Gabriel Baldi es maestro de alumnos de 4º año de escuela, en un régimen de siete horas diarias de clase. Eso es en Miami, y la escuela está muy bien equipada con materiales como para mantener a los alumnos ocupados. Pero de 8.20 de la mañana a 3.05 de la tarde, con media hora para almorzar y sin recreo, hay que ingeniárselas para concentrar la atención de niños de 9 y 10 años.
Es por eso que, además de los materiales digitales, Baldi usa juegos. Él mismo es un aficionado del ajedrez desde su niñez y adolescencia en Uruguay, y para entretener a los que terminan primero las tareas del día, ideó un ajedrez que se puede jugar de a tres y cuatro jugadores a la vez.
Se trata de la variante Four Fronts, en la que no solo están las blancas y las negras, sino también las amarillas y las rojas. Siguen estando el rey, la dama, el alfil, el caballo, torre y peones, a los que se agrega el príncipe, una pieza que combina en cada jugada el movimiento del alfil y la torre.
Cada jugador tiene 12 piezas en lugar de las 16 tradicionales del ajedrez, ya que en vez de ocho peones hay seis, y también hay una torre, un caballo y un alfil, a diferencia del ajedrez tradicional, donde estas piezas se duplican.
Las piezas se ubican en casillas externas al tradicional tablero de 64 escaques y desde allí comienza el juego. La manera más clásica de jugarlo es en parejas, negras y amarillas contra rojas y blancas, en un acercamiento al enfrentamiento clásico del fútbol uruguayo.
Aunque se juegue en parejas, los compañeros no pueden hablar por dos razones básicas: la estrategia debe ser comprendida al mirar el tablero y no por sugerencia verbal. Además, los jugadores no deben molestar a los que todavía están tratando de resolver el problema de matemática o lo que sea que deban estar haciendo.
Baldi tiene 44 años y hace 26 que emigró. Primero a Puerto Rico, donde obtuvo la maestría y el doctorado en historia y después a Miami, donde vive desde 1995. El docente no se conformó con inventar el juego y usarlo en sus clases, sino que lo patentó, además de mandar a hacer 1.500 juegos en China.
Eso significaba una inversión que requería fe en sí misma, y Baldi cuenta que la apuesta rindió. La costosa patente y los gastos de fabricación se cubrieron y ya mandó a hacer otra partida, más cuantiosa.
El ajedrez se vende en varias cadenas de Estados unidos, a US$ 39. Ahora también está disponible en Uruguay, en el local La Pasionaria, de Reonquista 587 a $ 750.
Hay información muy completa sobre el juego en la página de Facebook Four fronts. l