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Un cuello de botella para la respuesta de Estados Unidos al coronavirus: el equipo de fax

“Imagínense la escena de cientos de faxes llegando y el equipo solo lanzando papel”, dijo una autoridad de salud

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15 de julio de 2020 a las 05:02

Los funcionarios de salud pública de Houston están teniendo problemas para seguirle el ritmo a uno de los brotes de coronavirus más grandes del país. Están desesperados por rastrear casos y poner a los pacientes en cuarentena antes de que transmitan el virus a las demás personas. Pero primero tienen que gestionar el equipo de fax de la oficina.

El equipo del Departamento de Salud Pública del condado de Harris, en Houston, hace poco se sobrecargó cuando un laboratorio envió un gran lote de resultados de pruebas, y arrojó cientos de hojas por todo el suelo.

“Imagínense la escena de cientos de faxes llegando y el equipo solo lanzando papel”, comentó Umair Shah, director ejecutivo del departamento. Hasta ahora, este condado ha registrado más de 40.000 casos de coronavirus.

Algunos médicos también envían faxes de pruebas para el coronavirus al número telefónico privado de Shah. Esos documentos se ponen dentro de un sobre rotulado como “confidencial” y se llevan al Departamento de Epidemiología.

Pese a que Estados Unidos trabaja mucho para controlar el coronavirus, sigue teniendo problemas provocados por su sistema de salud fragmentado: una mezcolanza de tecnología nueva y obsoleta y normas relacionadas con la información que no satisfacen las necesidades de los epidemiólogos. Los funcionarios de salud pública y los laboratorios privados han logrado incrementar las pruebas a más de medio millón al día, pero no poseen un sistema que pueda gestionar sin contratiempos esa avalancha de resultados.

Los departamentos de salud hacen un seguimiento de la propagación del virus con un entramado netamente estadounidense: un sistema de reportes en el que algunos resultados de pruebas llegan a través de fuentes de datos uniformes, pero otros llegan vía telefónica, correo electrónico, correo físico o fax, una tecnología que se conserva debido a que cumple con las normas de privacidad digital para la información relacionada con la salud. Estos reportes casi siempre se duplican, van hacia el Departamento de Salud equivocado, o carecen de información indispensable como el número telefónico o el domicilio del paciente.

La falta de un proceso digital estándar dificulta el reporte de los casos y el rastreo de los contactos, lo cual es fundamental para disminuir la propagación de la enfermedad. Muchos laboratorios se sumaron a este esfuerzo, pero tenían poca experiencia en salud pública, lo que agravó el desorden.

“Desde un punto de vista operativo, esto dificulta muchísimo las cosas”, señaló Shah. “La información avanza de manera más lenta que la enfermedad”.

El torrente de información en papel hizo que al menos un Departamento de Salud requiriera personal adicional. Hace poco, el estado de Washington trajo a 25 miembros de la Guardia Nacional para que ayudaran a ingresar manualmente la información de los resultados que no se presentan de manera electrónica.

“La obsesión con el número de pruebas complica una parte fundamental: ¿qué estamos haciendo con todas esas pruebas?”, comentó Thomas Frieden, exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés). “Este es, con justa razón, un problema difícil con el que todos los estados están teniendo dificultades”.

Mark Escott, la autoridad provisional del Departamento de Salud de la ciudad de Austin, Texas, y del condado de Travis, afirmó que su despacho está recibiendo cerca de mil faxes al día que incluyen resultados duplicados. Algunos faxes van dirigidos a otras jurisdicciones y muchos carecen de información fundamental necesaria para que su despacho investigue los casos. En Austin, la mayoría de esos faxes se envían a una computadora, pero tienen que imprimirse e ingresarse de manera manual a las bases de datos del Departamento de Salud Pública.

En promedio, su despacho está recibiendo toda la información que necesita sobre el resultado de una prueba once días después de que se toma la muestra, demasiado tarde para que valga la pena establecer contacto. Escott ha estado recomendando que, puesto que las pruebas tardan tanto en regresar, las personas de la región que presenten síntomas del virus asuman que están infectadas.

“Ya no sirve de nada recibir los resultados catorce días después de que la persona presentó síntomas”, comentó Escott.

De acuerdo con el CDC, antes de la pandemia, casi el 90 por ciento de los resultados de las pruebas de laboratorio para enfermedades rastreadas por los Departamentos de Salud Pública se transmitían de manera digital. Pero la necesidad de pruebas generalizadas para el coronavirus ha involucrado a muchas más personas en el ámbito de la salud pública, incluyendo a empresas que por lo general solo realizan pruebas para los empleadores, y a pequeñas clínicas que regularmente practican pruebas para enfermedades como la gripe y la faringitis estreptocócica. Eso ha aumentado el porcentaje de pruebas de laboratorio que llegan a los Departamentos de Salud Pública por diversos medios.

“Sí existen normas, pero debido a la embestida y al aumento drástico del volumen de casos y al incremento de la cantidad de pruebas, están teniendo dificultades para seguir el ritmo”, señaló Jason Hall, director del grupo de trabajo de informes de laboratorio de los CDC.

Según Janet Hamilton, directora ejecutiva del Consejo de Epidemiólogos Territoriales y del Estado, a nivel nacional, alrededor del 80 por ciento de los resultados de las pruebas para el coronavirus les falta información demográfica y la mitad de ellos no incluyen los domicilios.

“Cuando llegan los reportes con información faltante, tenemos que tratar de completarla”, comentó. “Nos comunicamos con el proveedor o consultamos otras fuentes de información. Pero eso lleva tiempo”.

El gobierno de Trump emitió directrices a principios de junio que requerían que los laboratorios informaran sobre aspectos como la edad, la raza y la procedencia étnica del paciente, de modo que los funcionarios de salud puedan tener mejores estadísticas demográficas de la pandemia del coronavirus. Estas reglas, que no entrarán en vigor hasta agosto, establecen que los laboratorios también “deberían” proporcionar el domicilio y el número telefónico de los pacientes, pero no los obligan a hacerlo.

Este tipo de información casi siempre se pierde, ya que la información común de las pruebas va del consultorio del médico al laboratorio, luego a la autoridad de salud pública y después regresa al médico que la solicitó, no necesariamente en ese orden. En cada etapa, las fallas tecnológicas pueden ralentizar o interrumpir el flujo de información esencial. Los consultorios de los médicos no siempre tienen sistemas digitales capaces de comunicarse con el laboratorio que analiza el resultado. El software de los laboratorios a menudo omite información que posteriormente necesitarán las autoridades de salud pública. Además, la transmisión por fax u hojas de cálculo puede requerir que los trabajadores vuelvan a ingresar la información a sus sistemas computarizados de manera manual, lo que aumenta el riesgo de que se produzcan errores o de que se dupliquen los registros.

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