Marzo de 1998. Un botija de 11 años llamado Andrés Silva, nacido en Tacuarembó y radicado en Maldonado, comienza a entrenar en el Campus bajo las órdenes de Andrés Barrios. Cinco años después consigue una hazaña histórica, inédita y hasta ahora irrepetible para el atletismo uruguayo: el título mundial de menores (sub 18) en la prueba de octatlón.
Una década de oro
El 11 de julio de 2003, en Sherbrooke, Andrés Silva se consagró campeón mundial de octatlón en un logro inédito para el atletismo uruguayo