Álvaro García estaba en su casa cuando un llamado lo obligó a salir de apuro en su auto particular rumbo a la esquina de avenida Fructuoso Rivera y Luis Alberto de Herrera. Al llegar comprobó que lo que había empezado como un
asalto a un supermercado, se había convertido en una situación con rehenes, en la que un delincuente apuntaba contra una joven cajera del comercio.
Como comisario responsable de la Unidad de Respuesta de la Policía de Montevideo (URPM) de la zona II, García debió ponerse en el rol de negociador, valiéndose de lo aprendido en un curso sobre rescate de rehenes que había tomado hacía tres años, y de un protocolo con el que cuenta el Ministerio del Interior para este tipo de situaciones.
La primera demanda del delincuente fue la liberación de su cómplice de 17 años, el cual había sido arrestado por estudiantes de la Escuela Policial que realizaban prácticas en la zona, cuando intentaba escapar. García aceptó, y el adolescente corrió hasta tomarse un taxi, pero finalmente, con ayuda de un vecino y del conductor del vehículo, la policía pudo recapturarlo (ver nota aparte).
Con el arma todavía apuntando a la cajera, el hombre pidió que le enviaran un taxi para fugarse del lugar. Esta vez, García se negó para evitar poner a más personas en peligro, y en vez de eso le ofreció su auto particular.
"Para mi fue una experiencia nueva. Se vivieron momentos de mucho nerviosismo", contó García en conferencia de prensa que se realizó este jueves en la Jefatura de Policía de Montevideo.
Mientras García hablaba con el delincuente, que seguía aferrado a la rehén y se negaba a soltarla, el cabo Ricardo Guevara logró escabullirse por detrás del delincuente. Al verlo distraído se abalanzó contra él, quitándole el arma con la que apuntaba a la cajera. En ese momento, con la mujer ya separada del delincuente, el arma llegó a dispararse, impactando en el vidrio trasero del auto de García.
"¡La mujer está bien!", gritaron los policías que terminaron por reducir al delincuente, y los vecinos que estaban en la vereda de enfrente comenzaron a aplaudir.
La participación de Guevara en el desarme del delincuente no fue casual. Este cabo tenía experiencia por su trabajo en el programa Bus Seguro, mediante el cual policías viajan de particular en ómnibus de transporte público para evitar que se concreten rapiñas en las unidades. "Me ha pasado sacarle de la cabeza un arma a un chofer o un guarda", contó Guevara.
Según adelantó el titular de la Jefatura de Montevideo, Ricardo Pérez, todos los policías que participaron del operativo recibirán un reconocimiento especial de parte del ministro del Interior, Eduardo Bonomi.
"Tenemos que destacar la participación de la gente, desde quienes estaban en el supermercado, la empresa de seguridad, el taximetrista, al vecino que le avisó, porque toda esa conjunción de voluntades permitió hacer un procedimiento muy eficaz, donde por suerte no salió nadie herido y se logró detener a los dos delincuentes", concluyó el jefe de Policía.
En agosto de 2013, apenas tres días después del robo al local del Correo en el que un oficial fue asesinado, el entonces jefe de Policía de Montevideo, Mario Layera, -hoy jefe de Policía Nacional- anunció que el Ministerio del Interior ya contaba con expertos en el manejo de situaciones con toma de rehenes, pero que, a partir de 2014, todos los oficiales de la capital recibirían formación en el tema. García fue de los primeros.
En la mira de la policía
La presencia de estudiantes de la Escuela Policial en las inmediaciones al lugar donde se cometió el intento de asalto se debía a que la Policía tenía en vista a un delincuente que durante los días previos había cometido al menos cinco rapiñas en la misma zona, y esperaban detenerlo cuando diera un nuevo golpe.
Su vestimenta, un tatuaje que quedó grabado en las
cámaras de seguridad de estos comercios, y un modus operandi que se repite, le permitió concluir al área de investigaciones de la Zona II, que se trata de la misma persona.
El juez 19º turno, Tabaré Erramuspe, procesó por copamiento al mayor, que tenía ocho antecedentes penales y que ya admitió haber cometido uno de los cinco atracos por los que se lo indaga. El copamiento es definido en el Código Penal como una "rapiña con privación de libertad" y la pena va de ocho a 24 años de penitenciaría. El menor, por su parte, fue enviado al Instituto Nacional de Inclusión Adolescente (INISA).
Según dijeron fuentes policiales a El Observador, su prontuario es extenso. Empezó por un hurto, cometido en el 2000, siguió con dos
hurtos especialemente agravados -uno por penetración domiciliario-, autoevasión, suministro de estupefacientes. La última vez que había sido procesado fue por un delito de rapiña especialmente agravada en grado de tentativa, por lo que estuvo en prisión hasta hace dos meses, cuando salió con libertad anticipada debido a su buen comportamiento.