20 de marzo de 2015 15:48 hs

Bombones rellenos de maracuyá, de frambuesa, dulce de leche, avellanas. Para los más osados de pimienta rosada, sal marina o de queso y tomate.

Estos son algunas de las variedades que ofrece Oh Chocolaterie, un emprendimiento uruguayo que trabaja con puro chocolate belga en todas sus expresiones.

Además de sus bombones originales, su propuesta reúne tabletas, en rama, y los conejos y huevos de pascua clásicos de esta época. Todos en sus variaciones de chocolate blanco, con leche o amargo.

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Fue Lucía Contatore (25), estudiante de arquitectura, la que hace tres años comenzó con este negocio. En la actualidad, comercializa sus productos por encargo y en determinados puntos de venta como Delishop, Pecana, La Tienda del Té y un local en el departamento Tacuarembó.

Su mercadería ha sido bien aceptada en el mercado y se ha convertido ya en un clásico de cumpleaños y casamientos para las mesas dulces y souvenirs. A su vez, ha logrado formar parte de varios eventos, entre los que se destacan los Premios Iris.

También desarrolló acuerdos con algunas empresas como Picsens, plataforma para enviar a revelar fotos desde el celular. A partir del Día de los enamorados, uno puede hacer su pedido de fotos y agregarle una caja de bombones.

Asimismo, se hicieron campañas puntuales con Te quiero Reina, la marca de vajilla antigua, y con Mille Modi, diseño y confección de ropa interior.

El remedio del alma
La emprendedora y estudiante de arquitectura es una gran consumidora de su producto. Compara el comer un trozo de chocolate con recibir un abrazo; es reconfortante. Concuerda con la conocida frase de que es el remedio para el alma.

Su pasión provocó que Contatore realice periódicamente charlas sobre la historia del chocolate, que va acompañada de una degustación guiada. La semana pasada, por ejemplo, ofreció una charla sobre maridaje de chocolate y vino en el Hotel My suites.

A futuro quiere abrir su local para la venta al público y concretar el proyecto de producir chocolate a partir del grano de cacao, en el cual hoy está muy enfocada.

Calidad de primera
El principal distintivo de esta chocolatería es la frescura de cada producto. Se trabaja con 24 horas de anticipación para poder hacer el pedido ese día o el anterior.

Su determinación para brindar un producto de calidad produjo que Oh Chocolaterie saltara al siguiente paso, y se propusiera desarrollar su propio chocolate a partir del grano de cacao.

Hoy en Uruguay trabaja con el chocolate belga Puratos, el cual viene en forma de medallitas, para agilizar su derretido. De concretarse, serían los primeros en el país en producirlo de esta forma. Este proyecto está en etapa de desarrollo.

Siempre presente
El gusto por ese dulce alimento llevó a que de adolescente, Contatore se propusiera, algún día, hacer chocolate.

Un viaje a Bariloche con su familia reafirmó su promesa. Se graduó del liceo y decidió estudiar arquitectura, como su abuelo, carrera por la que se entusiasmó.

Su meta quedó en el olvido por años, hasta que visitó una librería para comprar un regalo para una amiga que estudiaba cocina y encontró la obra Lo mejor del chocolate.

Le gustaba la arquitectura, pero sentía que algo le faltaba; no se sentaba por horas frente a la computadora, como hacían otros, para mirar cuestiones de su futura profesión. Ese libro fue la llave para despertar su verdadera pasión y le sirvió de impulso para dar los primeros pasos.

En un comienzo, trabajó con símil chocolate –confeccionados con sustitutos de manteca de cacao– por su costo y facilidad.

Compartió sus pruebas con familiares y amigas. La aceptación fue tal que le pedían para cumpleaños y reuniones.

Se enteró de un curso en la Universidad Católica y se anotó. La profesora era una ingeniería química de origen cubano y fue quien le “abrió sus puertas al mundo de chocolate”, según recordó Contatore.

“Descubrí todo lo que se podía hacer con chocolate, más allá de lo que yo hacía”, agregó.
Además, aprendió la importancia del grano del cacao, sus propiedades, su procedencia, cómo tratarlo y manejarlo. En ese momento, se armó de valor para dejar de producir con símil chocolate y pasar al puro: “Tenía miedo de usarlo, porque el chocolate puro para mí era para re capos. Después entendí que no, que había que practicar nomás”.

Abrió una pequeña empresa de tortas y chocolates. La recepción no fue la esperada, ya que todos le pedían tortas y nadie chocolates. Contatore se sentía decepcionada.

En ese momento, surgió la posibilidad de irse de intercambio por la facultad a Santa Fe, Argentina. Consideró que era propicio para olvidarse de hacer chocolates y enfocarse en su carrera de arquitectura.

