22 de mayo 2020 - 22:09hs

El control relativo de la propagación del covid-19 en Uruguay, en comparación a los países de la región e incluso de otras partes del mundo, le dan una gran validez al plan del gobierno para el retorno de los alumnos a los establecimientos educativos desde el próximo mes.

El jueves 21, el presidente Luis Lacalle Pou anunció en conferencia de prensa que en junio comienzan las clases presenciales en tres etapas, una decisión política con respaldo de científicos. Es un plan progresivo que incluye el cumplimiento de protocolos en los centros educativos y un monitoreo sobre el coronavirus.

Era una medida muy necesaria por el efecto nocivo de la suspensión de las clases presenciales impuesta por la “nueva normalidad”.

Los más de dos meses de clases remotas, han mostrado las debilidades de la enseñanza virtual. Un estudio del Plan Ceibal reveló que 48% de los alumnos de Primaria no se habían conectado a ninguna de las plataformas educativas disponibles.

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Sin desconocer el progreso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en los procesos de enseñanza-aprendizaje, la educación formal está pensada para funcionar en el formato presencial. El fundamento es que la interacción cara a cara de docentes y alumnos es insustituible a la hora de adquirir conocimientos y es también favorable en el aspecto emocional de los educandos.

Contribuye a compensar las desigualdades sociales, y es particularmente importante en los ciclos de la educación básica y obligatoria, donde se adquieren los conocimientos imprescindibles para desenvolverse en la vida.

Los establecimientos educativos se vieron obligados a masificar la educación virtual en cuestión de días o semanas, una realidad que también enfrentaron las familias confinadas en sus hogares y que ha provocado más frustraciones.

Hubo que cambiar un modelo de enseñanza de la noche a la mañana y, muchas veces, improvisando con la buena intención de tapar un enorme hueco cultural y social.

En la discusión pública se confunde el concepto de enseñanza virtual. Sin que suponga un demérito para las políticas inclusivas en el manejo de la informática, la enseñanza virtual es mucho más que el uso de la computadora y hasta define un nuevo papel del profesor.

En ese sentido, hay que destacar el papel del Plan Ceibal que está ofreciendo un apoyo importante a docentes, quienes no todos están preparados para dictar clases adecuadas al mundo virtual.

El palo en la rueda de gremios de la enseñanza es otro dato de la realidad, la contracara a la actitud de colaboración del Plan Ceibal y a la resiliencia de muchos profesores que ponen todo lo mejor de sí para enfrentar una situación de vulnerabilidad social y económica, además de aflicción.

En el boletín de mayo de la Asociación de Docentes de Secundaria (Ades) de Montevideo, por ejemplo, se pueden leer una mayoría absoluta de artículos –que incluye el punto de vista de agrupaciones gremiales– que cuestionan con virulencia la educación virtual, pese a la excepcionalidad de la medida.

Bienvenida una decisión oficial que es crucial para no dañar todavía más la formación de los alumnos, no ahondar las brechas sociales que se profundizaron con la pandemia y recuperar un espacio de convivencia que refuerza los valores de ciudadanía.

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