Con la finalización del estudio de prefactibilidad entre Uruguay y China a los efectos de avanzar hacia un Tratado de Libre Comercio recíproco, han dado comienzo las negociaciones formales. El solo anuncio presidencial del fin del estudio y comienzo del proceso negociador envió poderosas ondas de expectación hacia los países vecinos, con los que se va a reunir la semana próxima en Asunción para el cambio de presidente pro témpore del Mercosur. El próximo semestre le toca a Uruguay.
La tan anunciada promesa de hacer un TLC por fuera del Mercosur si los demás socios no se suman se ha puesto en marcha. Recién es el comienzo pero comienzo exigen las cosas. Y el comienzo se da con aguas turbulentas en la región y en el mundo. No estamos en el mismo escenario que hace casi un año atrás cuando se inició el proceso de prefactibilidad. En la región, la economía argentina se ha seguido deteriorando y también se ha complicado la situación política por las continuas tensiones entre el presidente Alberto Fernández y la vice Cristina Kirchner, quien es la que tiene el poder real de los votos. En Brasil, Bolsonaro parece acercarse a su ocaso y está mucho más preocupado por las elecciones de octubre, en las que Lula aparece como favorito, que por la interna de un Mercosur que nunca le interesó demasiado. Además Itamaraty, que es lo permanente, no está de acuerdo con la flexibilización. Paraguay mantiene su política de no flexibilidad y la idea de un TLC con China le resulta irritante dados sus vínculos con Taiwán.
El mundo está mucho más revuelto. La invasión de Putin a Ucrania del 24 de febrero ha generado enormes cambios geopolíticos y económicos. Contra todo pronóstico, la OTAN ha realizado una masiva ayuda económica y militar a Ucrania y ha aplicado severas sanciones a Rusia, que afectan a este país pero también a las economías occidentales. Se ha puesto un cerco político y diplomático a Rusia y ello la ha llevado a acercarse especialmente a China y a la India. China ha aceptado gustoso ese lugar de valedor de Rusia y, a diferencia de lo ocurrido en Crimea en 2014, no ha condenado la invasión rusa.
Así las cosas, un TLC con China tiene para Uruguay, más allá de los temas internos en cuanto a ganadores y perdedores, un impacto en su relación con sus socios del Mercosur y un replanteo de la posición geopolítica global. Desde este último punto de vista, hoy no parece tan apetecible una relación tan estrecha con el gigante asiático y sería preferible un acuerdo comercial de menor envergadura. Uruguay es una pequeña pieza en el teatro mundial y en estas circunstancias un tratado de libre comercio puede traer consigo algo más que comercio. Y aunque es cierto lo que dice el presidente Lacalle Pou de que a Uruguay solo le interesa vender más y generar más trabajo, no siempre vienen solas esas cosas.
Este es el panorama que encontrará Lacalle en Asunción. Y a su regreso deberá tomar la decisión de cómo se continua con China y ver qué se hace con el Mercosur. Es una decisión muy importante para el futuro del país. No conviene tomarla a las apuradas. Es mucho lo que se ha logrado con este primer paso. Hay que calcular bien los siguientes para no derrapar porque en el baile con China por el TLC, son los chinos los que marcan el compás.