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Tiempo para repensar

¿Vale la pena trabajar tantas horas para pagar el colegio? ¿Por qué los niños deben estar todo el día fuera de sus casas, con agendas cargadas y alejados de sus padres? ¿Podemos inventar un nuevo modelo de vida?

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05 de junio de 2020 a las 05:00

Por Federica Cash

Tener una fecha de reinicio de clases despierta en las familias diversas emociones. Están las que desean con todas sus fuerzas recuperar sus rutinas de trabajo, escuelas y quehaceres cotidianos, y están aquellas que le agarraron el gustito a esta nueva normalidad y se replantean volver a su vida anterior. ¿Vale la pena trabajar tantas horas para pagar el colegio? ¿Por qué los niños deben estar todo el día fuera de sus casas, con agendas cargadas y alejados de sus padres? ¿Podemos inventar un nuevo modelo de vida?

Lo cierto es que hay tantos cuestionamientos como familias y personas, pero más allá de las cuestiones particulares, lo valioso de este tiempo puede haber sido quizás, la posibilidad de preguntarnos si llevamos la vida que queremos.

Para conocer cómo vivieron algunas familias estos meses de cuarentena voluntaria, conversamos con Marianella Ciompi, quien además de Psicóloga, es casada, madre de cinco hijos y por años estuvo encargada de acompañar a padres y madres de un Preescolar.

¿Cómo viste que manejaron las familias que acudieron a ti, las convivencias sin “recreos”?

Como pudieron. Adaptándose. Esto fue un cambio que vino de la nada. De convivir un ratito al día, tanto con la pareja como con los hijos, pasamos a estar todo el día y toda la noche bajo el mismo techo, sin dudas fue un gran desafío. Sin embargo, vi que muchas familias se adaptaron de buena manera. Incluso, la mejor sorpresa que me llevé fue ver que ahora que se puede salir con precauciones, a mucha gente le cuesta dejar su casa, de alguna manera le agarraron el gustito a convivir y a cambiar las rutinas.

Es verdad que esto llevó un montón de estrés, porque la adaptación de por sí implica estrés, pero creo que la mayoría de las familias lo llevó bien, demostrando flexibilidad. Por supuesto que hablo de familias con determinadas características, que no están bajo las líneas de pobreza ni en los índices de violencia, esas obviamente fueron las que más sufrieron.

¿Qué fue lo que más costó?

Yo creo que enfrentar la propia frustración; de tener un plan determinado para esos meses, de golpe nos vimos obligados a cambiar nuestras agendas, nuestros planes y proyectos, lo que genera ansiedad, incertidumbre, sumado al miedo, a una amenaza real. En un primer momento complicó la propia intolerancia a la frustración. Y eso hizo que se elevaran los montos de ansiedad y complicara el poder ponernos en el lugar del otro, otro que estaba con la misma ansiedad, frustración e inseguridad que uno. También creo que el “multitasking” acrecentó el estrés, de hacer el trabajo de uno pasamos a hacer muchas más tareas, como las de la casa, los deberes de los niños, los teletrabajos. Sin dudas, fue lo que más escuché de las consultas que me hicieron. La pregunta puntualmente era: ¿cómo podemos organizarnos para lograr cumplir con todas las responsabilidades que tenemos? ¿Cómo no desesperar en el intento?

¿Aumentaron los desafíos a lo largo del confinamiento o viste que la gente se acostumbró a la nueva realidad?

Conozco de los dos casos. Por un lado, al principio, hubo a quienes les costó adaptarse, les costó planificar una nueva rutina y de a poquito empezaron a descubrir lo que esa nueva realidad tenía para ofrecer, a ver lo que esos vínculos recuperados con los hijos tenían guardados, a sentir que se podía transitar esta vida -y no solo este tiempo- con un ritmo distinto, a cuestionar incluso para qué mandar a la escuela a los hijos tanto rato, si hay solo un sistema de educar a los hijos válido que hasta ahora era incuestionable, sobre todo en nuestro país, donde existe un solo modelo, vi gente que hizo ese proceso. Y hubo gente que al revés, que al principio le encantó y dijo: “al fin puedo estar en casa, me voy a dar tiempo para meter las manos en la masa”, y después se agotó. De todas maneras, creo que hay más gente que se adaptó pero porque el ser humano está diseñado para adaptarse, de hecho hemos sobrevivido a cosas muchísimo peores. Lo que pasa es que los medios de comunicación no acompañaban, no eran tan masivos ni accesibles, y esto tiene una repercusión enorme porque al momento que se decreta lo que está pasando, todos, al mismo tiempo, accedemos a la información. Como contrapartida, en algún rincón esto puede llegar a complicar por la sobreinformación existente, hay muchos que no pueden discriminar qué es cierto y que no. Pero sobre la capacidad que tenemos para adaptarnos y aprender de esta crisis como seres humanos, no me queda la menor duda.

¿Qué aspectos valiosos rescatás de este tiempo y cuáles distinguís como problemas?

Problemas fueron para las personas con rasgos de personalidad rígidos, que no se pueden adaptar ni flexibilizar, no solo a armar una nueva rutina sino que les cuesta un montón aceptar. Y en este caso debíamos aceptar que no nos convenía salir, que no podíamos volver a tener los mismos servicios que antes, que las cosas no se podían hacer a nuestra manera.

Lo que más rescato de este tiempo es que nos puso a todos frente a frente con nuestra propia vulnerabilidad. Algo que tenemos todos. Nos vaya como nos vaya, estamos hechos iguales, con la misma capacidad para vivir, para morir, para enfermarnos, para ser débiles y fuertes, porque este momento de gran vulnerabilidad nos ayuda a conectar con la empatía, y así surgen un montón de iniciativas de generosidad y solidaridad. Y es aquí donde podemos ver también lo fuertes que somos. Este es para mí el mensaje más valioso, el descubrir que somos fuertes siendo vulnerables.

Otra cosa que valoro es la flexibilidad que apareció. Como en repensar la educación, aquí se abren un montón de preguntas del tipo… ¿no valdrá la pena que sean los papás quienes deciden qué educación necesitan sus hijos porque son los que más los conocen? ¿No será bueno que nuestros hijos vayan al colegio dos veces por semana y el resto desde casa? ¿No será beneficioso que yo también pueda trabajar desde casa para poder cuidarlos? Como sucedió en este tiempo donde tantas mujeres y hombres que trabajan en una empresa con horario fijo de manera presencial, lo hagan desde sus casas unas veces por semana, obteniendo el mismo resultado. Son todas cosas para repensar, para ver, y habrá gente que quiera volver a su trabajo, a la oficina, y habrá gente que no. Creo que gracias a este tiempo se abre una gran ventana que demuestra que no existe un solo modelo de algo; ni de educación, ni de trabajo, ni de nada.

Podés leer más sobre estos temas en el blog Mamás Reales.

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