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Un camino muy peligroso

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18 de julio de 2018 a las 05:00

Los organismos internacionales pronostican nubarrones en la economía mundial a corto plazo por el cimbronazo de las guerras comerciales entre Estados Unidos (EEUU), China y Europa, que sin duda desembocarían en una tormenta perfecta si avanzan la retórica contra la globalización y las políticas proteccionistas.

El lunes 16, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que las controversias comerciales entre EEUU y sus socios pueden dañar a corto plazo la economía global.

"El riesgo de que las tensiones comerciales actuales se intensifiquen y que impacten negativamente en la confianza y en la inversión representa la mayor amenaza para el crecimiento mundial en el corto plazo", dijo Maurice Obstfeld, economista jefe del FMI.

El pesimismo del FMI está en la misma línea que dibuja la Organización Mundial de Comercio (OMC) que el miércoles 4 dijo que las barreras comerciales impuestas por las principales economías del mundo podrían poner en peligro la recuperación económica global y aseguró que sus efectos ya están empezando a quedar en evidencia.

"El marcado incremento de nuevas medidas restrictivas entre economías del G-20 debe ser una preocupación real para la comunidad internacional", dijo el director general de la OMC, Roberto Azevedo. Agregó que el organismo ha comprobado más restricciones al comercio.

"Esta continua escalada plantea una grave amenaza para el crecimiento y la recuperación de todos los países, y estamos empezando a ver esto reflejado en algunos indicadores prospectivos" entre los países más industrializados, según la OMC.

Qué ironía que el presidente estadounidense Donald Trump, el líder de la principal potencia del mundo que ha sido el factótum de la globalización desde 1950, sea el principal responsable de la guerra comercial con China y la Unión Europea, pero también con Canadá y México, sus socios comerciales en el tambaleante Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

En cumplimiento de sus promesas electorales, Trump ha puesto en la mira a las importaciones de Pekín y a Bruselas, luego de aprobar derechos de aduana punitivos de 25% sobre US$ 34 mil millones de productos que China vende a Estados Unidos.

El jefe de la Casa Blanca está rompiendo in totum no solo con la lógica del multilateralismo, una piedra angular de las negociaciones y tratados de libre comercio, sino con la arquitectura internacional diseñada para llegar a un estadio final de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnología y capitales, para lo que aún falta un largo camino por recorrer.

El mundo ya conoce de sobra las consecuencias nefastas de una hoja de ruta de barreras al libre comercio como ocurrió en las décadas dominadas por las guerras mundiales del siglo XX. Como dijo esta semana el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, la historia deja en evidencia que las guerras comerciales desembocan en "conflictos violentos".

Las advertencias del FMI y de la OMC están apoyadas en evidencia empírica. Nadie puede desmentir la relación que existe entre apertura comercial y crecimiento económico. Nadie puede desmentir que las barreras al comercio aumentan los precios de las importaciones, restringe la capacidad de elección de los consumidores y la calidad de los bienes y servicios del comercio mundial. Nadie puede desmentir que las políticas proteccionistas que promueve Trump actúan como un impuesto sobre el consumo y la producción. Por todo eso es que perdemos todos.

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