10 de junio de 2015 5:00 hs

En medio de la campaña electoral y en la quinta medida de este calibre que toman desde que Cristina Fernández se encuentra en el poder, los sindicatos de transporte opositores paralizaron ayer las actividades en Buenos Aires y en gran parte del país: no hubo trenes, metro, ómnibus, aviones ni barcos. Reclaman aumentos por encima del 27% que fijó como techo el gobierno kirchnerista, que calificó el objetivo del paro de "político" y que busca generar "zozobra" y "confusión".

"Hubo una adhesión muy importante" a la medida de fuerza convocada por la Confederación General del Trabajo y la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), dijo en rueda de prensa Hugo Moyano, líder de la huelga y del gremio de camioneros. "El acatamiento es total, hoy (por ayer) no funciona nada. El paro es el síntoma de que algo está mal", dijo por su parte, Omar Pérez, el secretario de Transporte del poderoso Sindicato de Choferes de Camiones.

Todos los vuelos nacionales y algunos internacionales fueron cancelados, pero abrieron numerosos comercios, restaurantes, bancos, escuelas públicas y privadas, a un ritmo de feriado. El 88% de las tiendas de todo el país abrieron sus puertas pero perdieron ventas por un total de 1.680 millones de pesos (US$ 187 millones), según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

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En el área portuaria de Rosario, uno de los mayores núcleos agroexportadores del mundo, la actividad era reducida. De acuerdo con la Bolsa de Comercio de Rosario, la cantidad de camiones con granos que ingresaron a las terminales de la región cayó un 72,2% con respecto al lunes, a solo 985 vehículos.

Los piquetes bloquearon los principales accesos a Buenos Aires y otras capitales del interior del país para garantizar el éxito de la protesta, que afectó a otros sectores clave, como los puertos, la recogida de basuras y las estaciones de nafta. Otras actividades, como el Correo, los bancos y los colegios también sufrieron el impacto de la huelga.

Los convocantes protestan contra las limitaciones en las negociaciones colectivas sobre los aumentos salariales de 2015 que pretende imponer el gobierno para controlar la inflación. En plena negociación colectiva de sectores claves de la economía argentina, los sindicatos piden una suba del 35%, frente al 27% apuntado como límite por el gobierno, y exigen la reducción de los impuestos sobre los salarios de los trabajadores.

Los gremios reclaman además la reducción de un impuesto llamado a las Ganancias, que se aplica sobre los salarios medios y altos. Con el objetivo de disminuir el descontento sindical en medio de las demandas por aumentos salariales, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández anunció en mayo una rebaja en el impuesto a las ganancias, un cambio que los sindicalistas estimaron insuficiente.

Si bien el gobierno consideró en reiteradas ocasiones que el actual diseño del Impuesto a las Ganancias resulta injusto para muchos argentinos, también destacó que es necesario para solventar los gastos sociales en momentos en que la economía se encuentra estancada y las erogaciones del Estado crecen.

Justamente, en el trasfondo de la protesta, existe una elevada inflación que organismos privados sitúan por encima del 30% y que cálculos oficiales rebajan a 18%, en un país donde más de 4 millones de trabajadores cobran alrededor de US$ 560 y con un importante peso de la economía sumergida.

Para el gobierno, la convocatoria tiene un objetivo "político" y no busca dar soluciones sino generar "confusión" en la recta final del mandato de la presidenta y a solo dos meses de las elecciones primarias que definirán a los candidatos que competirán por la Casa Rosada.

"Yo quisiera saber cómo se está defendiendo al trabajador haciendo un paro de estas características, donde impiden a la inmensa mayoría de los trabajadores ir a trabajar, que es lo que seguramente quieren hacer, que no están identificados ni de casualidad con su visión (con la de los sindicatos)", dijo ayer el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Se trata, agregó, de "un paro político con objetivos claros", "que no aporta absolutamente nada" y que lo que busca es generar "confusión".

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