15 de marzo de 2015 12:13 hs

Con Sector 9, el director sudafricano Neil Blomkamp sorprendió al cine. Al narrar la historia de un asentamiento de alienígenas instalado en el medio de la ciudad de Johannesburgo, el cineasta logró trabajar problemáticas complejas como la segregación y el racismo en una cinta de ciencia ficción con efectos especiales sorprendentes y una historia cautivante.

Bajo el ala de Peter Jackson como productor de su primer largometraje, en 2009 Blomkamp se adentró en la industria como uno de los realizadores audiovisuales más interesantes y las expectativas alrededor de su próximo trabajo solo crecieron a medida que este se fue craneando.

Lamentablemente, su segundo filme, Elysium –que fue protagonizado por Matt Damon y Jodie Foster, y se mostró como una película de mayor producción que Sector 9–, fue una decepción rotunda tanto para la crítica como para las audiencias, pese a que logró una recaudación positiva en la taquilla internacional. El propio director luego reconoció su fracaso, al expresar que tras Elysium comprendía que una buena idea no se transformaría exclusivamente en una buena película.

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Chappie es el tercer filme del sudafricano y, si bien parece haber aprendido de los errores de su anterior trabajo, al cineasta todavía le queda un camino por recorrer a la hora de construir un relato que se mantenga no solo a nivel audiovisual, sino a nivel narrativo.

En Chappie, Blomkamp vuelve a imaginar una Sudáfrica futurista, aunque no muy adelante en el tiempo.

En el futuro, la violencia ha alcanzado niveles insostenibles y, para detenerla, la policía debió recurrir a un ejército de androides capaces de actuar de manera autónoma a la hora de impedir un crimen. Como una mezcla de los robots protagonistas de Robocop y Cortocircuito, sumado a un par de antenas que le otorgan cierto aspecto de conejo, estos androides se volverán el éxito asegurado de Tetravaal, la empresa que los manufactura. Fiel a su género, esta corporación de apariencia maligna y con un interés puramente capitalista será el escenario de un conflicto entre dos trabajadores rivales, encarnados por Dev Patel y Hugh Jackman.

Sin revelar los hechos que desencadenan el conflicto principal, se puede adelantar que gracias a esa rivalidad y a la intromisión accidental de un grupo de ladrones –liderados por el dúo de rap alternativo sudafricano Die Antwoord que en el filme se interpretan a sí mismos–, se originará el nacimiento del robot protagonista del título: Chappie.

Como un androide con conciencia propia, Chappie nacerá como un niño que debe aprender desde cero y se verá mezclado entre la lucha de interés del mundo corporativo y criminal de Johannesburgo.

Como en sus anteriores películas, Blomkamp sorprende por el uso de efectos especiales. Desde el diseño, movilidad y personificación de Chappie a cargo de su actor predilecto Sharlto Copley hasta las escenas de acción, poca cosa se le puede reprochar al cineasta, que combina una cámara rápida y de planos imperfectos en pos de adentrar al espectador en la tierra o concreto donde sus personajes están parados.

Sin embargo, si bien Blomkamp parece ser un as a la hora de construir seres extraños, ya sea alienígenas o robots, son sus personajes humanos los que terminan atentando contra la construcción de su historia.

En el tiempo que el director logra que el espectador genere empatía con un robot al que se lo ve crecer, aprender y hasta experimentar sentimientos, el resto del elenco de carne y hueso no logra ir más allá de los arquetipos caricaturescos que sus personajes deben cumplir para continuar la trama.

Sí sorprende la participación de Ninja y Yo-Landi Visser de Die Antwoord, cuya presencia escénica e interacción con el robot protagonista es tan rica que por momentos logra salvar las escenas más exageradas del filme, que incluyen decapitaciones inesperadas y traslados de conciencias humanas al por mayor.

Como una prueba antes de convertirse en el próximo director de la saga Alien, Blomkamp demuestra en Chappie que es capaz de delinear un relato visualmente muy atractivo, pero debe recordar que a pesar de que su campo de juego sea la ciencia ficción, donde abarca los monstruos y seres fantásticos, el material humano es el que hace que una buena idea logre transformarse en una buena película.

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