16 de septiembre de 2021 15:28 hs

* Por Pilita Clark 

Si seguimos con el hábito pandémico de trabajar desde casa, debería significar un aire más limpio, menos tiempo perdido en los embotellamientos y menos emisiones de carbono.

Esta atractiva idea es más o menos lo que el profesor Mike Berners-Lee escribió el año pasado en una nueva edición de How Bad Are Bananas? (¿Qué tan malos son los plátanos?), su excelente guía de 2010 sobre la huella de carbono de casi todo, desde una pierna de cordero hasta un volcán.

Berners-Lee, hermano de Tim, el inventor de la World Wide Web, es una autoridad mundial en la materia. Y, a primera vista, su libro parece responder una pregunta cada vez más apremiante conforme los empresarios empiezan a navegar el inexplorado mundo del trabajo híbrido: ¿el trabajo desde casa es mejor para el planeta? Más concretamente, ¿podría ayudar a disminuir los sistemas energéticos alimentados por combustibles fósiles que hacen subir la temperatura mundial?

Muchos estudios prepandémicos sugieren que sí. Algunos demostraron que el cambio al trabajo a distancia redujo el consumo de energía hasta en un 77 por ciento, sobre todo al reducir los desplazamientos.

Por desgracia, como ocurre con tantos aspectos del cambio climático y de la pandemia de covid, la situación es más complicada de lo que parece.

“Realmente depende de las circunstancias”, dijo Berners-Lee esta semana cuando se le pidió que explicara la idea de que un aumento del trabajo desde casa podría hacer disminuir las emisiones. Alguien que trabaja desde casa casi todos los días en lugar de conducir 100 kilómetros hasta la oficina en un coche que consume mucha gasolina podría reducir su huella de carbono. Pero lo contrario podría sucederle a un habitante urbano en un apartamento estrecho que solía tomar el metro para ir al trabajo todos los días. Si esa persona se muda a una casa más grande y con mayor consumo de energía, como ya han hecho muchos, y luego tiene que hacer un largo desplazamiento en coche en los días de oficina, “eso no significa un ahorro de carbono en lo absoluto”, dice Berners-Lee.

De hecho, el trabajo desde casa podría acabar siendo un potenciador del carbono en algunos casos, afirma Steve Sorrell, profesor de política energética de la Universidad de Sussex. Señala que las investigaciones sugieren que, antes de la pandemia, quienes trabajaban desde casa utilizaban el tiempo extra que ganaban al no tener que desplazarse para hacer viajes que antes habrían evitado. Cuando se sentían solos o aburridos, tal vez comían en una cafetería o iban de compras.

En los países donde las familias tienen menos coches, como Corea del Sur, los investigadores descubrieron que otros miembros de la familia podían utilizar los coches que un trabajador a distancia dejaba estacionados en casa.

Las comodidades también son importantes. Si una empresa sigue calentando, enfriando e iluminando una gran oficina que ha quedado semiabandonada por cientos de trabajadores híbridos que trabajan de forma remota desde casas mal aisladas y sobreiluminadas, entonces las emisiones totales de carbono pueden aumentar. Puedes ver por qué es complicado. Lo mismo ocurre con un artículo que Sorrell y sus colegas publicaron el año pasado y que resume los resultados de 39 estudios sobre el teletrabajo, 26 de los cuales sugieren que el trabajo a distancia reduce el consumo de energía. Sólo ocho consideraron que era probable que aumentara las emisiones o que tuviera un impacto neutro.

Sin embargo, hubo tantas diferencias en la forma de realizar los estudios que resultó difícil hacer una estimación de la cantidad de energía que se podía ahorrar en promedio. Y los estudios que analizaron con más detenimiento aspectos como el hecho de que los trabajadores desde casa van a las tiendas, encontraron en general un ahorro menor.

Así que Sorrell y sus colegas llegaron a la conclusión de que el ahorro de energía en toda la economía era “típicamente modesto y en muchas circunstancias podría ser negativo o inexistente”.

El pasado no predice necesariamente el futuro, como admite de buena gana Sorrell. El trabajo a distancia se ha disparado durante la pandemia y aún no sabemos qué significa.
Pero algunas cosas sí están claras. En primer lugar, si el trabajo desde casa perdura, hay que vigilar de cerca los llamados efectos rebote. Esto es lo que ocurre cuando la teoría de una tecnología energética más eficiente choca con el ser humano.

El resultado puede ser un inesperado y escaso ahorro de energía, o incluso un mayor uso de la misma. Imaginemos un conductor que compra un coche que consume menos combustible, pero que, encantado con los costos de funcionamiento más baratos, conduce más a menudo y más lejos. También se conoce como la paradoja de Jevons, después de que el economista inglés William Stanley Jevons sugiriera que un uso más económico del carbón en las nuevas máquinas de vapor probablemente incrementaría el uso del combustible, no lo reduciría.

Al menos a corto plazo, el trabajo a distancia puede no ofrecer una solución significativa al dilema del clima. Puede reducir las emisiones en algunos casos, pero desplazarlas en otros.

La lección principal es, por lo tanto, la misma de siempre: hay que descarbonizar la energía lo más rápido posible. Una vez que se haga esto, podremos conducir, calentar, refrigerar e iluminar mucho más libremente. Hasta entonces, hay muchas buenas razones para trabajar desde casa, pero es poco probable que salvar el planeta sea una de ellas.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos