Opinión > COLUMNA/LUIS ROUX

Tristán es una fiesta

La feria eterna de los domingos es siempre igual y siempre distinta

Tiempo de lectura: -'

02 de junio de 2019 a las 05:00

El Cordón sabe ser gris y ocre en otoño. La escala cromática se vuelve monótona entre las calles, las veredas, las fachadas, las hojas de los árboles caídas y amontonadas, la vestimenta de los lugareños, el cielo de plomo. Cada domingo, sin embargo, el barrio se viste de fiesta y estalla de colores, olores, sabores, texturas y música, porque desde hace 110 años hay feria.

Ya desde el nombre el asunto promete: la feria se llama Tristán Narvaja y a mí me suena a melancolía afilada y a dadaísmo árabe, a partir de aquel Tristán Tzara que dijo para siempre: “Dadá es nada”.

En 1909, cuando la feria llegó desde la plaza Independencia, la calle que hoy le da nombre se llamaba Yaro, pero muy poco después la rebautizaron con el nombre de un doctor cordobés, abogado y teólogo, que se estableció en Montevideo en la segunda mitad del siglo xix y que redactó el Código Civil del Uruguay, que se puso en vigencia en 1868.

No recuerdo la primera vez que fui. Me gustaría tener grabadas las imágenes que registraba, cuando tenía 4 o 5 años, mientras iba sobre los hombros de mi padre y veía pasar ese mundo de maravilla, pero eso es imposible por demasiadas razones. 

Sí sé que la visité decenas de veces, tal vez un centenar. Porque la feria Tristán Narvaja es siempre distinta, aunque sea solo por el hecho de que cada vez voy a distintos lugares. Hay veces que se va el domingo y no llego a 18, porque me quedé colgado entre los fierros y las maderas y los artefactos de otras épocas, mejores, sin duda, que esta.

Otras veces es al revés: empiezo desde arriba y llego como mucho a Paysandú, entre libros, discos y revistas que también hablan y cantan tonadas de épocas felices.

Hubo una época en la que pasé mucho tiempo sin ir, tal vez un año o todavía más. Me conformaba con pensar que podía ir, si quisiera.

Después estuve fuera del país durante siete años y la visité en las tres o cuatro veces que volví de visita, como si fuera un turista.

Porque si bien es cierto que la feria siempre es diferente hay otra verdad irrefutable: la feria siempre es igual. Esa multitud tan mansa, que vive experiencias tan distintas cada domingo, es fascinante y lo ha sido en el siglo xx y también en el xxi; en el Uruguay de las vacas gordas y el de las flacas.

Llegué a ser el periodista de un corto documental que se llamó Domingo de feria. Fui en barra, en pareja, solo. Fui a buscar un libro en especial y no lo encontré hasta que lo encontré. Fui sin plata. Gasté más plata de lo que hubiera sido aconsejable. Compré un montón de cosas que todavía aprecio; compré otro montón que desapareció sin dejar siquiera el recuerdo.

En los últimos tiempos hay una vibración caribeña que le da un nuevo matiz a la feria: se venden arepas y hasta vi yucas en los puestos de vegetales; se escuchan conversaciones que suenan como canciones, de Venezuela, de Cuba, de República Dominicana.

Nunca regateo. No tengo la vocación ni la habilidad. A lo sumo pongo una mueca que significa “qué lastima que es tan caro, porque de veras me gustaba” y a veces funciona y otras veces el vendedor pone a su vez una mueca que significa “qué lástima que tengas buen gusto pero no la guita para darte el gusto”.

Porque si bien es cierto que la feria siempre es diferente hay otra verdad irrefutable: la feria siempre es igual. Esa multitud tan mansa, que vive experiencias tan distintas cada domingo, es fascinante y lo ha sido en el siglo XX y también en el XXI; en el Uruguay de las vacas gordas y el de las flacas

Aprendí a no preguntar precios solo por curiosidad, porque muy a menudo sucede que el precio es tan ridículamente bajo que si no lo vas a comprar para qué preguntaste.

El domingo pasado fuimos con mi esposa y compramos un perchero a $ 500. El vendedor quedó tan contento que se podría decir que esperaba menos, pero el perchero está bárbaro, es útil y elegante y a nosotros nos pareció una suerte que estuviera a tan buen precio. Es el milagro del comercio. 
 

REPORTAR ERROR

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 245 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 245 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 245 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...