Pero su pasión no daba el brazo a torcer, ya que no podía dejar de hablar de chocolates. De hecho, en ese tiempo vivió en un hostal y todos los residentes sabían de su afición, pero nadie que estudiaba arquitectura.

Trabajó, ahorró y se fue de viaje a conocer el mundo. Ese fue el quiebre. Volvió sin dudas, resuelta a crear una chocolatería.

Nadie de su familia cocinaba profesionalmente. De hecho, a su madre no le convencía mucho su actividad, y al principio peleaban bastante por ese tema.

Contatore resolvió no abandonar su carrera, terminarla, y hacer las dos actividades en paralelo. La opinión de su madre ha cambiado: ahora le pregunta porqué no se dedica de lleno a Oh Chocolaterie.

Prueba y error
Sus primeros intentos fueron con símil chocolate y tuvo que cometer muchos fallos para aprender a hacerlo bien. No sabía que la temperatura era importante y se le quemaba o se le mezclaba con agua.

Como en ese entonces no pensaba en comercializarlo, no se estresaba y aprovechaba para experimentar. Lo mezclaba con sabores raros y probaba cómo quedaba. Hoy mantiene su afán por el ensayo.

Sus primeras experiencias con el templado –mezcla de los cristales de la manteca de cacao a una temperatura correcta para que luego se endurezca– fueron complicadas. “Lloraba al principio porque no me salía. Pero es cuestión de probar y probar, y entender las reglas”, aseguró Contatore.

Más adelante comprendió que este proceso tiene ciertas condiciones que hay que respetar. Lo importante es la temperatura ambiente y la humedad. Oh Chocolaterie trabaja a 22º. Además, el chocolate es una grasa y no se lleva bien con la humedad.

“Si estás trabajando en un lugar con 50º y querés llevar un chocolate a 26º, es imposible. Me re frustraba, pero son cosas que dependían de otras condicionantes. El entorno en el que estaba trabajando no era el correcto”, asumió.

El siguiente paso fue encontrar una cocina que cumpliera los requisitos básicos para hacer chocolate. Decidió armarla en el antiguo estudio de arquitecto de sus abuelos.

Además de la amplitud, uno de los aspectos básicos para hacer el producto es controlar la humedad; eso se evita con el aire acondicionado.

“Hay días que cuesta más igual. Sin el aire no tendría chance. El año pasado, antes de ponerlo, tuve pila de pedidos para fin de año y tenía que trabajar de las 23.00 horas a las 6.00, horas del día en la que no hacía tanto calor”, explicó.

Sorprender al consumidor
Encontrarle un nombre adecuado a cualquier emprendimiento es crucial.
La chocolatera eligió la sorpresa como una de las características que identificaban a su marca y la plasmó en su denominación: Oh Chocolaterie.

Según su fundadora, el momento de comer es el de mayor intimidad, porque por más que se esté rodeado de gente, solo uno está probando ese bocado y sintiendo ciertas sensaciones.

“Quiero que ese momento tuyo te sorprenda y que sea una experiencia diferente y por más que estés a mil, esos cinco segundos en los que te dedicaste a comer el bombón te sea una experiencia gratificante y sorprenderte”, ejemplificó.

La estética de su packaging reafirma esa expresión.
La bolsa es oscura y la caja que contiene los chocolates es clara. Una vez que uno la abre se encuentra con los productos presentados de forma muy atractiva, delicados y apetitosos. De forma natural, brota de la boca de las personas la interjección “oh”, tan común para expresar sorpresa y admiración.

30
Kilos. De chocolate consume Oh Chocolaterie en un mes bajo y se duplica en fechas especiales como pascuas y fin de año.
$ 160
Costo. Este es el precio de un huevo de pascuas pequeño. El grande sale $ 370.
2
Horas. Es lo que tarda en hacer una plancha de 21 bombones.

Forma de expresión
En el diseño de sus productos, Contatore utiliza los conocimientos adquiridos en sus estudios en arquitectura.

Esta carrera le brindó un gusto especial y le educó el ojo, el cual busca la armonía.
Antes de hacer un bombón o huevo de pascua tiene que pensar su desarrollo. Planifica cada detalle. “Me siento, lo dibujo, lo pienso. Busco opciones. No es que me pongo a hacer un huevo y veo cómo queda”, afirmó.

Resaltó la inmediatez de hacer chocolate frente a la arquitectura. En una obra uno empieza y tiene que esperar a veces dos años para verla culminada. Se hace muy largo el trabajo. El chocolate en dos horas está terminado. Si quedó mal, tenés tiempo para arreglarlo, corregirlo, expresó Contatore.

Oh Chocolaterie fue beneficiaria del programa Jóvenes Emprendedores de la Agencia de Innovación e Investigación (ANII) y está siendo tutoriada por el gerente general de la incubadora da Vinci Labs, Óliver Socas.

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