14 de mayo de 2014 17:20 hs

A mediados de 2013, Steven Spielberg y George Lucas predijeron en un simposio que si Hollywood continuaba con su fanatismo por los blockbusters, toda la industria imploraría en algún momento. El blockbuster –también conocido en Estados Unidos como una “película de verano” ya que esta es la temporada en la que suelen estrenarse–, es aquel filme que hace todo a gran escala: desde su producción y filmación hasta su promoción y distribución. El término se asocia a aquellas películas con una gran respuesta en la taquilla pero de un pobre recibimiento por parte de la crítica, que suele reprobarles la pobreza de sus narrativas.

A partir de hoy se podrá ver en Uruguay uno de los últimos y más esperados blockbusters del año. Se trata de Godzilla, una película basada en el mítico personaje de origen japonés. Si bien la cinta tiene todos los elementos para caer dentro de la fatídica formula de los blockbusters, su director Gareth Edwards logró escapar de ello y confeccionar una película de entretenimiento sólida, con una impronta personal dentro de un planteo de gran escala , así como unas cuántas escenas y momentos memorables.

Se trata de un intento por parte de los estudios Warner Bros y Legendary Pictures en revivir la franquicia del “rey lagarto” en las nuevas audiencias. Para ello se dispuso a Edwards como director, en parte por su trabajo realizado en Monsters (2010), un filme de bajo presupuesto en el que el británico presentaba un Estados Unidos invadido por alienígenas. Un manejo maniobrado de la tensión durante la película, el cuidado a la hora de exhibir a sus antagonistas monstruosos y el foco en sus protagonistas humanos es parte de esa fórmula exitosa que el director replica en Godzilla.

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Más allá de que uno asuma que la película se centrará en la colosal criatura destrozando ciudades, Edwards y el guionista Max Borenstein decidieron ir un paso más. La premisa se centra en la vida de un militar, interpretado por Aaron Taylor Johnson, cuyo padre está vinculado a una misteriosa conspiración que ata los gobiernos de Japón y Estados Unidos con unos misteriosos bombardeos atómicos, así como el encubrimiento de unos gigantes y horroríficos seres que al despertar ocasionarán un caos monumental por todo el mundo.

A partir de allí Godzilla se para como una película que intenta innovar su género. Aquellos espectadores que esperen ver al monstruo del título repartiendo tortazos desde un primer momento se verán decepcionados, ya que Edwards plantea una construcción creciente del suspenso hasta la aparición principal de la criatura del título, orquestada de manera espectacular.

Toda la primera sección de la película es destacable y si bien sobre el final el intercambio de escenas entre la supervivencia de todo elenco humano y los enfrentamientos entre los terroríficos titanes hace que se pierda el ritmo, el relato de Godzilla es circular y no quedan dudas de esta versión se acerca más a las entregas japonesas de la franquicia que a su antecesora homónima y estadounidense de 1998.

El nuevo Godzilla es presentado como una fuerza de la naturaleza que buscará traer el equilibrio al mundo. En ese camino habrá lugar para buenas escenas de destrucción, peleas de monstruos gigantes y hasta el intento de un hombre en volver sano y salvo con su familia. Sea como sea, un entretenimiento asegurado. l

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