5 de agosto de 2011 18:56 hs

Si alguien piensa que el vasto espacio interplanetario es un terreno virgen y exento de normativas territoriales, que aguarda la llegada de robots y futuros exploradores humanos está equivocado o, por lo menos, cree en una verdad a medias.

La Luna tiene dueño y sus planicies desoladas y cenicientas, sus montañas escarpadas y sus profundos desfiladeros, pueden ser adquiridos al módico precio de US$ 80 la hectárea.

Desgraciadamente, a pesar de lo irresistible y seductor que pueda parecer la idea de unas vacaciones en la Luna, aún falta mucho para su concreción. Por lo menos, hasta que los programas espaciales permitan reactivar el programa “Retorno a la Luna”, postergado debido al fantasma del default de Estados Unidos.

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Sin embargo, si se está dispuesto a invertir en el futuro y aguardar una o dos décadas ya se puede ir reservando un pedacito de cielo.

¿Visionario o estafador?
Una noche de marzo de 1980, Dennis Hope conducía su desvencijado Lincoln por una carretera solitaria de California, Estados Unidos. Iba rumbo a un nuevo pueblito, donde otro teatro le abriría las puertas para que sus labios se esforzaran en dar vida al muñeco que dormía en el interior de una valija.

Mientras intentaba ahuyentar el espectro de un divorcio y de una hipoteca, observó a través del parabrisas de su coche la Luna llena, blanca y espléndida elevándose sobre las cordilleras. Y se le ocurrió una idea. Al día siguiente estaba en una biblioteca revisando minuciosamente todo lo concerniente a la legislación espacial.

En 1967, dos años antes del primer alunizaje, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció el Tratado del espacio exterior, donde declaraba: “Ningún estado ni nación podrá apropiarse de la Luna o de un planeta”.

Pero no existía ninguna cláusula sobre particulares o empresas privadas, así que Hope se presentó ante un juzgado estadounidense y reclamó como propiedad la Luna y los planetas del sistema solar, registrándolos a su nombre.

La solicitud fue aprobada y envió una declaración de posesión a la Asamblea General de la ONU y a los gobiernos de Estados Unidos y de la ex Unión Soviética.

La ausencia de respuesta lo llevó a fundar la Embajada Lunar, una agencia dedicada exclusivamente a la administración y venta de terrenos en el satélite natural de la Tierra y demás cuerpos celestes.

En la actualidad la empresa tiene franquicias en decenas de países y se calcula que unas tres millones de personas ya han comprado territorios en la Luna y en los planetas Marte y Venus.

Entre los felices propietarios se encuentran jefes de Estado, funcionarios de la Nasa y personajes como John Travolta, Tom Cruise y el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter. Por su parte, el magnate ruso del petróleo y presidente del Chelsea Football Club del Reino Unido, Roman Abramovich, regaló a su novia, la modelo Dasha Zhukova, 40 hectáreas en la Luna como forma de disculparse por atrasar la boda.

Incluso, la cadena de hoteles Hilton y Marriott han invertido en la empresa de Hope para comprar varios cientos de hectáreas en Selene.

Incomprendido
Pero, no todas son rosas para este empresario californiano. En varios países le han iniciado acciones legales por estafador, a lo que Hope suele responder: “No estafo, solo aprovechó una oportunidad que surgió por un vacío legal y ejerzo mi legitimo derecho a lucrar”. Un equipo de prestigiosos abogados, a los que Hope destina parte importante de su fortuna, lo respalda.

Nadie sabe con exactitud a cuántas decenas de millones de dólares asciende la fortuna de Hope. Sea cual sea la cifra, nada mal le fue a este empresario que empezó con un par de dólares en el bolsillo.

Los dueños
El chileno Jenero Gajardo Vera fue el primero en intentar apoderarse de la Luna. En 1953 inscribió a nuestro satélite en el Conservador de Bienes Raíces de la ciudad de Talca. Este hombre falleció en 1998 y dejó a la Luna como herencia para el pueblo chileno. Sin embargo, el país firmó en 1979 el Acuerdo sobre la Luna de la ONU, por el cual se prohíbe la posesión de la Luna por parte de particulares. El éxito de Dennis Hope motivó a otros hombres de negocios a seguir sus pasos y abrir sus propias agencias inmobiliarias espaciales como Moon States, Lunar Registry o Lunar Republic Society. Los abogados del empresario californiano mantienen constantes pleitos legales con esas agencias, ya que Embajada Lunar es, según afirman, la única capacitada legalmente para vender parcelas en la Luna. Los argentinos ya han comprado parcelas en el satélite natural de la Tierra, habiendo pagado en su totalidad unos US$ 150.000 por dos mil hectáreas. En Latinoamérica los países que más han invertido en terrenos lunares son Brasil, seguido por Argentina y Chile.

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