16 de mayo 2024
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21 de marzo 2023 - 5:00hs

Mas allá de las denominaciones de cambio de época, civilizatorios, de paradigma u otros que caracterizan la disrupción multidimensional que vivimos como mundo y planeta, nos enfrentamos a un punto de inflexión en la historia de la humanidad donde el calibre y la profundidad de las decisiones que tomemos en el corto plazo va a impactar en generar o no futuros posibles de coexistencia, bienestar y desarrollo.

Siguiendo con las denominaciones y en particular vinculadas a la educación, nos referimos crecientemente a tiempos de refundación y de repienso de la educación y de los sistemas educativos en su conjunto a la luz de formar a las nuevas generaciones para futuros mejores y sostenibles donde se congenien lo global y lo local como caminos interdependientes, así como necesaria y saludablemente vinculantes. No hay escapatorias ni atajos globalistas ni localistas per se que hagan caso omiso o expresen indiferencia o desprecio frente a los diálogos y las construcciones colectivas que cruzan a diversidad de culturas, afiliaciones y tradiciones. Nos necesitamos unos a los otros superando visiones hegemónicas, colonialistas y de universalismos impuestos, así como encierros en defender lo nuestro como lo único relevante, válido y diríamos, peligrosamente excluyente.

Bajo la impronta de promover diálogos plurales y propositivos intra e interregionales, involucrando a diversidad de instituciones y de actores, así como fomentar la producción y diseminación de conocimientos desde perspectivas que abriguen y conecten lo global, nacional y local, la Organización de Estados Iberoamericanos (OIE) realizó en el 2022 el estudio “Explorando la Educación para el Desarrollo Sostenible en Iberoamérica” que tuvimos el honor de coordinar, y que se nutrió del destacado trabajo de los colegas argentinos Ezequiel Gomez Caride, Carla Sabbatini e Ignacio Barrenechea. Nos permitimos mencionar dos aspectos, entre otros que derivan de las implicancias del estudio y que pueden contribuir a alimentar la discusión en torno a las sinergias entre la educación para el desarrollo sostenible y la formación ciudadana.

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En primer lugar, la progresión en el tiempo que han tenido los conceptos de educación para el desarrollo sostenible y ciudadanía mundial, y que, de alguna manera, convergen en miradas mas sistémicas y transformacionales sobre los desafíos que enfrenta la educación a presente y futuro. Por un lado, la educación para el desarrollo sostenible ha ido mutando desde enfoques orientados a la educación medioambiental y con una mirada puesta esencialmente en cimentar sociedades justas, donde la protección de la naturaleza era un asunto prioritario per se y que no estaba necesariamente vinculado al relacionamiento entre humanos y con la naturaleza, a enfoques que enmarcados en los 17 objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, liderada por Naciones Unidades (2015), pone el acento en una visión multidimensional de la sostenibilidad. En particular, se enfatiza que para lograr un desarrollo sostenible resulta igualmente importante fomentar tanto la educación para la ciudadanía global, así como también la educación para el desarrollo sostenible (UNESCO, 2015).

Se trata pues de advocar, desarrollar y evidenciar que la sostenibilidad engloba dimensiones políticas, sociales, culturales, económicas, identitarias y territoriales que incluyen la dimensión ambiental, así como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, pero que es primariamente un reflejo de imaginarios de sociedad sobre los fines últimos acerca de cómo se entiende y sustancia la vida humana. Más aun, la pandemia nos ha permitido profundizar en entender la interdependencia entre los humanos, con independencia de donde nos localizamos, quienes somos y qué hacemos, así como la necesidad de promover valores de solidaridad y de cooperación entre culturas y credos tal como señala el documento seminal preparado por la Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación ambientada en el seno de la UNESCO (2020).

Asimismo, la pospandemia nos está mostrando la urgencia de fortalecer referencias universales sobre la democracia, los derechos humanos, las libertades y la paz a través del fortalecimiento de marcos normativos internacionales que impliquen renovados compromisos de los países sobre el valor y respeto a valores universales. Cabe resaltar la revisión que se está realizando este año sobre la Recomendación del año 1974, aprobada por los estados miembros de la UNESCO, sobre la Educación para la Comprensión, la Cooperación y la Paz Internacionales relativa a los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales (UNESCO, 2023).

Inversamente, la insostenibilidad, como reflejo de quiebres civilizatorios, ya no es solamente una cuestión de abordar el cambio climático que de por si interpela y cuestiona estilos de vida marcados, entre otras cosas fundamentales, por el crecimiento infinito y desregulado como dogma, sino de definir maneras de convivir y coexistir entre regiones y países en diversidad de contextos y situaciones.

