Opinión > Análisis / Claudio Romanoff

Un fuego se apaga con fuego

Maniobra del FA logra desviar foco del caso Sendic, pero equipara casos de corrupción

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24 de marzo de 2018 a las 05:00

El Frente Amplio quiso apagar un incendio con fuego. Dos días después de que el fiscal Luis Pacheco pidiera el procesamiento sin prisión del ex vicepresidente Raúl Sendic, aparece en la prensa –¿casualidad de Paul Auster o Milan Kundera?– un informe sobre los cuantiosos e injustificables gastos de exdirectores del Banco República entre 2000 y 2005.

Algunos de ellos fueron realizados en lo peor de la crisis de 2002, en épocas de corralito y desolación, cuando sólo faltaban fardos de heno rodando frente a locales comerciales cerrados por la avenida 18 de julio. Para los funcionarios públicos no hubo ninguna crisis, claro.

La maniobra fue efectiva. Los medios desplazaron su atención de la polémica sobre el caso Sendic y lo que falta en la causa de ANCAP hacia los pecados cometidos más de una década atrás. Y el ex vicepresidente blanco del BROU, Pablo García Pintos, contribuyó al inmolarse en Radio Sarandí, donde ante oídos atónitos dijo que empleó la tarjeta corporativa para realizar aportes al Partido Nacional. Ni el arquitecto de la opereta pudo imaginarse tal repercusión, la cual obligó a los líderes blancos a condenar tales conductas y a citar de urgencia a su comisión de ética.

Pero lo interesante del caso es que el origen y propósito de la divulgación de los datos tienen tanto o más valor que el contenido de la información en sí misma. La respuesta al pedido de informes formulado por el diputado Daniel Placeres (un hombre muy allegado al ex presidente José Mujica) es de octubre del año pasado. Y salta ahora, luego del pedido de procesamiento al ex vice. Gran sentido del timing. Casuales casualidades (suena Bonaldi). La intención evidente de la maniobra fue dañar políticamente al Partido Nacional, patrocinante en una denuncia sobre el uso de tarjetas corporativas y limar (de limo) sus cuestionamientos a los hombres del FA que sucumbieron a similares tentaciones.
Un éxito total, podría pensarse.
¿Un éxito total?

Apagado los fuegos, las cenizas se mezclan y son negras por igual. La conducta de los exdirectores blancos y colorados del BROU es horrible, igual que la de varios exdirectores de ANCAP.
Los partidos históricos ya tenían su galería de personajes en el stand de la corrupción, pero el Frente Amplio también colgó los suyos, entre ellos el ex vicepresidente de la República. La izquierda ganó, entre otras cosas, como opción frente a los abusos de blancos y colorados. Ahora, frente a los suyos, considera políticamente rentable asociarlos a los cometidos en el pasado por sus rivales.

Capaz que la estrategia es evitar que las cuestiones éticas sean centrales en la próxima campaña electoral en función de que nadie está libre de mancha. Tal vez le convenga a todo el mundo, pero los blancos y colorados de hoy pueden despegarse tranquilamente de los corruptos de ayer y recoger el guante. Al mismo tiempo que se desarrollaban estas cuestiones en el plano mediático, encuestas de Equipos y Cifra mostraron un franco deterioro de la popularidad del gobierno, que cosecha una desaprobación en torno al 50%. La de Equipos muestra, además, algo más significativo. Todos los líderes políticos tienen saldo de popularidad negativo, aunque los de la oposición tienen el peor, por lejos.

Hay sonrisas y festejos ante una picardía política bien hecha y exitosa en su ejecución.
Eso sí, en medio de las intrigas de Shakespeare también hay galas y bailes, pero al final mueren todos.
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