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Rusia y China, ganadores del retiro global de EEUU

La importancia de que exista un orden occidental pierde significado con Trump

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14 de julio de 2018 a las 05:00

Por Philip Stephens

Donald Trump ha facilitado el fin del liderazgo estadounidense.

Las suposiciones rectoras de la política exterior estadounidense moderna se establecieron en un documento escrito en 1950 para el presidente Harry Truman. El documento NSC-68 (oficialmente llamado "Objetivos y programas de EEUU para la seguridad nacional") fue la respuesta de Washington al comunismo soviético. En su esencia se reflejaba la creencia de que los intereses nacionales estadounidenses serían mejor servidos a través del liderazgo internacional. Esta es la piedra angular a la que Donald Trump ha decidido golpear con un mazo.

El documento preparado por el Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés) se centró en contrarrestar la amenaza militar de la Unión Soviética. Aprobado por el presidente Truman al comienzo de la guerra de Corea, fue la base para un rápido aumento en el gasto de defensa estadounidense. Pero, consciente de cómo el estado de ánimo nacional podía transformarse en aislacionismo, el documento también buscó anular la idea de que EEUU pudiera nuevamente confinarse dentro su propio hemisferio.

"Nuestra política general en este momento puede describirse como una diseñada para fomentar un entorno mundial en el que el sistema estadounidense pueda sobrevivir y florecer. Por lo tanto, rechaza el concepto de aislamiento y afirma la necesidad de nuestra participación positiva en la comunidad mundial". Allí yacía el razonamiento estratégico, el cual perduró más allá de la Guerra Fría, que entretejió a EEUU dentro de la estructura de lo que llamamos el Occidente.

Cuando los actuales diplomáticos estadounidenses comentan que esperan que el presidente de Rusia Vladimir Putin se prepare cuidadosamente para su reunión de este mes en Helsinki con Donald Trump, ellos dejan el próximo pensamiento en el aire. El presidente estadounidense, ellos saben, ya ha decidido cómo quiere pasar el tiempo inmediatamente anterior al encuentro: él tiene planeado jugar golf en Escocia.

Si la única preocupación fuera la preferencia del Sr. Trump por ver Fox News en vez de leer cualquier cosa que se asemeje a un resumen de política oficial, la situación sería manejable. Después de todo, Ronald Reagan se "robó" tiempo en reuniones internacionales para ver videos de viejas películas de vaqueros de Hollywood. La reunión de Helsinki y una cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Bruselas. El temor entre los diplomáticos, tanto estadounidenses como europeos, es una repetición en Bruselas de los airados intercambios en la reunión del G7 en Canadá.

A una pelea a gritos con los aliados estadounidenses pudiera seguirle un día lleno de adulación y camaradería con el Sr. Putin. El presidente, después de todo, ha dejado en claro su desdén por la OTAN. Él dice que los europeos establecieron la Unión Europea (UE) como parte de una conspiración económica contra EEUU. Su respuesta a la miríada de acusaciones de interferencia rusa en la campaña de las elecciones presidenciales de 2016 ha sido aumentar su declarada admiración por el Sr. Putin.

El error cometido por el resto de nosotros ha sido imaginar que el Sr. Trump pudiera ser manejado de alguna manera a lo largo de su presidencia; que la ignorancia y los prejuicios que informan su cosmovisión pudieran eludirse y suavizarse. Con suficiente indulgencia y halagos, se argumentaba, sería posible mantener al presidente dentro de ciertos límites. Sí, él quería "sacudir las cosas", pero para inclinarlas a favor de EEUU más que para acabar con todo.

La evidencia indica cada vez más lo contrario. La explicación más persuasiva del comportamiento del presidente estadounidense es que él simplemente no acepta las suposiciones hechas por los autores del NSC-68 en materia de liderazgo global, de alianzas y de instituciones internacionales. En cambio, sus instintos le dicen que, siendo la nación más poderosa del mundo, es mejor que EEUU establezca sus propios términos, bilaterales, con aliados y adversarios por igual. Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo, tenía la razón cuando comentó el otro día que "Trump está embarcado en una misión contra lo que representamos".

Visto a través de este lente, la admiración del Sr. Trump por el Sr. Putin es fácilmente explicable. Ambos son hombres fuertes autodeclarados. Ellos comparten la perspectiva de que los premios les pertenecen a los poderosos; que las instituciones y las reglas multilaterales están diseñadas para atraparlos; y que las normas, los valores, y lo que ellos llaman moralismo no tienen cabida en la conducta de las relaciones entre los Estados. En cuanto a los débiles, que se las arreglen por sí solos.

Esta es la mentalidad que lleva al Sr. Trump a romper con el acuerdo nuclear iraní; a sugerir que el Sr. Putin tiene razón en querer dirigir el "exterior cercano" de Rusia; a decirle al presidente francés Emmanuel Macron que Francia debería salirse de la UE para negociar un acuerdo comercial con Washington; y a indicar que él utilizará los compromisos de seguridad estadounidenses con Asia Oriental para negociar concesiones comerciales por parte de Xi Jinping de China. Además, permeándolo todo, se encuentra una poderosa dosis de maníaco autoengaño. Por lo tanto, en contra de toda evidencia, es probable que el Sr. Trump realmente crea que, después de su reciente reunión en Singapur, el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, abandonará su programa de armas nucleares.

En el curso actual del Sr. Trump, el concepto de un orden occidental será mermado de sustancia y de significado. Los aliados de EEUU, tanto en Asia como en Europa, deberán buscar maneras alternativas de salvaguardar su seguridad. Algunos puede que recurran a China; otros puede que consideren un elemento de disuasión nuclear; Europa puede que comprenda que tiene que poder autodefenderse.
Los grandes ganadores son, por supuesto, el Sr. Putin y el Sr. Xi. Durante un largo tiempo, su objetivo estratégico compartido ha sido ponerle fin al orden liderado por EEUU que el Sr. Truman desarrolló.

China se ha molestado por la presencia estadounidense en Asia; Rusia quiere un retorno al equilibrio de poder del siglo XIX en Europa. Nunca pudieran haberse imaginado que un presidente estadounidense les entregaría tal premio.

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