Por otro lado, la educación para la ciudadanía mundial inscripta en el fin último de promover un conjunto de valores, actitudes y comportamientos que se esperan de un ciudadano global comprometido con un sentido de pertenencia a una humanidad compartida (UNESCO, 2015) ha ido mutando. Esto es, desde enfoques que prescribían de manera uniforme el universalismo de valores como rutero para los países, a un universalismo que asume e incluye la diversidad de referencias locales bajo un conjunto de valores que son en si mismos válidos y que no deben desnaturalizarse o licuarse por consideraciones localistas. El concepto pues de un universalismo diverso e incluyente permitiría los diálogos entre culturas y afiliaciones amparados por una visión cosmopolita componedora que acerca y promueve el entendimiento y la cooperación internacional sobre la base del respeto y la confianza mutuas.

Una educación ciudadana orientada pues a promover valores universales donde converjan identidades globales y locales, y que asimismo integre las preocupaciones en torno a formar en el entendimiento y el apego a la pluralidad, la diversidad y la convivencia, conjuntamente con la participación responsable y proactiva en democracia, se erigen en una dimensión insoslayable de una educación para el desarrollo sostenible. No hay pues sostenibilidad alguna sin formar en un enfoque comprehensivo de ciudadanía.

En segundo lugar, el informe de la OEI argumenta en torno a la perentoriedad de repensar el currículo y la pedagogía, esto es, las interconexiones entre el para qué, el qué, el cómo, dónde y cuando de educar, aprender y evaluar, que permita formar a las nuevas generaciones en saberes inter y transdiciplinarios. La conexión e integración con sentido de los conocimientos de las ciencias naturales y humanas, sustentado en consideraciones éticas, es fundamental para afrontar preguntas fundamentales sobre el origen y el futuro de la humanidad (por ejemplo, vinculado a la bioinformática, la nanotecnología y la neuro informática).  El sustrato común a todo intento de formar en una visión integral del conocimiento, se funda en la libertad y en la autonomía de pensamiento del alumno o la alumna capaz de identificar, movilizar e integrar valores, actitudes, emociones, conocimientos y habilidades para actuar competentemente frente a diversidad de desafíos, esto es, el saber actuar en situación (Jonnaert, 2021).

La transversalidad de los saberes emergentes para forjar un mundo sostenible, y que se sustenta en formar en una ciudadanía glo-local, implica repensar los sistemas educativos en sus fines últimos y supone, asimismo, renovadas maneras de educar, aprender y evaluar reconociendo los anclajes locales de toda propuesta, pero que, a la vez, remueva barreras nacionales que obstruyen la democratización y la circulación de conocimientos entre pares y con la sociedad en su conjunto.

La región iberoamericana refleja un mosaico de experiencias y prácticas en orden a implementar propuestas atinentes a la educación para el desarrollo sostenible y la ciudadanía mundial. Se trata de un cuadro diverso de iniciativas que evidencian el compromiso de la región con una agenda de transformaciones educativas. La diversidad está esencialmente marcada por la convocatoria a múltiples actores e instituciones de dentro y fuera del sistema educativo así por su escala y alcance, los modos de intervención en los centros educativos y los grados de adhesión/participación en las propuestas.

Mientras que en España, parecería ser que la preocupación por el desarrollo sostenible forma parte de la noción de un ciudadano responsable que conoce los desafíos atinentes a la sostenibilidad y se comporta sensiblemente frente a los mismos, la educación para el desarrollo sostenible en América Latina, inscripta en una fuerte tradición de educación ambiental, tendría mas pregnancia que la educación para la ciudadanía mundial y se haría eco de las cosmovisiones originarias y de resistencia a los discursos globalizadores. Nos parece que ambos posicionamientos se pueden mutuamente enriquecer en aras que la vitalización de las respuestas locales frente a los desafíos que nos plantea la sostenibilidad, contextualizadas por preocupaciones globales, requieren necesariamente de ciudadanías empoderadas y apoyadas para tomar decisiones en un clima de convivencia, así como de apego a la democracia y al régimen de derecho.

Más allá de los matices al interior de Iberoamérica, es perentorio avanzar en renovados modus operandi de los centros educativos que, enmarcados en un contrato social en torno a la educación a escala nacional, permitan a las comunidades educativas locales asumir protagonismo en co-agenciar y co-responsabilizarse de una educación que integre sostenibilidad y ciudadanía. Ciertamente un renovado contrato social que congenie lo nacional y local, abierto al mundo, es una ventana de oportunidades para la región de cara a redefinir las bases de futuros mejores y sostenibles sustentados en una ciudadanía democrática y activa.

Temas:

Educación

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