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Tumbas turísticas

Hay gente que viaja por todo el mundo visitando muertos

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23 de febrero de 2018 a las 05:00

El escritor neerlandés Cees Nooteboom (1933- ) vino a Montevideo con la idea de conocer donde está enterrado Juan Carlos Onetti. Pero tal tumba no existe pues los restos del escritor uruguayo fueron cremados en el cementerio madrileño de La Almudena.

Hay gente que viaja por todo el mundo visitando muertos. Los cementerios son una de las grandes atracciones turísticas del mundo actual, en el cual hay cada vez más gente, ergo, mayor también cantidad de viajeros. Hay cementerios a los cuales uno llega y ve multitudes. Cree que ese día ha muerto una cantidad de gente. Sin embargo, pronto se da cuenta que los visitantes no son deudos, sino que vinieron a fotografiar lápidas.

Son populares aquellos cementerios en cuyos panteones están enterradas figuras famosas, ya sean políticos, héroes, o ídolos de la cultura popular, quienes son los que atraen multitudes. Para poder ver la tumba de Jim Morrison, ubicada en el cementerio parisino de Père Lachaise, hay que hacer cola, pues los turistas japoneses se amontonan para sacarle fotos al mármol.

El fetichismo necrológico está de moda. En el otro gran cementerio parisino, el de Montparnasse, plácido remanso donde uno disfrutaría incluso estando muerto por la belleza del lugar y de los alrededores, tan cerca de la estación del metro, visité las tumbas de Baudelaire, Julio Cortázar, César Vallejo, y del cantante Serge Gainsbourg,la cual, según me dijo el encargado del camposanto, es la más popular.

Saqué fotos de algunas lápidas, hasta de gente que desconocía. El cementerio de Montparnasse es tan bello, que dan ganas de quedarse el día entero y hacer un picnic. Allí, un nicho donde pasar la eternidad en forma horizontal cuesta unos US$ 6 millones. La escritora Susan Sontag, amante de París, pidió que la enterraran en ese lugar, por lo que su familia desembolsó una fortuna para complacerla post mortem.

Pasar el resto de lo que venga después de esta vida en cementerios prestigiosos del primer mundo es más caro que hacerlo en un hotel cinco estrellas. Aunque la entrada a esos camposantos es gratis para los vivos, estos deben levantar el muerto de quienes quieren ser enterrados cerca de Baudelaire o del cantante de los Doors.
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