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Una manera de pasear por South By Southwest

El festival realizado desde 1987 en Austin, Texas, está dedicado a mostrar lo mejor de la música, del cine y de la tecnología en el ámbito internacional

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05 de junio de 2015 a las 16:22

La ciudad tiene dos lemas. El primero, como ya dije, es ser la "capital internacional de la música en vivo", que se representa en eventos como el SXSW y el programa televisivo y festival Austin City Limits, pero también en el ambiente que se respira: en todos lados hay música y músicos. Y el segundo es "Keep Austin Weird", un eslogan utilizado por las tiendas locales para promocionarse frente a las grandes multinacionales, sin embargo también se extendió a expresiones culturales que hacen de Austin un lugar diferente al resto de Texas, más abierto, innovador y progresivo. La población que asiste al SXSW es variada, aunque en su gran mayoría son jóvenes y estudiantes. La calle 6 se transforma en peatonal y durante esos días está cubierta de lado a lado por bares que ofrecen música que revienta los parlantes hasta las 2 de la mañana, hora en que puntalmente todo termina.

El festival estadounidense South By Southwest (SXSW) no empieza el 13 de marzo, sino mucho tiempo antes. Arranca en el momento que uno tiene la entrada en la mano. O mejor dicho en su casilla de correo.

En sus nueve días el evento se separa en tres: música, cine y tecnología, y ofrece conferencias, exposiciones de cine y shows musicales. Tampoco tiene límites espaciales, ya que todo el centro de Austin recibe con los brazos abiertos a los 100 mil participantes que peregrinan año tras año, atraídos por las actividades oficiales y otras tantas que se realizan en paralelo.

En mi caso, la parte musical fue la que me convocó a viajar a la llamada "capital internacional de la música en vivo".

Se desarrollaron más de 200 conferencias y participaron más de 2.000 artistas de 63 países (incluyendo Uruguay), cuyos shows se repartieron en 107 escenarios. Con estos números uno ya se imagina el mar de información que tiene que navegar para hacerse de una humilde y asequible agenda. Porque ese es uno de los consejos de los asistentes expertos en el SXSW: planificar.

Sin embargo, a pesar de la preparación, recién una vez allí se entiende la dimensión del festival.

En todos los boliches se reparten artistas chicos, emergentes y en ascenso, o medianos y consolidados, y en algunas ocasiones incluso aparece alguno realmente famoso, como Lady Gaga o Jay Z.

Horas y kilómetros después

Austin es una ciudad muy amigable. Los texanos se aproximan al turista con mucha simpatía e interés. Todas y cada una de las personas que se cruzan por tu camino te preguntan de dónde sos y si venís por el festival.

El SXSW no es un festival cualquiera donde un par de escenarios convocan a las bandas del momento. En todos los boliches se reparten artistas chicos, emergentes y en ascenso, o medianos y consolidados, y en algunas ocasiones incluso aparece alguno realmente famoso, como Lady Gaga o Jay Z.

Se trata de músicos que intentan pegar el salto, darse a conocer en otro mercado y principalmente llamar la atención de la prensa, de ejecutivos de sellos y productores de eventos. Ese es el público fuerte que convoca el festival: personas de la industria que pueden cambiar la carrera de un artista.

Por eso se respira un aire efervescente y curioso que no se percibe en otros lados. La próxima gran banda puede estar a la vuelta de la esquina, tocando en un bar con olor a cerveza del día anterior.

Día 1

El check in tardío del hotel hizo que 15 horas después de haberme tomado el primer avión, no tuviera más remedio que dejar la valija en el lobby y salir a enfrentar el primer día en SXSW a cara lavada, con la ropa de viaje y una mochila pesada. Pero con la ansiedad acumulada de meses.

El objetivo de ese día era ver a Run The Jewels, un dúo de hip hop que el año pasado editó su segundo disco –uno de los mejores del año– y rompió con todo.

Si bien el festival se inauguró el viernes 13 de marzo con actividades de cine y tecnología, la parte musical comenzaba recién el martes 17, así que llegar el lunes resultó perfecto para familiarizarse con los entornos. El Austin Convention Center es el punto neurálgico donde todas las actividades se desarrollan, así que conocerlo era el primer paso.

