3 de julio de 2013 11:01 hs

Uruguay, un país atrasado en tantas otras áreas vitales, está en camino de pasar de la costosa pesadilla de la dependencia energética a convertirse en ejemplo mundial de desarrollo en este campo. El secreto de una transformación que se concretará en dos o tres años está en el aprovechamiento eficaz de materias primas gratuitas y comparativamente limpias, como las lluvias para la generación hidroeléctrica en las represas, el viento para los parques eólicos y la luz del sol mediante paneles. Se les agrega la generación por biomasa, aprovechando fundamentalmente materiales residuales de las industrias forestal y arrocera, y el abastecimiento de gas cuando se complete la planta regasificadora en la bahía de Montevideo, que terminará con el complejo suministro desde Argentina.

La conjunción de todas estas fuentes permitirá reducir considerablemente el oneroso gasto actual de cientos de millones de dólares anuales en petróleo, que estamos obligados a comprar a los fluctuantes pero siempre altos costos internacionales. La Dirección Nacional de Energía (DNA) estima que para 2016 el petróleo caerá del actual 53% de la matriz energética total al 39%. El porcentaje puede ser aun menor si algún día se encuentra petróleo y gas que sea económicamente viable producir en nuestro territorio o en la plataforma marítima, perspectiva que existe pero incierta y a largo plazo. Pero el énfasis para 2016 está en la generación hidroeléctrica, del 13% actual de la matriz al 18%, la de residuos de biomasa de 18% a 29%, el surgimiento de los parques eólicos hasta producir 8% de la energía total y la duplicación del uso de gas natural.

De mantenerse el ritmo actual de los cambios en la matriz energética del país, se llegará dentro de tres años a que el 90% de la generación eléctrica se base en energía de fuente renovable. Ninguna otra nación ostenta hasta ahora ese porcentaje, incluyendo a los países desarrollados, que siguen dependiendo de fuentes agresivas para el medioambiente, como el petróleo. La política energética que ha abierto estas buenas perspectivas para Uruguay incluye el descarte de la energía nuclear, que hasta hace pocos años se pensaba introducir pero que conlleva el altísimo costo de los reactores y el riesgo de graves accidentes como los de Chernóbil y Fukushima.

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Hugo Lucas, director de la Agencia Internacional de Energías Renovables, destacó hace poco en Montevideo que adecuadas decisiones políticas implementadas con eficiencia técnica son la base para que Uruguay se convierta en “país líder” en el mundo, especialmente en el mercado eólico, con perspectivas de llegar a ser exportador de energía cuando la producción exceda los requerimientos internos. Pasará todavía bastante tiempo antes de que abunde la energía limpia y más barata. Pero es destacable el alentador panorama energético, en contraste con otras áreas esenciales como la educación, la salud, las obras de infraestructura, la reforma del Estado o la modernización del anacrónico sistema del proceso penal. En estos campos persisten inacción, claudicaciones e ineficiencias que siguen trabando el camino hacia el desarrollo.

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