Fútbol > EL ANÁLISIS

Ruglio, un encantador de serpientes en la jaula de los leones

La silenciosa renovación dirigencial en la que avanza el deporte le abrió las puertas a un dirigente de 41 años que salió de la tribuna y que muestra su habilidad política, apela a la figura de Bengoechea y piensa innovar con Poyet

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07 de diciembre de 2020 a las 09:51

Los socios le dieron este sábado a Ignacio Ruglio la responsabilidad de conducir al nuevo Peñarol a partir del 16 de diciembre, y un plazo de tres años para terminar de reconstruir y actualizar al siglo XXI a un club histórico, que en la última década comenzaron a transformar Juan Pedro Damiani y Jorge Barrera.

Durante sus nueve años como presidente, Damiani modernizó la gestión y potenció las juveniles, aunque mantuvo un presupuesto insostenible para la realidad económica del fútbol uruguayo. En los últimos tres años, Barrera hizo el trabajo que menos lució y que hoy deja a Ruglio con todo a disposición como para encauzar la institución, pero en un lugar incómodo (al final de la temporada Nacional puede lograr el bicampeonato).

Vencen 14 contratos, los de los sueldos más altos o de jugadores que tienen escasa participación, y tiene la opción de construir un nuevo equipo con el perfil que quiera para su plantel principal, ahora bajo la dirección deportiva de Pablo Bengoechea.

Peñarol no puede sostener más su presupuesto de US$ 1,3 millones al mes. El de Nacional, que ganó el Campeonato Uruguayo 2019 y va por repetirlo en 2020, es de US$ 490.000 con un tope salarial de US$ 30.000. Peñarol tiene contratos de US$ 65.000. El único que quedará a partir de diciembre en ese nivel es Walter Gargano. Los demás finalizan. A Ruglio le dejaron en sus manos la oportunidad de sumergir a Peñarol en un baño de realidad económica de sus vínculos contractuales.

También el nuevo presidente negociará la nueva grifa de la camiseta, después que un contrato que Damiani firmó por cinco años en 2015, y que la directiva de Barrera extendió por una temporada, en plena pandemia, para evitar malvender. Dejaron a Ruglio la posibilidad de gestionar de la mejor forma los recursos.

Ruglio recibe un club que se valorizó y que en el mercado internacional saben, después de la venta de Facundo Pellistri en US$ 10.000.000 a Manchester United, que la vara de las transferencias quedó alta.

El nuevo presidente

Ruglio, de 41 años, es un hincha de la tribuna, que hace una década se transformó en dirigente, y cuya vida profesional transcurrió en el mundo empresarial. Hace seis años, desde el batacazo en las urnas en las que perdió con Damiani, construye su carrera política (sus viajes al exterior para familiarizarse con el fútbol de elite, a fotografiarse con figuras deportivas y dirigenciales), tiene la habilidad y fortaleza de convencer con sus palabras, y es la mejor versión de un encantador de serpientes en la vida cotidiana del fútbol.

Este sábado el nuevo presidente abandonó el lugar más cómodo en cualquier conducción o gobierno, la oposición, y dentro de dos semanas será responsable de todo, y ya no podrá asistir al consejo directivo sin mayor responsabilidad que brindar su opinión y ser uno de los 11. Ahora está en la jaula de los leones, como domador, y será el responsable en un consejo directivo que comienza dividido (cuatro integrantes de la lista ganadora, cuatro del oficialismo, dos de Guillermo Varela y uno de Evaristo González), y tiene una larga lista de asuntos para resolver con dos pilares fundamentales: político y deportivo.

Los gestos con Damiani:  una jugada política

En lo político, el primer paso que dio fue prejubilar a Damiani, procurar seducirlo con una distinción que solo nueve personas tuvieron en la historia del club y alejarlo de futuras disputas electorales.

Con su decisión de proponerlo presidente honorario, un gesto sensible y al mismo tiempo estratégico eleva al expresidente a un nivel superior y lo aleja de su condición de terrenal en el mundo directriz. Definitivamente, si es que la asamblea del club lo aprueba, Damiani estará por encima de todo, y con margen reducido, después de la designación, para volver a postularse a presidente.

La designación de presidente honorario es el paso hacia el retiro.

Paralelamente movió una pieza clave. Le pidió al hombre que marcó época en la gestión de Damiani, Walter Pereyra, que acepte ser una persona de consulta. Ruglio dijo que quiere ir a verlo cada 15 días y hablar sobre los temas del club. En este gesto refleja su intención de recurrir en el área política y en la administración, a los mejores hombres de Peñarol, además de los que ya tiene en su grupo de trabajo.