El edificio ocupa toda una manzana y en sus cuatro pisos incluye salas pequeñas y grandes para charlas o shows, y un gran salón en su planta baja en el que se realizaron diferentes convenciones. Sin embargo, ese día no había música, así que caminé unas cuadras hacia The Spotify House, uno de los tantos escenarios del SXSW esponsoreados por marcas y que atraían muchísima gente con la oferta de buenas bandas y comida o bebida gratis.

Sin embargo esa no fue la razón por la que fui. El objetivo de ese día era ver a Run The Jewels, un dúo de hip hop que el año pasado editó su segundo disco –uno de los mejores del año– y rompió con todo. Comenzaron como excelentes raperos solistas, pero juntos lograron una combinación explosiva de rimas a velocidades de miedo y letras que oscilan entre el humor y la crítica social, en especial luego de los episodios de violencia racial que están golpeando al país. Pero ellos recién cerraban la tarde y era apenas mediodía. Llegué para ver a los portugueses de Buraka Som Sistema, un grupo que combina el ritmo angolés kuduro con electrónica. Sus canciones hicieron bailar hasta al más apático hipster, mientras que la vocalista Blaya dejaba al público boquiabierto con sus coreografías.

Les siguió una banda indie que viene en ascenso: Speedy Ortiz. Es un cuarteto de veinteañeros comandados por la cantante Sadie Dupuis, que combina el sonido sucio y grunge de 1990 con letras feministas. Esta fue la primera de las bandas en indicar una hipótesis que luego comprobé: el futuro del rock está en las manos de autoras jóvenes. El rock no estaría del todo muerto, solo necesita nuevos vientres para renacer.

Luego de la banda inglesa The Vaccines, que si bien ya está consolidada en su país de origen no consiguió conquistar mi atención, llegó Run The Jewels, que entró triunfal al coro de We Are the Champions.

Acodada en el borde del escenario y cámara en mano me preparé para una ametralladora de rap y energía. No estaba preparada para lo que en realidad sucedió. Una persona se subió en la mitad del show con la intención de pegarles a los raperos. Ni lentos ni perezosos, el dúo resolvió –violencia mediante– sacar al atrevido del escenario para aterrizarlo donde me encontraba. Me salvé de suerte, gracias a reflejos que no sabía que tenía.

A pesar de estar convulsionado por el festival, se nota que el motor de la ciudad es la música.

Tras el susto, me refugié entre la gente hasta que resolví que mi día había terminado. Finalmente tenía que descansar.

Día 2

Fue un comienzo tranquilo para el primer día oficial del festival musical y luego de una obligada hamburguesa de carrito –que nosotros podríamos considerar gourmet– bajo un cielo encapotado conocí parte de Austin.

A pesar de estar convulsionado por el festival, se nota que el motor de la ciudad es la música. Atravesados por la ya nombrada calle 6, se encontraban la mayoría de esos 100 escenarios oficiales, más otros tantos fuera del circuito.

Esa noche, tal vez planeado, tal vez por casualidad, en el ciclo House of Vans, realizado en el boliche Mohawk, se demostró esa hipótesis de la que hablaba antes. Tuvieron un excelente lineup conformado por Torres, Waxahatchee, Speedy Ortiz y Angel Olsen, dos bandas lideradas por mujeres y dos cantautoras que demostraron un futuro brillante para la música independiente. Primero Torres, desgarrando emociones de una manera muy introspectiva y tensa; seguida por Katie Crutchfield, que bajo el nombre Waxahatchee hace canciones que mucho tienen que ver con el espíritu DIY y lo-fi de los años de 1990; le siguieron con el mismo tenor los Speedy Ortiz, una de las bandas que más tocó en el SXSW; y finalmente la cantautora Angel Olsen, unos años mayor que el resto del cuarteto y también más conocida dentro del indie, que con su voz quebradiza y potente a la vez muestra ribetes oscuros y solitarios. Un final sosegado para una tarde eléctrica e inspiradora.

Día 3

El miércoles fue un día complicado, había demasiado para hacer. También era el día cuando llegaban los uruguayos: AFC, Boomerang, Fede Graña & Los Prolijos, Max Capote, Once Tiros y Santullo. Esa misma noche todos, excepto Max Capote, encabezaron el evento Sounds from Uruguay, una suerte de minifestival uruguayo para mostrar lo que el país tiene para exportar.

Sin embargo, solo pasé un rato previo a que comenzara el show. Como asistente, había otros impulsos que me empujaban a conocer nuevos sonidos.

