Si el relato del pescador José Salvador Alvarenga resulta cierto, su protagonista pasará a la historia como la persona que más tiempo sobrevivió a la deriva alimentándose como podía y sin desesperar hasta que tocó tierra a más de 12.500 kilómetros de donde zarpó. No faltarían ingredientes milagrosos como la ausencia de tormentas o la manera en que logró mantener la calma. Pero su relato, al menos la parte que se conoce hasta ahora, todavía no permite ser creído del todo y, más bien, deja al descubierto algunos baches importantes.
La primera duda acerca de la real supervivencia del salvadoreño durante 13 meses en alta mar es su aspecto físico: el mundo lo pudo ver desgreñado, sí, pero con poca apariencia de desnutrido. El hombre contó que se había alimentado de los peces que cazaba desde la barca de fibra de vidrio de siete metros de largo en la que se encontraba, así como de algunas aves y tortugas.
“Se lo veía mejor de lo que cabría esperar”, reconoció el embajador de Estados Unidos en las islas Marshall, Thomas Ambruster, uno de los primeros que lo vio.
Entrevistado por BBC Mundo, Giuseppe Russolillo, presidente de la Asociación Española de Dietistas y director de la Conferencia Mundial de Dietistas, explicó que “las tortugas tienen un gran valor nutricional”, lo que implica que, gracias a este animal, Alvarenga habría obtenido grasas y proteínas. De la sangre de las tortugas, que reconoció que bebió, habría conseguido una concentración de azúcares, nutrientes y sales importantes para sobrevivir.
“Aunque faltan muchos alimentos (vegetales, frutas y fibras) la vida es compatible y solo se va desnutriendo”, agregó Russolillo. “Desconozco su capacidad de pesca, pero si comió mucha proteína, no tenía por qué adelgazar y pudo aguantar perfectamente”, complementó el experto.
Pero la clave está en la hidratación, sin la cual no habría soportado más de cuatro días, mientras que el máximo que una persona puede pasar sin comer es de cuatro meses. Lo estimado para sobrevivir en situaciones extremas es un mínimo de entre 400 y 600 ml de líquido al día, unos tres vasos. El pescador salvadoreño aseguró que bebió agua de lluvia y, cuando esta escaseaba, su propia orina. “Es imposible que alguien sobreviva tanto tiempo en un bote salvavidas porque este no tiene capacidad para guardar suficiente agua”, indicó sin embargo el nutricionista.
Se desconocen los detalles de cómo era el barco en el que Alvarenga pasó el último año de su vida, pero si este tenía algún lugar donde guarecerse, entonces el relato se vuelve más creíble, al entender del especialista: “Si fue capaz de cubrirse de la exposición solar y mantenerse mojado para evitar perder agua por la exudación de la piel, entonces pudo pasar todo ese tiempo a la deriva”.
Otro riesgo que el salvadoreño aparentemente superó fue el de las enfermedades contraídas por comer carne cruda, algo que puede causar parásitos u otro tipo de males.
¿De dónde salió?
En este punto las referencias tampoco son del todo claras. De acuerdo con el embajador mexicano en Filipinas y las islas Marshall, Julio Camarena, que habló con él, Alvarenga declaró que había zarpado de Tonalá, Chiapas, en el sureste de México. También mencionó que había salido de Costa Azul y que la ciudad más cercana era Tapachula. Entre Tonalá y Tapachula hay unos 230 kilómetros de distancia.
Aunque estos cuatro nombres parecerían indicar orígenes distintos, el diplomático mexicano quedó conforme con la respuesta. Y, en paralelo, un jefe de servicios de rescate de Chiapas confirmó al Guardian que el 17 de noviembre de 2012 en Costa Azul se reportó la desaparición de un barco con dos hombres a bordo dos días antes.
La ausencia fue reportada por el dueño de la embarcación, a su vez cooperativista de la Camaronera de la Costa, que fue mencionada por Alvarenga en sus entrevistas. El náufrago relató que su odisea había comenzado un 24 de diciembre cuando salió a pescar con un compañero, tal como lo hacía generalmente. El compañero, según su relató, murió a los cuatro meses de hambre y lo tiró de la barca.
“Había mucho viento. Hicimos una búsqueda intensa pero tuvimos que parar con los vuelos al cabo de dos días porque había baja visibilidad”, explicó al Guardian Jaime Marroquín, el rescatista.
Si bien hay coincidencias, dos aspectos hacen dudar de que este sea el caso de Alvarenga. El primero es la fecha, pues él dijo estar seguro de que se había ido en diciembre y el reporte es de noviembre. El segundo es la composición del bote desaparecido, pues el sobreviviente asegura que estaba con un chico de entre 15 y 18 años llamado Ezequiel. En el reporte, sin embargo, se registró la desaparición de dos hombres de 38 años, uno llamado Ezequiel Córdova y otro conocido como Cirilo Vargas. Alvarenga, cuyo nombre no consta en el registro, dice que tiene 37 años.
Según Marroquín, Vargas era de El Salvador y ningún familiar acompañó su búsqueda, lo que sí sucedió en el caso de Ezequiel, cuyo padre siempre estuvo presente.
Algunos residentes de Costa Azul relataron a AP que sí había un Alvarenga en la zona, al que conocían como La Chancha, y que se había perdido en el mar a mediados de noviembre de 2012. ¿En los registros anotaron mal la edad de Ezequiel y el nombre de Alvarenga, confundiéndolo con un Vargas?
En Costa Azul, por lo pronto, los residentes se alegraron porque reapareció alguien a quien consideraban muerto. “Es una gran sorpresa; nadie aguanta más de tres o cuatro meses en esas condiciones, hasta le pusimos flores a la casita de palma en que vivía”, relató a El Universal de México Belarmino Rodríguez Solís, un pescador que lleva tres décadas en la pesca.
“Estamos sorprendidos, no lo creíamos, ahora que lo vimos en las noticias estamos seguros totalmente de que es él”, contó otro compañero, Williams Decuir Uscanga. Según él, zarpó el 20 de noviembre a la hora 14 en una lancha tiburonera.
¿Y es posible que desde México haya llegado hasta las islas Marshall? Eso sí lo es, coinciden oceanógrafos de Oceanía consultados por distintos medios de prensa. Acaso lo más extraño es que no haya sucumbido ante alguna tormenta a lo largo de tanto tiempo.
Tal vez la explicación más realista de esta historia es la que dio el embajador de EEUU en las Marshall, Thomas Armbruster: “Para mí es difícil imaginar a alguien que haya sobrevivido durante 13 meses en el mar. Pero también es difícil de imaginar que alguien llegue a Ebon de la nada. Lo cierto es que este hombre ha pasado por una dura prueba y ha estado en el mar por mucho tiempo”.
undefined
undefined