28 de junio de 2014 22:51 hs

La derrota casi ni tocó a los hinchas que decidieron ir a ver el partido de Uruguay contra Colombia este sábado a la casa de Luis Suárez. Las caras de tristeza, decepción y rabia que abandonaron la explanada de la Intendencia de Montevideo no aparecieron por Lagomar. De hecho, la fiesta que venían armando desde la mañana siguió hasta más de media hora después del 2-0. Es que el motivo de la reunión no era rendirle honor a Uruguay, sino al jugador, que llegó al país en la madrugada del viernes tras haber sido expulsado del mundial de Brasil por morder al jugador italiano, Giorgio Chiellini.

La casa, ubicada sobre la rambla de Lagomar, en la Ciudad de la Costa, fue punto de encuentro desde la mañana. Un cartel que decía “6 millones de brazos para levantarte, bienvenido a casa, fuerza Lucho” lució en el muro durante todo el evento. La dirección del lugar, que en el momento de la operación de meniscos de Suárez había sido preservada para cuidar su privacidad pasó a ser de público conocimiento y hasta los canales de televisión, que hacían guardia allí desde la mañana, la hicieron pública. Es que los hinchas querían apoyar a su héroe.

La primera aparición del ídolo fue poco antes del partido. La cortina de una de las habitaciones, que hasta entonces había permanecido cerrada, empezó a moverse. Si bien no se veía por qué, esto fue un impulso para los presentes, que se colgaron de las rejas, tocaron sus cornetas, alzaron sus carteles y gritaron todo tipo de elogios para el jugador. Después de unos minutos de intriga, la reja del balcón se abrió y atrás de su hija Delfina, que salió corriendo a ver qué pasaba, apareció Suárez.

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Acompañado por sus dos hijos y vestido con la camiseta de la celeste, el jugador saludó con una sonrisa. Mientras el ídolo besaba el escudo uruguayo en su camiseta, cantaban “¡Olé, olé, olé, olé, Suárez, Suárez!” y “soy celeste”.

Pantalla gigante improvisada

Sin el permiso de Suárez ni de su familia, la empresa de televisión para abonados de la Ciudad de la Costa, Cable Plus, instaló una pantalla gigante frente a la residencia y la tuvo funcionando desde el comienzo del partido entre Chile y Brasil. “La pantalla surgió porque vecinos de Suárez que hace días que están viendo el movimiento que hay, pensaron que esto iba a seguir y se iban a perder el partido” dijo a El Observador el gerente comercial de la empresa, Daniel Rippe. El eslógan era "si Suárez no va al Maracaná, el Maracaná va a Suárez"

“Hablamos con el alcalde de la costa y con gente de la jefatura de Canelones y nos dijeron ‘sí, dale, ponelo’”, explicó Rippe. A pesar de que en Twitter muchos pedían que se dejara al jugador descansar tranquilo con su familia, Suárez no pareció molestarse. Por el contrario, salió a saludar a la hinchada dos veces en toda la jornada y agradeció el apoyo de los uruguayos en Twitter.

Banderitas, churros y café

Alrededor del mediodía, cuando recién había cerca de 40 personas haciendo guardia en la entrada de la casa, Nino decidió llevar su puesto de banderas a Lagomar. Por las dudas de que se pudiera confundir su intención, y para no armar lío, decidió guardar las de Peñarol y Nacional y teñir su puesto de celeste. Es que a pesar del frío, el comerciante aprovechó la pantalla para hacer unos pesos y no perderse del partido de Uruguay frente a Colombia. Dos horas antes de que el partido empezara, Nino ya había ganado más de $5.000.

El festejo fue bien aprovechado por los comerciantes. Cuando faltaba poco para empezar el partido y ya había más de 150 personas en el lugar, cayó el vendedor de churros. A partir de ahí, empezaron a circular comerciantes de todo tipo. Frente a lo de Suárez, se podía comprar café caliente por $20 o $40, dependiendo del tamaño. También se vendían calcomanías, caretas de Suárez y hasta churros.

La multitud creció exponencialmente una vez que se corrió la voz de que había una pantalla gigante. Cuando ya estaba todo listo para comenzar y las sillas de playa instaladas, había más de 300 personas que, motivadas por la presencia de las cámaras o por las ganas de apoyar a Suárez, se agruparon y llegaron a cortar la circulación por la rambla.

La gente apareció incluso desde el cielo. Un hombre, que decidió salir a pasear en su parapente motorizado sobre la casa del jugador, se volvió celebridad por unos minutos, en los que la multitud lo aplaudió. El ala decía “Luis” y contra el viento flameaba la bandera de Uruguay.

Segundo tiempo complicado

Cuando empezó a anochecer, el frío de la playa y del recién comenzado invierno se hizo sentir. Sin el fervor de la alegría, varios hinchas abandonaron el cine improvisado cuando terminó el primer tiempo, un poco desmotivados por no haber visto la garra charrúa reflejar su rabia contra la estricta sanción que la FIFA le impuso a Suárez. Cabizbajos, se fueron a mirar el partido al calor de las estufas.

Pero para los que se quedaron, el comienzo del primer tiempo fue animado. Muchos cruzaron sus dedos fríos para darle suerte a la selección, pero no funcionó. Las banderas que flameaban entre la multitud empezaron a bajarse y las caras tristes y lamentos se empezaron a escuchar. Cada vez que la celeste fallaba en sus intentos ofensivos, el “¡no!” se volvía unánime, aunque siempre acompañados por un impulso de aliento. “¡Vamos que vamos!”, se escuchó junto con varias canciones. El público, optimista, no perdió la esperanza hasta el último momento, porque tenía una motivación mayor: ver al ídolo otra vez.

Cuando la derrota se confirmó y el árbitro decidió terminar el partido, el lugar no se vació. Aunque ya no tantos como al principio, un grupo numeroso de hinchas siguió cantando y festejando. Los fuegos artificiales, insultos a la FIFA y alabanzas para Suárez se hicieron oír.

El momento fue confuso, las caras tristes por la derrota se vieron reemplazadas por el festejo en honor al ídolo caído y por un instante pareció que Uruguay había pasado a cuartos de final. Colgados del muro de la casa, los hinchas insaciables le reclamaban a Suárez que fuera a saludar. “Una más y no jodemos más” gritaban.

Aunque parecía que era demasiado pedir, finalmente el jugador apareció. Ya no desde el balcón, sino desde una pequeña ventana, Suárez saludó con la mano a la gente que con euforia lo festejó. El momento fue breve, casi como una señal de agradecimiento y un pedido de silencio, pero hasta un rato después del saludo, los autos que pasaban no dejaron de tocar bocina y el eco del “arriba Lucho”, se escuchó por un rato. Con lágrimas en los ojos, Rosario y Fátima festejaron el encuentro e incrédulas dijeron, “salió nomás”. Es que a pesar del frío, más de 300 uruguayos quisieron recordarle a su héroe caído su agradecimiento.

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