18 de noviembre de 2011 20:14 hs

Festejar 10 años con un premio Morosoli en la puerta, es sin duda una buena noticia para el Instituto de Actuación de Montevideo. El Observador conversó con dos de sus tres directoras, Gabriela Iribarne y Marisa Bentancur, acerca de la importancia de este reconocimiento y acerca de los cambios en la actividad teatral en esta última década.

¿Cuánto cambió el escenario teatral uruguayo desde que comenzaron en 2001?
Iribarne: En el plano artístico, hubo una evolución natural, en sintonía con las corrientes teatrales regionales y universales. Sin embargo, hubo grandes cambios a nivel del surgimiento de fondos públicos. En estos últimos siete años, el Estado apostó mucho al teatro.

¿Cuáles fueron las bases a partir de las cuales se fundó el instituto?
Bentancur: Como diferencial, el Instituto de Actuación de Montevideo, partió de la base de considerar que la autogestión y la capacidad de producir sus propios espectáculos eran herramientas esenciales para el intérprete. Creemos que esta postura, permitió instalar una cultura proactiva en nuestras seis generaciones de egresados, (cerca de 100 profesionales). Así, de nuestros egresados surgió una escuela de improvisación, diversos directores y dramaturgos que están generando sus propios proyectos en el medio como Luciana Lagisquet, Alejandro Gayvoronsky, entre otros.

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Iribarne: Otro de nuestros pilares fue apuntar a la formación de actores para dos lenguajes diferentes: el teatral y el audiovisual.

Otra de sus marcas fue su distanciamiento de Socio Espectacular...
Bentancur: Nosotros empezamos con Socio Espectacular recién instalado en el medio, que progresivamente ha significado una vedette difícil para el actor. Socio Espectacular es un emprendimiento, que ofrece una oferta muy amplia para el socio a un precio muy bajo pero que se sustenta en la falta de profesionalización. La gente puede acceder al teatro a un precio tan económico porque las producciones están devaluadas en tanto los actores, directores y los equipos de trabajo en general, prácticamente no cobran por sus puestas. Este esquema ha creado una cultura donde el público quiere pagar poco para ir al teatro,aun cuando esté dispuesto a pagar mucho más por otras actividades culturales como el cine.
Es un tema complejo, que en definitiva va en contra de la profesionalización, porque los actores, directores y técnicos tienen que buscar otras vías para solventarse, en lugar de poderse dedicar en forma exclusiva a la actividad creativa.

¿Qué soluciones ven a este círculo vicioso?
Iribarne: Lo que correspondería, quizá sería un modelo como el de Francia o Alemania, en las que priman políticas de Estado de subvención. Las artes escénicas, a diferencias de otras producciones culturales con soporte, como el disco o el libro, no pueden generar otras unidades de negocio, por lo que necesitan de subvenciones.

¿Hay espacio para tantos actores en Uruguay?
Iribarne: En Uruguay lo que sucede es que hay como tres niveles productivos, que suelen mezclarse en cartelera. Uno es el profesional, donde hay instituciones, o artistas que generan sus proyectos, después hay un nivel semiprofesional, que está formado por egresados de diferentes escuelas formativas o que se reúnen en torno a iniciativas como la Movida Joven y después está el teatro que sale de talleres barriales o privados. Cada uno de estos niveles mueve un montón de gente y un montón de público. El gran problema de Uruguay es el desorden que se produce en la cartelera. Estaría bueno que en esta última, pudiera identificarse la trayectoria de los elencos y los niveles argumentativos, entre otros aspectos que pudieran orientar al espectador en la elección.

Bentancur: El problema es que no hay una inversión en generar una demanda para esos proyectos, ni tampoco un trabajo en la correcta comunicación de los mismos.

¿En la currícula de la IAM se incluye un módulo de comunicación?
Iribarne: Nosotros damos herramientas para la autogestión, pero no sustituimos a la formación de productores y gestores culturales, que es otro ámbito de conocimiento necesario.

El instituto acaba de publicar Visiones en movimiento, un libro que apunta a dejar por escrito diferentes experiencias prácticas en la adaptación de tragedias griegas. ¿Cómo surge esta idea?
Bentancur: Surge de la necesidad de abrir un área de publicaciones en torno a las artes escénicas en el instituto. Visiones en movimiento, es el puntapié inicial con el que abrimos el área de publicaciones del IAM, que tendrá como objetivo presentar año a año materiales sobre investigación en las artes escénicas. Para los próximos años, ya está la idea de hacer un trabajo conceptual sobre el arte de la actuación a través de la historia a cargo de Gabriela y otro sobre teatro de improvisación en el que están trabajando Bernardo Trías, María Mendive, y Sofía Etcheverry.

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