También, con este ofrecimiento, procura generar alianzas políticas. Solo así podrá conducir a Peñarol, porque será minoría en el consejo directivo: cuatro votos en 11.

El vínculo con la AUF: Tealdi

En el terreno político, Ruglio también tiene un asunto muy delicado que resolver, y en el que Peñarol pagó muy caro sus errores hasta 2019.

La imagen política de los aurinegros en la AUF es Gastón Tealdi. Tealdi fue vicepresidente de Damiani, y según consignaron a Referí, no estaba en los planes de Ruglio para que continuara en esa función.

Sin embargo, el nuevo presidente deberá poner en la balanza que en poco tiempo Tealdi recuperó los espacios que el club había perdido y generó espacios que llevan tiempo reconstruir. Son varios los elementos: Tealdi tiene línea directa con Alejandro Domínguez, presidente de Conmebol. Tealdi viaja a la sede de Asunción en la Confederación. Tealdi es una voz de peso en el ejecutivo de la AUF. Tealdi fue el que estuvo al lado de Ignacio Alonso cuando en marzo de 2019 lo eligieron presidente. Y Tealdi fue el hombre fuerte de Peñarol en la AUF, cuando Nacional abandonó la sede de la calle Guayabos y casi un año después tuvo que volver en silencio, asumiendo que había perdido una batalla política. Peñarol siempre estuvo allí, cuidó su espacio y recuperó el reconocimiento que había cedido.

¿Ruglio está en condiciones de bajar a Tealdi para poner a un hombre de su confianza y está dispuesto a sacrificar al mejor hombre de Peñarol en la AUF y Conmebol? En caso de hacerlo, habrá recorrido el camino que llevó a Peñarol después del quinquenio a perder políticamente a manos de Nacional.

Área deportiva: Poyet, una apuesta revolucionaria

Bengoechea será el director deportivo, Gabriel Cedrés el gerente deportivo y Walter Olivera una referencia en el trabajo de formativas. Con esa matriz ganó las elecciones.

Ahora bien, Bengoechea, un entrenador en plenitud, tendrá que despojarse de su condición de entrenador para ser un líder al nivel de lo que implica la dirección deportiva de un club. Y Ruglio deberá establecer su impronta y cuidar los lugares.

Bengoechea manejará el modelo macro, el nuevo técnico gestionará el primer equipo.

El primer nombre que Peñarol puso sobre la mesa es el de Gustavo Poyet. El plan más innovador que pueden plantear al fútbol uruguayo.

Las charlas Ruglio-Poyet no son nuevas. El presidente electo ya se reunió con técnico en dos oportunidades en los últimos cuatro años, en Sevilla (2016) y Shanghai (2017), para conocer su proyecto futbolístico. Quedó muy conforme con su plan y por la forma en que ve el fútbol. Este domingo de mañana estuvieron hablando nuevamente. Lo quiere como entrenador del primer equipo de Peñarol en 2021.

El técnico no tiene equipo. Acaba de descartar una oferta de Europa y una de Estados Unidos.

Poyet será un revulsivo para el fútbol uruguayo. Con su experiencia en el primer nivel de Europa tiene mucho para construir en Uruguay y en un club como Peñarol que está en sus horas deportivas más críticas.

Tomar el control del plantel

El otro asunto deportivo que ya atacó este domingo, en su primera reunión con el plantel, fue el vestuario de Peñarol. Ese lugar que tiene tanta incidencia en la vida del club, y que se transforma en un gran contrapeso frente a las derrotas. Barrera lo sufrió en carne propia. Tuvo que mirar para el costado ante los desplantes de los jugadores más importantes de este plantel.

Cuando este domingo fue a visitar a los futbolistas les dijo, cara a cara, que ante el primer problema lo llamen que lo resolverán en Los Aromos.

Enfocado en estos dos grandes temas comienza la era Ruglio. Los socios le dieron el sábado una responsabilidad histórica y pasó a formar parte del proceso de renovación que silenciosamente está transitando la dirigencia en Uruguay. Ignacio Alonso, asumió en la AUF con 41 años. José Decurnex, en Nacional, con 51 años. Ahora Ruglio, en Peñarol con 41.

Ahora el nuevo presidente tiene la oportunidad de cambiar el rumbo que recorre Peñarol, ese gigante que se viene autoflagelando tras el quinquenio (1993-1997) con sus luchas intestinas, y de demostrar si el encantador de serpientes es capaz de ser un domador en la jaula de los leones.

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