Un rato antes, la adorable cantautora inglesa Laura Marling hizo un showcase para la radio KCRW. En esta ocasión íntima presentó temas de su quinto disco, Short Movie, para el cual cambió la guitarra acústica por la eléctrica y pegó un salto en madurez e inspiración. Muy recomendable.

De noche, NPR, la radio pública nacional estadounidense, ofreció su fiesta en un local llamado Stubb's, parte barbacoa y parte gran escenario exterior con capacidad para más de 2.000 personas –la audiencia más grande a la que asistí–. Allí la radio responsable de dar a conocer muchos nuevos talentos de todo el mundo ofreció un cartel variado: Shamir, un jovencísimo cantante que también propone una mirada moderna en otra de las tendencias de la década de 1990: la electrónica con voces femeninas, Courtney Barnett, cantautora australiana que también se las trae con su indie rock y letras humorísticas y narrativas, y Stromae, excelente cantante belga que ya es una estrella en Europa e hizo su desembarco en Estados Unidos con uno de los mejores shows del festival. Con su carisma y sus canciones contagiosas, no le importó a nadie que cantara en francés y se ganó a las 2.000 personas que bailaron hasta que salió del escenario.

A unas cuadras de separación, en Mohawk, el cierre lo ofreció la banda Future Islands, otra de las revelaciones del año pasado y cuyo single Seasons (Waiting On You) fue uno de los temas de 2014. Sin embargo, tener unos hits bajo la manga no es su atractivo principal: es su show en vivo. El cantante Samuel T. Herring es un verdadero animal sobre el escenario, saltando y bailando mientras combina el canto con gritos guturales. Es realmente un espectáculo verlo sentir la música hasta ensoparse de transpiración.

Día 4

En el SXSW, la música sale de todos lados. Entonces cuando suena algo interesante en el aire, no queda otra que ver qué pasa. Así, paseando por el centro de convenciones un ritmo me llevó de nuevo a las grabaciones, de KCRW, y me llevé la sorpresa de encontrarme con The Ting Tings. A pesar de mis preconceptos negativos sobre ellos –un dúo de mediano talento que supo tener un par de hits en 2008, That's Not My Name y Shut Up and Let Me Go–, demostraron que en vivo son más que sus discos. Y que para hacer bailar no se necesita un derroche de talento.

En la tarde tuve la oportunidad de acompañar a Fede Graña & Los Prolijos en la filmación del ciclo Tiny Desk, de NPR, donde diferentes músicos interpretan un tema en vivo. La canción elegida para la ocasión fue El gigante. La banda fue elegida por el periodista Félix Contreras, una de las voces latinas de la cadena y responsable del programa Alt.Latino. Según contó, supo de la banda y quedó prendado por el carisma de Graña.

La noche del jueves fue protagonizada por el pop y estrellas inesperadas. En una fiesta organizada por YouTube y tras dos horas de espera –eso indicaba lo que me aguardaba– pude ingresar para ver a Marina and the Diamonds, una diva pop galesa que volvió renovada con su tercer disco y con ambiciones de conquistar a los estadounidenses. Sin embargo el plato fuerte fue The Weeknd, un cantante canadiense de R&B que de a poco fue ganándose terreno desde el indie hasta agotar estadios. Pero ese importante detalle en el momento no lo sabía, solo experimenté con mucha sorpresa el furor que generaba en el público local, que cantaba cada una de sus canciones seductoras o abiertamente sexies. Unas semanas después de esa presentación para unas 150 personas, cerró el multitudinario festival Coachella, así que sin dudas terminará este año como estrella certificada.

El dúo de gemelas franco-cubanas Ibeyi, una propuesta que incorpora la tradición yoruba de la isla con electrónica y hip hop, logrando canciones espirituales y hermosas.

El final bailable fue ofrecido por Bleachers, que, cruzando la calle en Uproxx House, dieron vuelta el reloj hacia 1980 y desplegaron desde hits pegadizos hasta himnos de optimismo.

Día 5

El viernes fue el último día de actividad intensa. Volví al mediodía a Mohawk para ver a otra de las bandas que ha dado que hablar en los sitios hipsters: Alvvays. Desde Canadá ofrecen melodías dulces del twee pop con un sonido de garaje. Le siguió la sueca Elliphant, mitad cantante, mitad energía pura, hace bailar con una mezcla de electrónica, reggae, hip hop y dancehall. El pequeño escenario bajo techo del local fue ideal para recrear al mediodía el ambiente de una discoteca apretada.

