscal 

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09 de mayo de 2019 a las 05:02

Julián Barquín  
Primer Premio Academia Nacional de Economía 2018

Cuenta el libro del Génesis que, estando en Egipto, José el patriarca fue llevado ante el Faraón para interpretarle un sueño que lo atormentaba. Haciendo uso de su don divino, José advierte que el sueño del Faraón era una predicción de los siete años de cosechas abundantes que vendrían, seguidos de siete años muy malos. José, hombre sabio y prudente, aconseja al Faraón hacer acopio de un quinto de las cosechas durante los años de abundancia y echar mano a las reservas los años de escasez para salvar al pueblo del hambre.

Lo que los egipcios pudieron hacer, siguiendo los consejos de un sabio extranjero, los uruguayos no hemos podido. Hemos perdido 50.000 puestos de trabajo desde el pico de 2014 y nos encontramos con una economía estancada, sin contar con los ahorros necesarios para contrarrestar la situación. 

El manejo responsable de las finanzas es una deuda histórica de nuestros gobernantes. No tiene color político. Están dados los incentivos para el manejo irresponsable y el gasto procíclico. Y nuestra responsabilidad, cada uno desde su lugar, es exigir un cambio, ahora. ¿O queremos terminar como Argentina o Venezuela?

Unas finanzas públicas sanas implican exigirle al gobernante mucho más que un compromiso del que se pueda escapar de manera discrecional (la actual Ley Nº 17.947): necesitamos una regla fiscal con un soporte institucional adecuado. Problemas como el atraso cambiario y las altas tarifas, que golpean al sector productivo de forma directa, se habrían aliviado de haber contado con un compromiso de ahorro en tiempos de prosperidad por parte del gobierno.

Afortunadamente, no se requiere ser pioneros o demasiado innovadores para lograrlo. Distintas propuestas a nivel nacional se han basado en casos exitosos de responsabilidad fiscal de países vecinos como Chile, que cuentan con reglas fiscales bien implementadas, fundamentadas en balances estructurales de la economía nacional, ajustados según el ciclo económico, y metas prudenciales que permiten el ahorro sin afectar rubros claves como la inversión.

Los anglosajones han implementado en su cultura política el concepto de accountability, el deber de rendir cuentas sobre la gestión realizada de los dineros públicos de cara a la sociedad. Este año electoral es la oportunidad para exigir justamente eso. A los que se van, para que se responsabilicen por sus decisiones con todas sus consecuencias, como cualquier adulto. Y a los que vienen, para que entiendan que en Uruguay, el gobernante que esté de turno, tendrá que administrar los dineros públicos con la diligencia del buen padre de familia. Llamamos a todos los precandidatos, de todos los partidos a pronunciarse sobre este asunto. Queremos saber qué tipo de gestión le van a dar a nuestros recursos.

La conducta fiscal no puede ser una opción de buena voluntad. Depende de nosotros exigirla.

 

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