¿Cuál es el favorito? ¿Y cuál es el adversario alternativo más complicado? ¿Y quién es el que puede sorprender con una arremetida inesperada?
Las tres preguntas se repiten con insistencia a esta altura del año, cada víspera de 6 de enero, y cada cinco años al entrar en el período electoral. En la jerga del turf, las respuestas a esas tres preguntas se simbolizan con una expresión corta que figura en el programa de cada carrera, en especial de la gala del Premio Ramírez: “el candidato”, “el enemigo” y “la sorpresa”.
Los quinchos de verano de años electorales son ideales para el intercambio de argumentos para fundamentar porque el favorito es uno y no otro.Lo cierto es que los especialistas en turf que dan los resultados a esas tres cuestiones, lo hacen luego de considerar una serie de variables y de ir a ver “los aprontes” de los pingos en la pista, de cronometrar tiempos, de ver cómo llega el jockey, de cómo ha trabajado el “cuidador”, y de comparar fortalezas y debilidades. No se trata solamente de ver los antecedentes en carreras anteriores, aunque eso también cuenta, sino de “cruzar” datos del caballo, el profesional que lo conduce y del stud que está en los preparativos.
En ese sentido, ¿cómo responder a la interrogante sobre la definición electoral? Algo así como convertir las figuras del “stud”, el “pingo” y el jockey a partido político, candidato presidencial y equipo de campaña.
Y algo más: la gente, los que están en “el palco” (la elite), la tribuna especie Folle Illa (la clase media), y la “popular”, el espacio para los que comprar el ticket más barato pero juegan igual en la ventanilla de apuestas.
Los especialistas hacen su análisis, pero la condición de “favorito” la da la apuesta de la mayoría, lo que “la gente” cree que pasará.
La primera advertencia es que falta mucho para las internas (30 de junio), las presidenciales y legislativas (27 de octubre) y el balotaje (30 de noviembre).
La segunda advertencia es que falta ver “los aprontes”, o sea cómo hacen campaña. De las tres dimensiones de definición de voto, tenemos datos para evaluar las dos primeras, la de identidad partidaria (largo plazo), la de condiciones de coyuntura (mediano plazo) pero no contamos con lo que deja la de campaña propiamente dicha (corto plazo).
Los especialistas hacen su análisis, pero la condición de “favorito” la da la apuesta de la mayoría, lo que “la gente” cree que pasará.
¿Qué se puede considerar entonces? Para las elecciones primarias, el 2018 cerró con “favoritos” instalados, pero con dudas sobre el alcance de la chance de un “enemigo” interno.
En el Partido Nacional, Lacalle Pou consolidó su estructura y amplió bases con la incorporación de dirigentes de otras corrientes. Con tres alas bien identificadas, su propio Aire Fresco, el tradicional Herrerismo y el wilsonismo de la 40, tiene mayoría clara. Eso es porque la otra corriente blanca se partió en tres partes y aunque ni el grupo de intendentes rebeldes, ni el de la senadora Alonso logran repercusión en todo el país, Larrañaga queda frágil en varias áreas territoriales.
Pero él logró éxito con el plebiscito sobre seguridad que tiene amplio apoyo (más allá de las firmas recogidas) y es un “enemigo” que muestra su condición de caudillo.
Para el rótulo de “sorpresa”, hoy no hay nombre en los blancos. En el Frente Amplio, Daniel Martínez es el “favorito” de todo el período, al que todos visualizan como “el candidato” del oficialismo, por trayectoria y popularidad (el único de todo el espectro político con más simpatía que antipatía). Debido a que la otra corriente interna frentista, el eje comunista-tupamaro, se dividió a la hora de elegir postulante, Martínez refuerza su favoritismo, porque además logró el apoyo de un arco amplio, mayor al de “la izquierda moderada”, con sectores como los de Constanza y otros.
El plan de Cosse era bueno: con militancia juvenil en la UJC y con arribo a la política de la mano del MPP, y siendo mujer, era sólida postulante para ese eje, y pelear de igual a igual al “Pelado”. Pero ni el PCU contaba con que el “Boca” Andrade metiera su candidato con fuerza tal como para que no pudieran bajarlo.
Ahora la duda está en cuánta gente vota en la interna de un Frente que está desmovilizado y no será fácil de sacudir hasta julio: el MPP tiene red y recursos para potenciar a Cosse.
En el Frente, entonces hay un “favorito”, y por ahora no hay “enemigo” pero sí “sorpresa”: Carolina. En el Partido Colorado hay un “favorito” para la opinión popular que es el dos veces presidente, Sanguinetti.
Talvi tiene buen efecto en la campaña pero en la última encuesta de Equipos su popularidad dio: 9% de simpatía, 26% antipatía, 6% neutro, 55% no lo conoce y 4% no sabe qué decir.
Amorín Batlle tiene estructura de la 15, Sanguinetti del Foro, y Adrián Peña y Talvi una red importante en todo el país.
Las tres corrientes coloradas dicen contar con la mejor red, pero eso se verá el 30 de junio.
Sanguinetti se ha convertido en “la sorpresa” de la campaña, no para ganar la Presidencia, sino para cumplir su doble objetivo: dinamizar al partido primero, y articular una alianza de gobierno con los blancos (y otros) después.
Con pocas movidas, despojado del traje de doble presidente y rescatando raíces de político popular, Sanguinetti se erige en la gran figura del partido, sin haber dicho públicamente si será o no precandidato.
En los otros partidos no hay internas. Para octubre, falta tiempo y datos, lo que no implica que no haya tendencias claras, las que se configuraron desde la primavera de 2015.
Pero además del resultado de analistas, importa lo que dice el público, los apostadores del turf, los votantes de una elección.
Durante 2018 hubo un cambio lento pero firme en la percepción de “la tribuna” (tanto la popular como la del medio) que pasó de creer que el Frente Amplio perdería votos y eso le llevaría a perder la “mayoría parlamentaria” pero no el gobierno, a considerar que la chance está del lado de la oposición.Con variantes según la encuestadora, el resultado es de mitades, unos creen que el Frente sigue de largo y otros creen que se vienen los blancos (y asociados).
Pero el cambio visto en los últimos días de 2018 y los primeros de 2019 está en “el Palco oficial”. Por primera vez, altos dirigentes del oficialismo reconocen que están para perder, o que corren riesgo de perder, lo que posiblemente sea un
sentimiento que mute luego en el bullicio de una campaña. Pero eso pega en el ánimo, en la capa caída, en masticar bronca.
Ni hemos visto los aprontes de las internas, mucho menos de las nacionales, pero en el Palco comenzó a modificar la idea de candidato, enemigo y sorpresa.