6 de marzo 2022 - 5:00hs

La semana pasada, cuando solo se sabía de la invasión rusa a Ucrania del jueves 24 febrero pero no su desarrollo, titulé esta columna “Ucrania duele”. Duele y sigue doliendo. Porque está en guerra, lo cual siempre es doloroso. Porque es una guerra inútil, no provocada y que podría haberse evitado si no fuera por el afán nacionalista de Putin . Porque es David contra Goliat y uno siempre está con el más débil y además, en este caso, el más débil es la víctima de una agresión que no provocó. 

Una semana después de la invasión rusa, uno puede decir que además de que esta situación de Ucrania duela, también enorgullece. Enorgullece tanto por la reacción de los ucranianos liderados por un desafiante y valiente presidente Volodymyr Zelensky, que rechazó la posibilidad de huir de su país, sino también por la reacción de muchos países occidentales que Putin jamás imaginó. De hecho, fue la percepción de la debilidad en Ucrania y en Occidente lo que generó el deseo de ocupar Ucrania y vaya a saber qué otros países (por de pronto, Suecia y Finlandia ya han sido amenazados).

Por el lado ucraniano, los hechos confirman que lo que parecía un paseo  de tropas rusas se ha transformado en un serio problema para el amo del Kremlin. Encontró mucha más resistencia de la que preveía por parte de las tropas ucranianas. Y no solo eso: encontró resistencia civil de muchas personas que salieron a las calles a desafiar los tanques y artillería rusa. Algunos con armas, otros con su sola presencia obstaculizando el paso de las divisiones enviadas por Putin. Las fuerzas armadas ucranianas se han movido con mucha habilidad y han atacado las líneas de suministro rusas o han derribado puentes que facilitan el camino.

Por el lado de los países occidentales, la magnitud de las sanciones económicas impuestas rápidamente han sorprendido a propios y extraños. Son sanciones muy distintas de las aplicadas en 2014 cuando la ocupación rusa de Crimea. Estas han provocado real daño a la economía rusa: el rublo se desplomó así como las acciones de las empresas rusas, muchos de los activos del banco central ruso han sido congelados, hay corridas bancarias por parte de los ciudadanos que quieren tener efectivo, el sistema financiero ruso se ve en serios problemas para funcionar luego de haber sido separado del sistema de pagos internacionales SWIFT. Tan efectivas han sido las sanciones que hay temor en la Casa Blanca en la reacción que Putin pueda tener.

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El banco J P Morgan estima que el daño a la economía rusa puede ser similar al de 1998, cuando el PBI cayó un 11% después de la  crisis financiera en Asia. Además, las principales empresas americanas y europeas han comenzado a salir de Rusia, aunque ello les implique menores ventas o la pérdida de un mercado atractivo. Por lo demás, países como Alemania cambiaron su tradicional política de no intervención y decidieron enviar armamento a Ucrania. Y en el mundo del deporte, Rusia ha quedado aislada y suspendida de las principales competiciones.

La reacción anti rusa se hizo notar también en el mundo de las artes y cada evento deportivo fue usado para levantar las banderas de Ucrania. Tanto es así, que la televisión china decidió suspender la transmisión de partidos de fútbol de la Premier League inglesa por las manifestaciones de jugadores y público a favor de Ucrania. Una China, recordemos, que en 2014 condenó la acción rusa en Crimea y ahora solo hace llamados a la negociación. Muy seguramente Ucrania no podrá repeler por mucho tiempo la invasión rusa.

Pero Rusia tampoco podrá ocupar Ucrania por completo, salvo a un costo económico y militar incalculable.

No ganará la guerra como los talibanes en Afganistán que veían al ejercito afgano unirse a su avance. Los ucranianos no han visto a los rusos como liberadores de ningún yugo. Al contrario, vieron la invasión como un acto de agresión inexplicable e injustificable. Y, aprovechando las ventajas de las redes sociales y la transmisión en directo de ataques con tanques y misiles mediante el poderío de los teléfonos celulares, los ucranianos han ganado la batalla de la opinión pública mundial: Rusia es visto como un agresor de un vecino pacífico e inofensivo.

Por ello Rusia tampoco podrá hacer en Ucrania lo que hizo en Bielorusia: un gobierno títere y dictatorial con represión militar apoyada por los propios rusos. Ucrania es muy grande y difícil de controlar. 

Es difícil ver la salida a esta situación. Es improbable una derrota y retirada rusa y también es muy difícil la desmilitarización total de Ucrania a la que aspira Putin. No hay solución fácil de este conflicto. Pero claramente, es crucial que Putin encuentre un freno a sus ambiciones.

La batalla de Ucrania, en ese sentido, es vital para el mundo libre. Con todo, la situación en mejor que hace una semana: Ucrania dio una lección a Rusia y al mundo. Es algo de lo cual cabe enorgullecerse y felicitar al gobierno y pueblo ucraniano.

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