Bajo lluvia y paseando a pesar del frío, encontré en Stubb's una fiesta de la revista Spin. Sin acreditación ni esperanza intenté entrar y gracias a la casualidad y la bondad de la boletera obtuve el tique. Desde afuera comenzó a escucharse We Are the Champions y ahí lo supe: esta era la segunda oportunidad para ver a Run The Jewels, esta vez con más tranquilidad. Como era de esperar, fueron excelentes.

Del boliche pasé a una iglesia. La Central Presbyterian Church fue el lugar más apropiado para ver a los grupos que se sucedieron ese día. Tobias Jesso Jr., un excelente pianista y compositor que entre sus canciones melancólicas derrochaba humor. El dúo de gemelas franco-cubanas Ibeyi, una propuesta que incorpora la tradición yoruba de la isla con electrónica y hip hop, logrando canciones espirituales y hermosas. Uno de los shows más impresionantes del festival. Y por último Shura, una joven inglesa inspirada en el R&B de 1980 y 1990, que con sus pequeñas canciones introspectivas recuerda a las primeras épocas de Madonna y Janet Jackson, o lo que actualmente hace el productor Dev Hynes.

La noche concluyó en el local Red Eyed Fly, donde vi caras conocidas: Max Capote, con su electrizante show y su excelente manejo del público, seguido por los argentinos de Él Mató a un Policía Motorizado, que comprueban en cualquier lado por qué son unas de las mejores bandas de su país.

Día 6 y 7

Al llegar el fin de semana, los shows mermaron y la insistente lluvia hizo que muchos de los espectáculos del sábado fueran cancelados. El domingo, ya finalizado el festival, fue el día adecuado para realizar las últimas compras y asistir a shows extraoficiales. El más interesante fue el de Juan Wauters, un expatriado uruguayo que vive hace más de 10 años en Nueva York y se transformó en una figura querida del indie estadounidense, con una mezcla bien uruguaya de canciones de autor a guitarra o piano, y una actitud fiel al lo-fi.

En el marco del festival de cine se estrenó el imperdible y desgarrador documental Kurt Cobain: Montage of Heck, basado en el líder de Nirvana, su historia y las circunstancias que lo llevaron a su muerte, fuera del mito e inserto en su vida real.

Y, como no podía ser de otra manera, los uruguayos se encuentran en cualquier parte del mundo: Gonzalo Redín, baterista de Fede Graña & Los Prolijos, era amigo de la infancia de Wauters y estuvo acompañándolo en percusiones en varios de sus shows. Dedicado a los montevideanos en el público, interpretaron una versión en inglés de El hombre de la calle de Jaime Roos. Fue un final excelente para un festival que ofrece absolutamente de todo, incluso viñetas nostálgicas justo cuando uno está por volver a casa luego de un banquete de sonidos nuevos y emocionantes.

La historia no contada

En el marco del festival de cine se estrenó el imperdible y desgarrador documental Kurt Cobain: Montage of Heck, basado en el líder de Nirvana, su historia y las circunstancias que lo llevaron a su muerte, fuera del mito e inserto en su vida real. Fue producido por su hija, Frances Bean Cobain y cuenta con material de archivo, sus diarios privados y filmaciones familiares, además de testimonios de su viuda, Courtney Love; el bajista Krist Novoselic y miembros de su familia. Es un filme obligado tanto para fanáticos como curiosos. En Latinoamérica se estrenó el 4 de mayo por HBO.

Presencia latina

El SXSW tiene la mirada puesta en el mercado latino y lo demuestra incorporando una larga lista de artistas iberoamericanos, englobados en la plataforma SXAméricas, cuyo cometido es conectar todas las regiones y promover la circulación, no solo en la música sino también en el resto de las industrias creativas. En el ámbito musical se realizaron showcases y mesas de negocios, en las que participaron varios artistas y representantes uruguayos.

En este marco también se lanzó la sección latinoamericana de Music Managers Forum, una asociación internacional que busca crear vínculos entre mánagers para incentivar el intercambio de artistas, la colaboración y el flujo de conocimiento y la creación de espacios para la difusión. El grupo latino ya cuenta con 50 integrantes de 15 países.

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