No debe haber en el mundo occidental un mandatario más políticamente correcto que el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.
Sus políticas a favor de los derechos de las minorías y los migrantes son lo opuesto a lo que hace y pregona su vecino, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Si hay algo de lo que nunca nadie podría acusar a Trudeau es de racista.