28 de octubre 2020 - 16:45hs

Por Anouk Rielo Castells - Especial para Cromo

"Algunos pilares de la práctica científica parecen inmutables. Proponemos que uno de estos pilares necesita una consideración y una modificación rigurosa", así comienza la carta firmada por Len Norman Gillman y Shane Donald Wright, dos científicos de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda. El pilar al que se refieren es la taxonomía, la ciencia de la clasificación, encargada de nombrar, ordenar y jerarquizar los grupos de animales y vegetales. 

La carta, publicada en la revista Communications Biology, argumenta la necesidad de examinar de forma crítica los protocolos taxonómicos a favor de asignar y restablecer nombres indígenas siempre que sea posible. Sostienen que, cuando los europeos colonizaron tierras "nuevas", declararon ser poseedores de estas bajo el pretexto del "descubrimiento", ignorando también los nombres locales de estas tierras e imponiendo nuevos nombres. "De la misma forma, los biólogos han introducido nuevos nombres de especies con nomenclaturas que a menudo dejan de lado los nombres indígenas de toda la vida", afirman Gillman y Wrigth. 

Para los científicos, esta iniciativa parte de respetar toda la historia y el sentido de pertenencia que se contienen en los nombres originales, así como supone un paso importante en el reconocimiento de la "contribución de los pueblos indígenas a la nomenclatura y el conocimiento".

Se trata de combatir una taxonomía colonial que no solo ignora los pueblos indígenas, sino que en muchas ocasiones puede llegar a ser ofensiva.  Es el ejemplo del uso del nombre kaffir, aplicado científicamente a varias especies de plantas comestibles del sur de África, cuyo origen se remonta a una denominación coloquial y racista popularizada durante el apartheid. 

Estos son nombres que ahora probablemente tienen poca resonancia para los biólogos en el país de origen y que, "en el mejor de los casos, pueden ser irrelevantes y, en el peor de los casos, ofensivos para los pueblos indígenas residente", afirman. 

En definitiva, Gillman y Wrigth proponen en la carta una serie de cambios en las reglas taxonómicas que permitan modificar los nombres de determinadas especies sobre la base de la precedencia. Es un proceso que debe comenzar con un debate que incluya a los pueblos y científicos indígenas "como actores destacados en la discusión", para una posterior propuesta formal a los órganos rectores de nomenclatura. 

Exponen que se trata de una oportunidad de los "epítetos de las especies, y de hecho los nombres en cualquier nivel taxonómico, reflejen su importancia para los pueblos indígenas" .

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