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Se suman dificultades para que avance el Plan Nuclear del gobierno de Teherán

Estados Unidos se aleja de lograr un acuerdo. Israel advierte que no reconocerá ningún pacto que permita a Irán continuar con sus programas de uranio enriquecido. Teherán admite que produce un nivel mayor que el pactado en 2015. Francia, Alemania y Gran Bretaña, aunque urgidos por el estrés energético, emitieron un ultimátum al gobierno shií.

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14 de septiembre de 2022 a las 05:04

Las conversaciones para salvar el pacto nuclear comenzaron en abril de 2021 en Viena, sede del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) con la participación indirecta de Estados Unidos. Entre el pasado 4 y el 8 de agosto se llevó a cabo la última sesión de estas negociaciones, tras la presentación de una propuesta 'final' por parte de la Unión Europea, que tuvo aceptación del lado iraní.

El punto central, en un contexto de alta volatilidad política mundial, parece ser el nivel de enriquecimiento de uranio que las potencias exigen para volver a firmar un pacto con el gobierno de Teherán.

El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), logrado en 2015 limitaba el enriquecimiento del uranio iraní al 3,75%, muy por debajo del 20% que el país registraba en 2015 pero a una enorme distancia del 90% necesario para la fabricación de armamento nuclear.

El JCPOA lo firmaron en Viena los cinco integrantes permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –Rusia, China, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña- más Alemania. En ese momento se celebró como un avance en la distensión con el gobierno shií y también como una manera de alejar las posibilidades de Teherán de acceder a bombas atómicas.

Los avances logrados en agosto, en buena medida, eran impulsados por la Unión Europea y tangencialmente por Estados Unidos para alentar a que Irán volcara más petróleo y gas al mercado mundial, por el estrés energético causado por la guerra en Ucrania.

Sin embargo, el martes, el coordinador de Comunicaciones Estratégicas del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, en conversación con periodistas relativizó los avances: “No estamos tan cerca de un acuerdo como antes”. Agregó: “Seguimos en un toma y daca con Irán”.

En su informe trimestral más reciente sobre las actividades nucleares de Teherán, el OIEA  dijo no tener certezas sobre si “el programa nuclear iraní solo tenga fines civiles”. El documento del organismo presidido por el argentino Rafael Grossi, estima que Irán podría contar con uranio enriquecido hasta el 60%, un nivel muy superior al de 2015, estimado en un 20% y, a su vez, superior al que pretenden las grandes potencias nucleares. Cabe aclarar que el uranio enriquecido es la fuente de abastecimiento a los reactores de las plantas nucleares y resulta una fuente de energía extendida en muchos países.

El gran problema de las potencias, sobre todo Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, es que Irán decida elevar el nivel de enriquecimiento de ese mineral –que se encuentra en cantidad apreciable en Irán- con propósitos bélicos. La cercanía con Israel y la enemistad manifiesta entre ambos gobiernos agrega otro punto de tensión.

Historia del Programa Nuclear

Lo curioso es que el Programa Nuclear Iraní no nació con la Revolución de 1979 que colocó a los musulmanes shiítas al frente del gobierno. Surgió antes, y promovido por Gran Bretaña y Estados Unidos durante el mandato del Sha de Persia, Mohammad Reza Pahlevi, en la década de 1950, cuando las petroleras británicas y estadounidenses tenían las concesiones más favorables para extraer el crudo de los yacimientos de petróleo en ese país.

Tras la Revolución de 1979 el programa fue detenido pero reanudado casi de inmediato, ya sin la asistencia de sus anteriores socios. El programa nuclear actual cuenta con un yacimiento de uranio, un reactor nuclear así como de instalaciones de procesamiento que incluyen una planta de enriquecimiento.

El Gobierno iraní asegura desde que retomaron el plan que el único objetivo del programa es desarrollar la capacidad de generar energía nuclear con fines pacíficos. Con los años, además, lograron tener científicos, ingenieros y tecnologías que no los hacen dependientes de las potencias. De allí que tanto las potencias como la OIEA​ hayan puesto el acento en tener misiones de control para verificar si el país se encamina o no a ser una potencia atómica.

El acuerdo alcanzado el 2 de abril de 2015 en Suiza, tras febriles reuniones se alcanzó un “acuerdo preliminar”, entre el Grupo 5+1 (integrantes permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania) con Irán. Este último se comprometía a disminuir el enriquecimiento de uranio y las potencias levantaban las sanciones contra el país. Sanciones que, dicho sea de paso, surgieron al calor del control del petróleo por parte de Teherán y la disminución drástica de la presencia de empresas petroleras extranjeras.

En junio de ese 2015 se firmó el acuerdo. El ex presidente Barack Obama fue uno de los arquitectos del pacto y lo celebró calificándolo de “histórico”. Luego sobrevino una guerra de intrigas, alimentada por las limitaciones que ponía –y pone- Irán para que supervisen sus actividades y procesos en el enriquecimiento de uranio. A lo que se suman las posiciones de quienes ansían el fin de los días del gobierno religioso en Irán.

Las sanciones del gobierno de Donald Trump contra Irán hicieron retroceder las vías de entendimiento. La llegada de los demócratas a la Casa Blanca parecía suavizar la cuestión y se retomaron los contactos. A su vez, se aceleraron con la invasión de Rusia a Ucrania.

Hasta hace un par de semanas, el escenario parecía encaminarse. Europa lo apoyaba. A Irán le conviene. Y Estados Unidos parecía comprometerse. En los papeles que fueron y vinieron, Teherán se comprometía a recortar su programa nuclear a cambio de incentivos económicos.

Ahora, a las palabras John Kirby desde la Casa Blanca se suman la falta de compromiso de la OIEA por falta de confianza en los procedimientos que permitiría Irán para controlar el cumplimiento del acuerdo. Y no solo eso, Israel calificó como una “farsa” el eventual acuerdo. El jefe de la agencia israelí de inteligencia, David Barnea, advirtió este lunes durante su primer discurso al frente del Mossad, que Irán “no tendrá inmunidad” frente a operaciones de espionaje, aunque se alcance el nuevo acuerdo nuclear al que Israel busca bloquear.

Por último, el sábado pasado, en un comunicado conjunto, los gobiernos de Francia, Alemania y del Reino Unido lanzaron un ultimátum a Irán y cuestionaron su voluntad de lograr un acuerdo nuclear. Piden a Teherán que se defina. Las tres potencias dicen que la versión final del trato está lista y que en realidad Teherán “ha optado por no aprovechar esta oportunidad diplomática crítica”.

“En vista de que Irán no ha cerrado un acuerdo sobre la mesa vamos a consultar con nuestros socios internacionales sobre cómo lidiar mejor con la continua escalada nuclear iraní”, dice el texto emitido el sábado.

Tratándose de asuntos diplomáticos es difícil saber si se trata de presiones de último momento para lograr firmar o, por el contrario, si la delicada situación internacional aleja aún más la distancia de la vuelta a aquel pacto de 2015.

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