14 de julio 2022 - 14:37hs

Por Peter Campbell

La propagación del sistema CarPlay de Apple es una amenaza para la industria automovilística

Para parecer inteligentes, algunos ejecutivos de compañías fabricantes de automóviles han optado por llamar a su producto "un iPhone sobre ruedas".

La frase ayuda a los inversionistas a evocar imágenes de una tecnología agradable, reluciente y apreciada por los consumidores, al tiempo que ayuda a desterrar las visiones de maquinaria pesada o de sindicatos.

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Es cierto que la conexión de los coches al Internet abre un abanico de posibilidades, desde pedir un café mientras se conduce hasta el streaming a bordo para los niños que viajan en el asiento trasero. Los fabricantes de automóviles creen que estas características les proporcionarán nuevas y lucrativas fuentes de ingresos en el futuro, ayudándolos a expandirse desde la fabricación de partes metálicas de bajo margen hacia el ámbito de los "servicios", más favorable para los inversionistas.

Stellantis, propietaria de Fiat, Jeep y Peugeot, cree que puede recibir €20 mil millones en ingresos con los servicios de aquí a 2030. Además, la venta directa a los conductores les aporta a los propios fabricantes la importantísima "relación con el cliente" — en gran parte cedida a los concesionarios — junto con una gran cantidad de datos.

Todo ello ayuda a una industria con escasos múltiplos de valoración que ocultan el hecho de que sus compañías son líderes mundiales en multitud de áreas, desde la investigación, la ingeniería y la mercadotecnia hasta la fabricación.

A menos, por supuesto, que Apple se les adelante. Se sabe perfectamente que el gigante tecnológico está trabajando en algún tipo de propuesta automovilística.

Sin embargo, a pesar de todos los rumores sobre un "coche de Apple" en secreto, su verdadera incursión en la industria ya está integrada en millones de vehículos. En su conferencia de desarrolladores del mes pasado, Apple presentó su más reciente sistema CarPlay, una bestia significativamente metamorfoseada del servicio de mapas y música actual.

"La profunda integración con el hardware del coche permite sintonizar el radio del vehículo o cambiar la temperatura sin salir de la experiencia CarPlay", presumió la ejecutiva de la compañía Emily Schubert.

El nuevo sistema se encarga de todas las pantallas de un vehículo, con selectores y pantalla personalizables. Apareció una diapositiva con una docena de marcas de automóviles, desde Ford y Honda hasta Porsche y Mercedes-Benz, que están "entusiasmadas por llevar esta nueva visión de CarPlay a los clientes", anunció Apple.

Esto fue una noticia para algunos de los fabricantes de automóviles que figuran en la lista, que no esperaban tener sus nombres estampados en el producto. Sin embargo, siempre que los clientes quieran las características de Apple, las marcas no tienen más remedio que comprarla.

Sin embargo, la "iPhone-ización" de la industria automovilística trae sus propias lecciones del mundo de los teléfonos inteligentes, donde los productores que no fueron capaces de ofrecer software de consumo acabaron siendo fabricantes de dispositivos poco glamorosos. El gran temor en las salas de juntas desde Detroit hasta Tokio es que a los consumidores que compran un coche por la interfaz de Apple no les importe realmente qué logotipo adorne el volante.

Tras ver el anuncio, el director general de un gran fabricante de automóviles lo expresó de esta forma: "¿Queremos que Apple o Google vengan y se hagan cargo, que entren en nuestro coche y consigan la relación directa con el cliente, que nuestro cliente hable con Siri en lugar de con nuestro propio sistema?"

Sin embargo, el software de los coches está muy lejos del software de los teléfonos inteligentes. "¿Con qué frecuencia se reinicia el software en un teléfono?", se pregunta un ejecutivo de la industria automovilística. "Aunque sea de vez en cuando, eso no puede suceder en un coche".

Sin embargo, la mejor tecnología que ofrecen los fabricantes de automóviles en los coches ya se percibe como algo tosca en comparación con la tecnología actual de Apple. Al igual que muchos de los entusiastas recién llegados a la industria han descubierto que fabricar coches es difícil, los fabricantes establecidos han encontrado en el software un hueso duro de roer.

El nuevo jefe de Volvo Cars, Jim Rowan, quien se incorporó a principios de este año, le dio un giro a la posición de la compañía para enfocarse en los coches y dejar que otras compañías desarrollen su software.

La apuesta de VW por aglutinar sus iniciativas en materia de software en un solo proyecto llamado "Cariad" ha sido decepcionante, mientras que los fallos de software en el Jaguar I-Pace eléctrico retrasaron significativamente su lanzamiento. Apenas pasa una semana sin que los fabricantes de automóviles, en algún lugar del mundo, lancen una retirada de producto relacionada con el software.

Sin embargo, aunque la industria produzca sistemas nítidos e intuitivos, hay un obstáculo mayor: conseguir que los consumidores, acostumbrados a interactuar con los sistemas de Apple o Android en sus vidas, soporten algo diferente cuando conducen.

"Llevas a Apple de la cocina al coche, pero nunca llevas a VW del coche a la sala", señala Philippe Houchois, analista automovilístico de Jefferies. Recién salido del último teléfono ligeramente retocado, el hábil equipo de diseño de Apple ha trazado las últimas líneas de batalla con los fabricantes de automóviles. La industria aún no ha descubierto cómo, o incluso si, debe competir con ella.

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