Estaba cansado y sacudido por un golpe que no esperaba. Por eso, lo que dijo debe ser tomado con el cuidado con el que deben ser tomadas todas las cosas dichas en momentos de zozobra, de fatiga, de impotencia. Pero las palabras pronunciadas anoche por Jorge Larrañaga tras perder por amplio margen con Luis Lacalle Pou tampoco merecen ser desoídas así como así porque de su verdadero alcance depende el futuro de su sector político y, tal vez, una parte de suerte de todo el Partido Nacional.
¿Qué dijo Larrañaga? TextualmenteLarrañaga dijo esto: “Voy a ir ahora al directorio del Partido. Voy a subir por última vez las escaleras del directorio del Partido Nacional para abrazarme por mi dignidad y mi consciencia, que es mía y es la que siento. Voy a elegir la trinchera desde dónde luchar. Exclusivamente yo. Siendo un luchador de mi partido en cualquier rincón de la República, pero me parece que ésa es la tarea que tengo para llevar adelante”.
Ese drástico “por última vez”, sin demasiadas especificaciones, es el que abre la puerta acerca de las especulaciones sobre su futuro político. Una cosa se sabe: ya no volverá a ser precandidato a la presidencia de la República. Ni tampoco piensa en asumir su puesto de Convencional Nacional. Pero ¿seguirá liderando su movimiento y encabezará en octubre la lista al Senado?
“Me voy a pensar al Rio Negro (cerca de donde tiene su chacra). Como cuando Herrera decía ‘me voy pa’ Caraguatá”, fue lo único que respondió Larrañaga cuando El Observador le preguntó si volvería a postularse al Parlamento. Y dejó la duda planteada. Una duda que abre nuevas incertidumbres para el ala wilsonista casi talada por la fuerza del nuevo lacallismo. Pero, si además, Larrañaga decide irse a disfrutar de las aguas mansas de la rivera de su casa, la horfandad de su sector se torna aún más preocupante. ¿O acaso Larrañaga planea volver a los orígenes y presentarse como candidato a la intendencia de Paysandú?. “O puedo ser candidato a edil. Yo ya fui suplente de edil”, bromeó minutos antes de subir “por última vez” las escaleras de la casona de la calle Juan Carlos Gómez para abrazar con calidez a Lacalle Pou.
Pero este abrazo no fue ni parecido al que le dio al padre del ahora candidato único cuando el mayor de los Lacalle le ganó la interna en 2009. Porque hace cinco años Larrañaga incluso aceptó ser candidato a la vicepresidencia “por el bien del partido” y ahora le deja toda la cancha libre a Lacalle Pou para que siga corriendo solo como corría en el spot de campaña. “Las personas podemos estar equivocadas, pero los jóvenes deben saber que una persona equivocada se trasforma en un fracasado cuando intenta justificar sus errores echándole la culpa a los demás. Y en este caso yo soy el responsable de la derrota y la asumo integralmente”, dijo Larrañaga ayer de noche sacándole el sayo de la derrota a los dirigente que apoyaron su precandidatura presidencial. Resta saber si con esa asunción de responsabilidades, Larrañaga también se toma la libertad de irse para su casa sin necesidad de darle explicaciones a nadie. ¿Cuánto durará el autoexilio que se impuso el caudillo sanducero antes de resolver a qué dedicará sus futuros días?
Tal vez ni él mismo lo sabe. Pero, por un tiempo prolongado, la escalera de la casa del Partido Nacional no sabrá nada de los pasos de este hombre que, durante más de dos décadas, pisó fuerte en todas las veredas por las que anduvo.